12 de noviembre de 2019
12.11.2019

La miel artesana intenta sobrevivir frente la gran industria apícola

La feria Fivamel reclama un equilibrio entre la gran empresa y el artesano que prestigie la calidad de la producción autóctona - El certamen apuesta por la pedagogía para reivindicar el valor del oficio

11.11.2019 | 22:08
Fernando Calatayud, premiado este año con la Abelleta d'Or.

La feria apícola de Montroy es un gran escaparate para observar la variedad y exquisitez de la miel valenciana, pero también un foro de debate que actualiza cada año las preocupaciones de un sector que se resiste a sucumbir ante la gran industria y las importaciones, sobre todo de China, que dominan el mercado internacional. Los productores autóctonos pueden competir en calidad pero les resulta muy complejo controlar el precio sin un distintivo de marca artesana que permita al consumidor distinguir el origen y las ventajas de nuestra prestiogiosa miel de azahar o romero.

La vigesimotercera edición de Fivamel se cerró el domingo con buenas cifras de negocio y una oferta consolidada. El 80 % de los expositores repiten cada año conscientes del valor que aporta una feria que ha logrado un notable volumen de visitas, aunque la coincidencia con la cita electoral detrajo público en la tarde del domingo. El salón dedicado a la apicultura profesional, que partía como novedad este año, ha tenido también una buena acogida.

Competencia

Los apicultores de la Ribera luchan por mantenerse a flote, pero el negocio no es tan dulce como el producto que fabrican. Las importaciones procedentes de China entran en la Unión Europea sin apenas dificultad. Los controles y protocolos de seguridad alimentarias no son allá tan restrictivos y resulta imposible competir en precios cuando el etiquetado no obliga todavía a explicitar cuál es su origen y su composición.

La climatología tampoco ayuda, las plagas que afectan a las abejas merman la producción, la legislación es diferente en cada comunidad autónoma y resulta más económico instalar las colmenas en Andalucía. En este contexto, es complicado encontrar la rentabilidad.

Fivamel apuesta por lograr un equilibrio entre la industria envasadora y el apicultor artesano. Reclama unificar la legislacion, prestigiar la miel valenciana y enaltecer un oficio que garantiza el cuidado de las abejas, imprescindibles para la polinización y la vida. A esa labor pedagógica se entrega con pasión el museo de Montroy. Y ese sí que abre todo el año.

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