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Falta de mantenimiento

La ruina avanza en el poblado medieval de Berfull sin que se active la protección

La aldea de Rafelguaraf continúa en situación de abandono tres años después del SOS lanzado por el Consell de Cultura - "El ayuntamiento tiene las manos atadas, es de propiedad privada"

Fachada de la iglesia y, a la derecha, el arco almenado.

Fachada de la iglesia y, a la derecha, el arco almenado. vicent m. pastor

«Parece que nadie se ha tomado en serio que el poblado de Berfull no se derrumbe definitivamente». Las palabras de la entonces secretaria de la Comisión de Legado Patrimonial del Consell Valencià de Cultura, Glòria Marcos, tras abordar en el pleno celebrado en Algemesí a finales de noviembre de 2016 la situación de este antiguo poblado morisco situado en Rafelguaraf que cuenta con la teórica protección de la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC), mantienen toda su vigencia tres años después. Si acaso, incluso mayor urgencia ante el deterioro que el paso del tiempo y la falta de cualquier actuación de mantenimiento o consolidación han provocado en este poblado medieval.

«No hemos avanzado nada y es una pena, pero el ayuntamiento tiene las manos atadas porque no puedes invertir en una propiedad privada», asume la alcaldesa de Rafelguaraf, Rafaela Aliaga, mientras realizaba un paralelismo con lo que está sucediendo con el monasterio de la Barraca d'Aigües Vives. En cualquier caso, la situación de ruina de Berfull, un poblado en el que a lo largo de una única calle se distribuían 23 viviendas, una casa señorial y una iglesia, añade un plus de gravedad. De hecho, el Ayuntamiento de Rafelguaraf ya optó hace un par de años por tapiar el arco de acceso almenado por temor a que su desplome provocara la pérdida de uno de los elementos más representativos de Berfull y, al mismo tiempo, para evitar que la entrada de curiosos acelerara la degradación del conjunto.

La alcaldesa de Rafelguaraf confirmó la situación de «abandono permanente» de Berfull a pesar del primer SOS que hace tres años lanzó el Consell Valencià de Cultura y del ofrecimiento del ente que preside Santiago Grisolía a mediar entre las instituciones y los titulares en busca de una solución que evitara la desaparición de este conjunto. Nada ha cambiado desde entonces, reconoció Aliaga, mientras señalaba que, incluso, los últimos intentos realizados por el ayuntamiento para contactar con una parte de los herederos que en un momento dado habían barajado la recuperación de Berfull han resultado infructuosos. «El ayuntamiento lo volverá a intentar, pero hay tantos propietarios que ni ellos mismos saben donde está el resto de la familia», comentó la alcaldesa, que considera que los titulares «no dan a Berfull la importancia que se merece».

Ofrecimiento frustrado

Cabe recordar que las familias López Medrano Villar de Saavedra y Cerveró de Miquel ofrecieron hace casi una década al ayuntamiento la donación de este conjunto aunque, después de cinco años sin que se pudiera materializar la cesión en escritura pública al tratarse de una propiedad compartida por un gran número de herederos -algunos titulares habían fallecido y, por otra parte, había herencias pendientes de adjudicar-, el consistorio acabó renunciando a esa cesión. El anterior alcalde de Rafelguaraf también manifestó en aquel momento que los propietarios habían asumido que el conjunto era suyo por lo que, al mismo tiempo que la corporación notificaba su renuncia a la cesión, remitía un requerimiento de la dirección general de Cultura que recordaba la obligación que tienen los titulares de conservar los bienes y que el incumplimiento de ese deber podía habilitar a la Generalitat a una ejecución subsidiaria e incluso a una expropiación.

El tiempo transcurrido ha jugado en contra de la conservación de Berfull que, según apuntó la alcaldesa, se continúa deteriorando ya que la única intervención realizada desde entonces corrió a cargo del ayuntamiento y consistió en tapiar el arco de acceso al poblado después de otros miembros del Consell Valencià de Cultura alertaran en una segunda visita del riesgo de desplome tras los sucesivos episodios de lluvias registrados durante el otoño y el invierno de 2016.

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