22 de marzo de 2020
22.03.2020

Un paciente de La Ribera dado de alta: «Del coronavirus se sale»

«Al dar positivo me cayó el mundo a los pies», reconoce - Ahora pasa la cuarentena en su domicilio - «El médico me afeó que colapsara el servicio en mi segunda visita pese a notar dolor en el pecho y no bajarme la fiebre», relata

22.03.2020 | 10:41
Un paciente de La Ribera dado de alta: «Del coronavirus se sale»

«De esto se sale». Es el esperanzador mensaje que traslada a la sociedad un paciente con coronavirus que ya ha recibido el alta médica tras permanecer una semana ingresado en el Hospital de la Ribera. Por ahora, sigue aislado en su casa y recuperándose con un único deseo: «Echo de menos dar un abrazo o un beso a mis hijos. Por suerte, un día más es un día menos».

El enfermo, cuya identidad omite Levante-EMV para preservar su privacidad, notó los primeros síntomas a principios de mes. «Empecé con fiebre, eran los primeros días de marzo. Tenía 38 ºC. Al principio no le das importancia. Pero pasaban los días y no se me iba, así que fui a mi médico de cabecera. Me dijo que no me preocupara, que era un virus estomacal y que no me dejara llevar por el clima de histeria colectiva», relata. Aunque trabaja de cara al público, resulta complicado certificar si se contagió al entrar en contacto directo con un portador del Covid-19.

«Me traté durante unos días pero seguía sin mejorar, no me bajaba la fiebre. Decidí ir a Urgencias y el médico que me atendió me afeó que estuviera colapsando el servicio, que los virus tardan catorce días en curarse. Aunque le comenté que notaba dolor en el pecho, me dijo que no era grave, que yo tenía una infección de orina. Me recetó antibióticos y me fui a casa», añade.

Hasta entonces, no pensaba en el coronavirus, pero sabía que algo no funcionaba correctamente. «Tenía dificultades para respirar incluso cuando caminaba. Aunque me fiaba de los médicos que me habían atendido, decidí llamar al teléfono específico de atención por coronavirus. Les expliqué todo, pero como yo tenía también otros síntomas, me dijeron que no cumplía los requisitos», comenta y prosigue: «Llevaba una semana enfermo y me fui nuevamente al centro de salud, donde me derivaron al hospital. Me hicieron placas, electros y todas las pruebas. Me metieron en una habitación separada y veía que el personal se ponía equipos de aislamiento. Ahí ya me asusté, porque sabes que no existen vacunas. Empiezas a pensar cómo ha ocurrido y a quién habrás contagiado. Pero a la vez sentía cierta tranquilidad, ya que mis hijos estaban con mi cónyuge».

Tras el ingreso, el personal sanitario le explicó que no podía tener contacto con nadie. «Mis padres se asustaron casi tanto como yo», apunta. «Las primeras pruebas que me realizaron dieron resultados indeterminados. Yo tenía esperanzas de que fuera solo la neumonía grave que me diagnosticaron. Pero tras repetir los análisis, di positivo y se me cayó el mundo a los pies», reconoce.

La neumonía aconsejaba a los médicos ingresarla en la Unidad de Cuidados Intensivos. No fue necesario. «Empezaron a medicarme con unos antivirales contra el VIH; lo que, sumado al reposo, sirvió para que me notara cada vez mejor. Aunque la medicación tenía algunos efectos secundarios y no me sentaba bien, yo mejoraba poco a poco».

Aislado en el hospital
Tras una semana en el hospital, aislado pero perfectamente atendido, «el médico venía todos los días y me llamaba por telefono», detalla, la mejoría fue tal que éste decidió enviarle de nuevo a su casa. «Me hicieron algunas pruebas y, por fin, me dijeron que podía pasar el confinamiento en casa, aunque todavía tengo que estar varios días aislado», explica. Su estado de salud progresa adecuadamente. «Me siento bien físicamente y quiero pensar que lo peor ya ha pasado. Todavía me tengo que medicar, pero ya solo quiero que pasen los días, realizar el test, que dé negativo y poder seguir la cuarentena como cualquier persona normal», destaca.

En estos momentos, vive con sus padres, en una zona completamente aislada, y pasa el día intentando que el aburrimiento no le consuma. «Leo mucho y escucho música, aunque evito entrar en redes sociales o ver la tele, ahora mismo no quiero encontrarme con más cosas relacionadas con el coronavirus. Aún así, algunos conocidos y compañeros de trabajo me preguntan por los síntomas. Echo mucho de menos a mis hijos, son pequeños y no comprenden todo esto. Por suerte, la tecnología me permite realizar videollamadas unas tres veces al día. Además, seguramente aprovecharé para aprender algún idioma», concluye con optimismo.

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