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Un huerto solar capaz de generar el 70 % de la luz que necesita Guadassuar

La cooperativa eléctrica proyecta una inversión de 1,3 millones para producir energía verde y mejorar las tarifas que aplica a los socios

Estación de servicio, con puntos de recarga eléctricos, que Coopelec gestiona en Guadassuar. | LEVANTE-EMV

Estación de servicio, con puntos de recarga eléctricos, que Coopelec gestiona en Guadassuar. | LEVANTE-EMV

La Cooperativa Eléctrica de Guadassuar (Coopelec) proyecta la construcción de un huerto solar que permita generar alrededor del 70 % de la energía que consume el municipio, en el que ejerce como distribuidor de referencia al contar con la inmensa mayoría de abonados. El consejo rector que preside José Vicente Sais negocia en estos momentos la obtención de una parcela de entre 50.000 y 60.000 metros cuadrados próxima al núcleo urbano para ubicar esta instalación que, en última instancia, pretende mejorar más si cabe las tarifas que se aplican a los socios. La cooperativa contempla una inversión de 1,3 millones de euros en este proyecto.

«Aunque lo ideal sería poder consumir la energía que produces, estamos obligados a comprar y vender, no podemos hacer un autoconsumo doméstico. Somos agentes del sistema eléctrico y siempre vamos a estar conectados a la red», aclara Sais, mientras explica que si bien la potencia del huerto solar dependerá en última instancia de la autorización que se obtenga, estimó que podría situarse entre tres y cuatro megavatios que, según detalló, equivale a alrededor del 70 % del pico de potencia fija diario de la cooperativa o, lo que es lo mismo, al consumo de la entidad.

José Vicente Sais comentó que el último cambio normativo realizado en agosto facilita que aquellos terrenos programados que no se hayan desarrollado urbanísticamente se puedan utilizar para este tipo de instalaciones y, según incidió, en el caso de Guadassuar hay una sustancial oferta tanto de suelo industrial y residencial pendiente de desarrollar. «Hay mucho suelo programado en el PGOU durante la etapa del ‘boom’ urbanístico pendiente de que alguien se interese en desarrollarlo, pero no hay demasiadas expectativas de que eso suceda», comentó.

La cooperativa, que dispone de unos terrenos rústicos muy próximos al pueblo donde había barajado la instalación del huerto solar, se ha replanteado el proyecto para evitar farragosos trámites administrativos y, de la mano del ayuntamiento, gestiona cómo dar un impulso definitivo, si bien Sais dejó claro que se trata de un proyecto «como mínimo para dos años» ya que Coopelec deberá obtener las autorizaciones de Red Eléctrica para poder volcar la producción en la red. «Hemos estado en contacto con el propietario del terreno y con el ayuntamiento para ver qué régimen de gestión nos permite», explicó Sais, mientras señalaba que o bien se contempla una compraventa del suelo o un alquiler a largo plazo -«como mínimo a veinte años», apuntó- para poder amortizar la inversión.

El presidente destacó que el huerto solar generaría «energía cien por cien verde y realmente verde», aunque señaló que la actual normativa no sólo limita la capacidad de producción, sino que también «impone la obligación al agente de vender la energía que produce y comprar la que necesita». Un cruce de precios que la cooperativa prevé rentabiliza y repercutir ese rendimiento en las tarifas que se aplican a los socios.

La UE aboga por el autoconsumo

Sais señaló que la Unión Europea aboga porque las cooperativas sean un m odelo de autoconsumo, si bien indicó que se trata de una normativa pendiente de aprobar.

La Ribera cuenta con dos de las dieciséis cooperativas eléctricas que quedan en España con la doble vertiente de comercializadoras y distribuidoras de energía. Se trata de Coopelec y la Cooperativa Eléctrica de Alginet (CEA). Ambas han anunciado que no sólo no repercutirán en los socios el aumento del precio de la electricidad que ha alcanzado precios históricos en el mercado mayorista durante la ola de frío, sino que además mantienen tarifas al menos un 20 % más reducidas que las de otros operadores convencionales ya que no tienen la obligación de repartir beneficios. Ambas aplican sustanciales descuentos desde el inicio de la pandemia del coronavirus, además de mantener una importante obra social en sus respectivas localidades.

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