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Los "buscatesoros" de la Ribera rescatan un paraje 40 años olvidado

Un grupo de senderistas encuentra entre maleza, cañas y tierra la conocida como Font dels Pessebrets, un popular lugar de encuentro social entre Carlet y Catadau que contaba con una fuente y un pozo

El grupo de vecinos de la comarca muestra la fuente y el pozo que formaban parte de un paraje conocido como la Font dels Pessebrets, entre Carlet y Catadau. | PERALES IBORRA

El grupo de vecinos de la comarca muestra la fuente y el pozo que formaban parte de un paraje conocido como la Font dels Pessebrets, entre Carlet y Catadau. | PERALES IBORRA

No cuentan con Indiana Jones en sus filas pero tampoco le necesitan. Un grupo de vecinos, la mayoría de ellos jubilados, de la Ribera pretende impulsar una nueva asociación que potencie la recuperación de elementos patrimoniales olvidados durante años tras localizar numerosos pozos y cuevas que ni siquiera figuran en mapas.

Una familia bebe agua de la antigua fuente. | FAMILIA TRULLENQUE

La iniciativa surgió a raíz del confinamiento. Durante la desescalada, el carletino Ángel Arbona reclamó ayuda a su grupo de amigos de Carlet, Alberic, Guadassuar, el Marquesat y otros puntos de la geografía, con los que practica senderismo habitualmente, para localizar una vieja fuente, conocida popularmente como la Font dels Pessebrets, que recordaba de sus años de niñez. «Me resignaba a pensar que estuviera perdida. Me puse a buscar a través de Google Earth por donde creía que podía estar. Vi una zona de unos 6.000 metros cuadrados de cañar y les pedí colaboración», explica. A través de mapas y fotos antiguas intentaron precisar la localización de aquel enclave.

Varias personas junto al pozo. | FAMILIA TRULLENQUE

«Después de tanto tiempo encerrados, quise rencontrarme con un paraje que yo recordaba muy bien al haber ido cuando era un niño, allí acudían numerosas familias antiguamente. Era un lugar agradable, con unos márgenes de piedra muy grandes. En un ángulo había una cueva pequeña en la que se ubicaba la fuente, que tenía unos escalones. A unos metros estaba el pozo, de piedra y redondo. También había un pesebre, porque por allí pasaba el ganado», rememora Arbona.

Los «buscatesoros» de la Ribera rescatan un paraje 40 años olvidado

Y allá se fueron. A intentar capturar un recuerdo. Lo primero que encontraron entre las cañas fue el pozo, que alguien levantó en sucesivos movimientos de tierras para que no se perdiera. Lo localizaron gracias a una higuera, que como bien sabían había crecido gracias a la presencia cercana de agua. No obstante, más difícil de hallar fue la fuente. Acudieron allí hasta en cuatro o cinco ocasiones. «Llegó un momento en el que nos planteamos que no buscábamos donde tocaba. Fuimos allí con capazos y hazadas. Empezamos a quitar tierra y, llegado un punto, topé con una piedra que supe que era la que cubría la pequeña cueva. Continuamos cavando, al menos un metro. La tierra se transformó en gravilla y, al poco tiempo... ¡Agua! Allí estaba. Fue una gran satisfacción, como reencontrarse con un viejo amigo», explica el carletino.

En el recuerdo de los mayores

El enclave se encuentra a caballo entre los términos de Carlet y Catadau, por lo que ya han planteado a los ayuntamientos la posibilidad de recuperar este espacio y devolverlo a la vida. «Se necesitaría maquinaria para retirar las cañas y la tierra. Entraría en juego la Confederación Hidrográfica del Júcar. Pero creemos que sería un proyecto muy interesante», argumenta Arbona.

No es el único hallazgo que han realizado. Ya parecen un grupo profesional de localización de fuentes, pozos u otras construcciones perdidas. También en municipios como Tous, Benimodo y la zona del Marquesat. «Muy poca gente conoce la Font dels Pessebrets, el Xarco de la Bota, de donde se extrajeron las piedras para construir el convento de Carlet, o el Pou de Millons, situado en un barranco y que seguramente se tapió. En 1920 0 1930, cuando venía Sant Jaume, las cuadrillas acudían a éste último, pasaban allí una semana de fiestas y después bajaban en romería», asevera Arbona, que continúa: «Son cosas que solo conocen las personas más mayores del pueblo, algunas incluso se prestan a enseñarte dónde recuerdan que estaban. Hablamos de elementos que no están catalogados. En algunos mapas antiguos figuraban pero en los actuales no se hace referencia».

Esta incipiente asociación se define como «buscadores de tesoros». «Pero nuestros tesoros son árboles monumentales o fuentes escondidas que nadie conoce», concede el carletino. Aunque, como colectivo, desearían devolver a la vida sus hallazgos, se conformarían con un objetivo más módico: «Sabemos que recuperar espacios y construcciones cuesta dinero, pero lo mínimo deseable sería que se catalogasen y formasen parte de un registro para que no caigan, de nuevo, en el olvido».

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