02 de abril de 2020
02.04.2020
Levante-emv

"Cuando estás ingresado tienes miedo de que te lleven a la UCI, que es lo último"

El director de la EPA de Alzira, Carlos García, se recupera en su casa tras doce días en el Hospital de la Ribera

02.04.2020 | 10:51
Carlos García

Asegura que no había pisado nunca un hospital más que para ir a recoger a su mujer, que es médico y, con 62 años, tampoco se consideraba una persona de riesgo. No había tenido nunca ningún problema de salud, ni toma habitualmente ningún medicamento, pero el pasado 14 de marzo empezó a encontrarse mal. Fiebre, malestar, escalofríos... Su estado no mejoraba con paracetamol y unos días después acudía al Hospital de la Ribera. Los médicos no dudaron en el diagnóstico. «Mi pulmón estaba siendo atacado por el coronavirus».
El profesor Carlos García, director de la Escuela Permanente de Adultos (EPA) de Alzira y exdirector del IES José María Parra, recibió el lunes por la tarde el alta hospitalaria después de doce días ingresado, inicialmente aislado y con posterioridad con un compañero de habitación también infectado por la pandemia. «Lo peor es la psicosis que se genera porque en el hospital ves noticias por televisión de gente que está muriendo y te cambian de planta -pasó de la cuarta a la denominada planta siete, una prolongación de la primera- y piensas que la siguiente fase es subir a la UCI, que es lo último. Escuchas por la tele que los médicos tendrán que decidir en función de la expectativa de vida, me costaba respirar y tienes el temor de que te lleven a la UCI. La gente se muere en la UCI, no una habitación», comenta desde su domicilio.

Con todo, Carlos García destaca que, durante su estancia en el Hospital de la Ribera, no se ha sentido identificado en las noticias que escuchaba sobre los estragos que está causando el coronavirus en diferentes puntos de España. «Mi situación en el hospital era más normal, no he tenido en ningún momento la situación de saturación, aunque cada vez hay más casos», comenta. Con todo, reconoce que el bombardeo de informaciones negativas sobre el coronavirus acaba por hacer mella en el estado de ánimo del paciente. «Afecta», admite.
Ya en su domicilio, donde tiene que mantener las medidas de aislamiento durante al menos un par de semanas y esperar que se recupere el pulmón dañado, ve la situación con más optimismo e incluso con humor. No obstante, admite que los largos días en el hospital cambian la perspectiva de la vida. «Cuando tienes tantas horas para pensar reflexionas sobre la sociedad, la gente, lo que aprecias y cuando la gente te llama te emocionas», confiesa.

Superado este primer asalto, no tiene dudas en destacar el trabajo del personal sanitario y reclamar el compromiso de los ciudadanos para detener la curva de contagios y evitar que se colapse el sistema sanitario. «Hay muchos médicos que se exponen para curarnos y no somos conscientes de su riesgo, la gente tiene que quedarse en casa, tomar las medidas de prevención adecuadas con prácticas elementales que no hace, porque al final lo pagamos entre todos», relata García, profesor de Matemáticas, quien reivindica la necesidad de una detección temprana de la enfermedad. «Al primer síntoma de fiebre o malestar hay que avisar al centro de salud y enseguida te envían una ambulancia, te llevan a urgencias, te hacen una radiografía y te llevan a una habitación. Es un problema matemático, si lo detectas pronto, la curva no sube, pero si el virus está en la calle vas a tener poblemas», comenta, mientras lamenta la ausencia de un sistema unificado de recuento en todos los países para que las cifras que se ofrecen sean veraces y asegura no comprender que, con la gente muriendo, haya gente que intente hacer política de esta crisis.

García vive rodeado de médicos. Tanto su mujer como sus dos hijas ejercen la profesión y, según destaca, afortunadamente, ni es fumador ni tenía ninguna dolencia previa. Trató de apartarse desde el primer día «del mundanal ruido» y asegura que nunca le han gustado las colas, por lo que difícilmente se acercó en aquellos primeros días a un supermercado. En las las largas jornadas de aislamiento relata como una de las alegrías del día recibir «cuatro galletas y un poco de leche» para merendar. Estima que ha perdido diez kilos durante su estancia en el hospital por culpa, según describe, «de un alien que ha entrado en el cuerpo y te está comiendo el pulmón».

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