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Pantanda de Tous: Una catástrofe bañada en recuerdos

Hoy se cumplen 38 años de la pantanada, la mayor catástrofe sufrida por la comarca de la Ribera, que se cobró nueve víctimas mortales, causó daños en una treintena de municipios y dejó más de 33.000 familias damnificadas

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Pantanada de Tous: 38 aniversario de la catástrofe

Por más tiempo que discurra, resulta difícil encontrar en los pueblos de La Ribera del Xúquer, aguas abajo de Tous, alguien que no recuerde qué estaba haciendo el 20 de octubre de 1982 cuando empezaron a llegar noticias de la amenaza de inundación que se cernía sobre la comarca ni, especialmente, lo que sucedió en los días posteriores. Son recuerdos grabados a fuego tanto en aquellos que consiguieron salir a tiempo de casa en busca de un lugar seguro como en los que, de repente, se vieron rodeados por una masa ingente de agua que nunca hubieran podido imaginar, que dejó cotas de auténtico récord en una comarca acostumbrada a pequeños desbordamientos del Xúquer. Pero no era una riada al uso.

Esas imágenes indelebles son propias de momentos trascendentales en la vida de una persona y las inundaciones que la rotura de la presa de Tous provocó aquel fatídico 20 de octubre lo fueron para los vecinos de Sumacàrcer, Antella, Gavarda, Beneixida, Càrcer, Alcàntera, Benimuslem, Alzira, Carcaixent o Sollana, entre otros.

Se cumplen hoy 38 años de la mayor catástrofe que ha sufrido la comarca de la Ribera y el recuerdo sigue vivo. Las fotografías -muchas todavía en blanco y negro- de bomberos a bordo de lanchas neumáticas para desplazarse por Alzira, de calles llenas de barro y enseres de todo tipo que el agua había echado a perder, de animales muertos amontonados, de colas de racionamiento para conseguir comida o del enorme boquete que dejó el desmoronamiento de la presa ayudan a dar forma a un relato en el que cada uno vivió su propio drama personal.

Las inundaciones de aquel 20 de octubre de 1982 que afectaron a 29 municipios dejaron nueve muertos y más de 33.000 familias daminificadas, además de pérdidas que se llegaron a estimar en 55.000 millones de pesetas, 330 millones de euros al cambio. La Generalitat llegó a acordar el traslado de dos pueblos enteros, Gavarda y Beneixida, que sufrieron una doble inundación, por la mañana como consecuencia del desbordamiento del río Sellent, especialmente grave en Beneixida y Càrcer, y por la tarde con el desbordamiento del Xúquer por el efecto de la rotura de la presa.

Fue para muchas familias de la Ribera la noche más larga de sus vidas, en una época en la que no se conocía el teléfono móvil y el transistor se convirtió en el principal aliado para saber qué estaba pasando en el entorno más próximo. Una noche de enorme angustia a la que siguió la desolación de la mañana siguiente y del día después. Imágenes dantescas de municipios arrasados que había que reconstruir. Empezar de cero en muchos casos.

A la pesadilla que supuso el barro que todo lo impregnó siguió otra, como el largo proceso en los tribunales -el más complicado de resolver a la historia judicial española-, un juicio que se repitió en diferentes ocasiones y que acabó con una condena a uno de los técnicos y al Estado como responsable subsidiario. Paralelamente varios decretos-ley intentaron solventar otros flecos aunque, 38 años después, hay heridas que siguen abiertas.

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