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La Real Acequia de Carcaixent se queda sin su primera mujer presidenta

José Climent se impone en las elecciones a Marién Camarena con el 58 % de los votos

El nuevo presidente de la Real Acequia de Carcaixent, José Climent, ayer, en la sede de la entidad. | PERALES IBORRA

José Climent se convirtió el sábado en el nuevo presidente de la Real Acequia de Carcaixent tras imponerse en las elecciones a Marién Camarena, la primera mujer que aspiraba al cargo en los 367 años de historia de la entidad. Climent toma el relevo de Antonio Ríos tras recibir el 58 % de los votos (342) frente al 42 % de Camarena (245) en unos comicios marcados por la elevada participación de comuneros. El discurso basado en que los agricultores puedan disponer de agua en la acequia también en los meses de invierno que enarboló Climent, aunque sea solo para un servicio mínimo, se impuso al de la continuidad y seriedad en la gestión realizada por Camarena como tesorera en una junta de gobierno que asumió el mando en una etapa tremendamente convulsa y ha devuelto la paz social a la entidad.

«Me presenté porque los agricultores estamos sufriendo mucho la escasez de agua. Hace un mes, si querías plantar un naranjo tenías que llevarte el agua de casa y es lamentable. Tenemos una concesión de 13 hm3 y tienen razón al guardar el agua para cuando más falta hace, que es el verano, pero se pueden hacer tres o cuatro puntos de retenciones para que si alguien quiere pulverizar pueda por lo menos llenar una cuba», indicó José Climent, agricultor de siempre, que nunca hasta ahora había formado parte de la junta de gobierno de la Real Acequia de Carcaixent, a la que accede como presidente para los próximos cuatro años.

«El objetivo principal es, por lo menos, tener un servicio mínimo de agua todo el año, aunque el final no sé cual será porque también depende de la Confederación Hidrográfica del Júcar», comentó, mientras señalaba otro de los retos que la entidad tiene pendientes: «Y si se pudiera poner el goteo...».

Marién Camarena, que seguirá en la junta de gobierno de la comunidad, comentó que «esto funciona como un equipo de fútbol, cambia el entrenador, que en este caso es el presidente, pero el equipo continúa y ahora toca enseñarle el funcionamiento que tenemos ya que es nuevo en la entidad», indicó.

También seguirá vinculado a la Real Acequia de Carcaixent, aunque como vocal del jurado de riegos que dirime los conflictos entre comuneros, el hasta ahora presidente de la entidad, Antonio Ríos. En las elecciones celebradas el sábado también se abordaba la renovación de dos puestos del jurado de riegos. Enrique Albelda repetirá como miembro mientras que el otro puesto lo ocupará Antonio Ríos.

Por otra parte, al margen de la presidencia, el proceso de renovación de la junta de gobierno incluía además tres puestos de vocales. Pascual Albelda seguirá formando parte del consejo rector, al que se incorporan José Canet y Vicente Montagudo, al que distintas fuentes señalan como la persona más próxima al nuevo presidente.

La Real Acequia de Carcaixent gestiona una concesión de 13 hm3 de agua, que suele repartir entre mayo y septiembre u octubre, en función del régimen de lluvias de cada año, mientras que en los meses de invierno se corta el agua. Aquellos años en que no llueve lo suficiente en otoño e invierno suelen producirse tensiones.

La polémica por la modernización sigue pendiente de los juzgados

El nuevo presidente de la Real Acequia de Carcaixent asume el cargo en una etapa de paz social, aunque todavía está pendiente de resolver la denuncia interpuesta por la comunidad contra el anterior presidente, Pere Borrás, a cuenta del proyecto de modernización de regadíos. La sorpresa saltó a mediados de 2017 cuando la junta de Antonio Ríos descubrió que el acuerdo alcanzado por su predecesor no solo contemplaba que serían los agricultores y no la Administración los que asumían el coste del goteo pese a que el Convenio de Alarcón contempla lo contrario, sino que además, algunos certificados aportados para firmar el convenio por el que el Seiasa adelantaba el dinero de las obras correspondían a acuerdos que no se habían votado o que se había formalizado un aval como garantía de pago con las tierras de los comuneros.

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