La ilusión por reactivar las fiestas es compartida, aunque el debate abierto entre las comisiones de Alzira sobre la posibilidad de celebrar las Fallas en septiembre atisba dos posturas, sino antagónicas, discrepantes. Mientras las fallas más fuertes que el año pasado prorrogaron los contratos con los artistas pensando en el ejercicio 2022 abogan por plantar y quemar los monumentos que guardaron en marzo de 2020 siempre que la situación sanitaria permita organizar un programa de festejos mínimo y, de algún modo, recuperar la normalidad tras el largo parón provocado por la pandemia, las más humildes apuestan por reducir las celebraciones a una especie de «Mig Any Faller» que no conlleve excesivos gastos y guardar los monumentos para el próximo mes de marzo.

Así se desprende de la consulta realizada por Levante-EMV entre comisiones de diferentes secciones tras conocer que las autoridades sanitarias permiten la celebración de las fiestas josefinas entre septiembre y diciembre.

El presidente de la Plaça Major, Juan Peris, subrayó ayer la necesidad de reactivar la fiesta no sólo por los artistas, indumentarias u otros profesionales, sino por las propias comisiones «que están totalmente paradas» y, en esta línea, se mostró partidario de plantar fallas en septiembre y quemarlas para cerrar el ejercicio, siempre y cuando se puedan celebrar algunas actividades propias del programa. «Tenemos que saber qué es lo que podemos hacer y que no. Todos estamos a favor de celebrar las fallas, el problema es saber cómo y es lo que nos tienen que decir para sacar conclusiones», indicó.

El presidente de Sants Patrons, Javier García, señaló que a título individual -una postura consensuada con su junta directiva- es partidario de plantar falla -la JLF barajó como una alternativa el segundo fin de semana de septiembre- pero empezar desde ya a planificar el ejercicio 2022 como un año natural, aunque tiene claro que una decisión así no puede tomarla ni un presidente ni una directiva por lo que está a expensas de lo que decida la comisión.

La presidenta de Pere Morell, Pilar Ripoll, por su parte, dejó claro que su comisión, modesta con un censo de 70 falleros contando los infantiles, no puede afrontar económicamente lo que serían los gastos de dos ejercicios en el mismo año. «Tenemos ilusión por hacer fallas como todo el mundo, pero con los pies en el suelo. No nos lo pondríamos permitir», comentó Ripoll, que aboga por un «Mig Any Faller» sin los gastos propios de las fiestas.

«Si tenemos que plantar el futuro de la falla se compromete»

Javier España, presidente de Pare Castells, considera que si en septiembre tuviera que plantar y quemar la falla, el futuro de su comisión se vería comprometido. «Si quemamos el monumento que tenemos, en marzo hará falta otro, y si ahora viene la charanga, luego tendrá que volver», indicó, por lo que no ve viable para una comisión que ya ha perdido doce falleros y ahora cuenta con solo 52. «Mi opinión personal sería ir a un Mig Any sin quemar las fallas, pero la decisión dependerá de lo que diga la comisión», dijo.