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Ventana Abierta

El discreto encanto de la burguesía

El discreto encanto de la burguesía

El discreto encanto de la burguesía

El título del artículo corresponde a una divertida historia filmada por Luis Buñuel. El argumento va de seis burgueses, el embajador de Miranda, representado por Fernando Rey, el matrimonio Thévenot y la hermana de la mujer y otro matrimonio llamado Sénéchal. Quedan para cenar y por una serie de coincidencias, algunas de ellas surrealistas, no logran disfrutar de los placeres de pertenecer a la burguesía. Buñuel sigue el movimiento de André Breton para superar el realismo mediante la exacerbación de cualidades artísticas o literarias. Recurre a la hipérbole o el dispárate mayúsculo. Y acierta: ese encanto de la burguesía, basado en una vida cómoda y placentera, se ha terminado.

Los grandes focos de la burguesía se están desmoronando velozmente. La agraria sucumbe ante los grandes grupos del monopsonio de la demanda, que imponen precios ridículos a los terratenientes agrarios medios, los que pertenecen la burguesía, que abandonan las tierras y las malvenden para ser adquiridas por oligopolios que acumulan muchísimo más poder. Se concentra la oferta para de conseguir mejores precios o una integración vertical del negocio. Lo mismo ocurre con la burguesía del pequeño y mediano comercio, arrasada por la venta online y las grandes superficies. En la pandemia se ha visto con claridad el desplazamiento de la compra a hiperesriucturas como Amazon, eBay, Aliexpress, etcétera. Los pequeños industriales también sufren parecidos procesos. Y tampoco está exenta de esa amenaza toda la red de profesionales dedicados a las más variadas actividades, grandes despachos copan enormes cuotas del mercado y no dejan resquicio para que emergan los pequeños despachos profesionales. El burgués pasa a ser un empleado más del sistema, lo más parecido a la clase trabajadora con la que se está poco a poco fundiendo.

La tendencia es a qué la clase media se asemeje cada vez más a la clase trabajadora, hasta fundirse con ella. Esto da pie a lo que Joseph Stiglitz (Nobel de Economía 2001) denomina democracia 1 por 100, simbolizando con este porcentaje a todos los aquellos que son esa minoría de la población son capaces de controlar toda la riqueza, alterando el estatus anterior de la burguesía. Un final de una era.

Tampoco el Gobierno ha tendido una mano a la burguesía, que es la que más paga impuestos y la que crea el 75 % de puestos de trabajo. La pequeña y mediana empresa y los autónomos no tienen derecho al paro y hoy viven abocados a la ruina y a sobrevivir sin recursos, peor que el resto de agentes sociales.

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