Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Obras de arte que llegaban al buzón

El archivo de Alzira incorpora una colección de sobres que Enrique Pérez Presencia ilustraba para sus cartas en los años treinta y cuarenta

Obras de arte que llegaban al buzón

Obras de arte que llegaban al buzón

El Archivo Municipal de Alzira acaba de incoporar a sus fondos una colección de sobres ilustrados por Enrique Pérez Presencia, confundador junto a su hermano Vicente de la reconocida industria local Hilaturas Presencia. Sus hijos, María Isabel y Enrique, han donado los documentos postales que corroboran que, además de un excelente poeta, fue un consumado dibujante.

La historiadora Nuria Blaya condensó su apasionante vida en el libro «Una añorada presencia. Vida y obra de Enrique Pérez», editado por Javier Boronat en 1993. Nacido el 28 de junio de 1911 en Carcaixent, se mudó a Alzira cuando todavía era un niño, tras la muerte de su padre. El amor por la cultura de Enrique trasciende a través de sus escritos y toma forma sobretodo en su poesía.

Debió de empezar a escribir, según apunta Blaya, en fecha muy temprana. Sus familiares y amigos le recuerdan siempre componiendo. Sus composiciones fueron fruto de sus vivencias, de sus sentimientos. Como persona agradecida nunca olvidó a sus maestros, ni a Emilio Pastor Rojo ni a David Laguía a quien, tras su fallecimiento, dedicaría en 1934, con 23 años, una oda.

Fue la Guerra Civil el acontecimiento que, sin duda, marcó durante años su vida. Ese suceso y sus consecuencias tiñó de amargura su poesía. A los veinticinco años, cuando fue movilizado, pasó a formar parte del ejército republicano, al que sirvió hasta terminar la guerra. Poco después fue deportado a un campo de concentración en territorio francés donde estuvo recluido durante seis meses.

Durante la Guerra Civil

Mientras estuvo en el frente escribió a su madre y a su novia, algunas veces también a su hermano y a sus amigos más cercanos unas cartas preciosas que, en la mayoría de los casos, lamentablemente se perdieron por culpa de las riadas. Desde el frente, ahora desde Igualada, ahora desde Barcelona, ahora desde las inmediaciones del Ebro, hacía llegar a su amada sus cartas. Después, al finalizar la Guerra Civil mantendría correspondencia desde Alzira con su hermano Vicente, que estaba cumpliendo con sus obligaciones militares en Melilla. Y lo hizo a través de unos sobres ilustrados por él mismo que son pequeñas obras de arte, pequeñas maravillas, son joyitas en las que se reproduce el armamento militar del momento. Armas que los combatientes usaron por tierra, mar y aire y, junto a esas armas, aviones, barcos, lanzagranadas, fusiles, un campamento militar, etc. Y junto a las armas, además, mensajes vinculados a la lucha y a la cultura.

Llama la atención el cambio de motivos de los sobres tras finalizar la contienda. Ya no son armas, ahora serán paisajes: el Micalet y uno de los puentes sobre el Turia de València o un hermoso templo con esbelto campanario junto a una corriente de agua entre árboles en el otoño, cuando no un paisaje de la costa o el patio interior de una casona.

«Al ingenio del cartero»

Junto a esos dibujos, otros cuatro sobres que tendrán como motivo principal a la mujer. Uno de los matasellados durante la República con una escena de verano en que aparece una jovencita en bañador, los matasellados con posterioridad, ya con sellos franquistas, con dos jóvenes más recatadas, comedidas y modosas. Ya imperaba otro régimen, un régimen no tan alegre, más oscuro.

También es reseñable un sobre, fechado durante la República, en que se representa un mapa de la Península Ibérica con la silueta de la provincia de Valencia y la indicación «Alcira». Enrique en el espacio del sobre destinado a señalar la dirección a la que debía enviarse la carta escribió: «Calle: Al ingenio del cartero». Y la carta llegó a su destino, la calle Hernán Cortés, 23, el hogar de su amada.

Enrique colaboró artística y literariamente en las publicaciones La Traca y La Chala, que desaparecieron con la Guerra Civil. Con su hermano creó la popular Hilaturas Presencia que con los años, tras el inicio en Hernán Cortés, 23, y la fábrica emplazada en la calle Felipe II, estableció su razón social en unas nuevas y amplias instalaciones, construidas en la carretera de Alzira a Corbera, que se inauguraron en 1981.

En los años cuarenta escribió para llibrets de diferentes comisiones falleras. Colaboró, asimismo, publicando sus composiciones poéticas en las revistas anuales de Fallas y Semana Santa de Alzira.

Concurso de miniaturas

Conviene destacar por curiosa e interesante su participación en un concurso de miniaturas alcanzando un primer premio al escribir ocho himnos en la cola del águila del escudo nacional, un Padre Nuestro en un grano de arroz y ochenta páginas de «El Quijote» en una tarjeta de visita.

Enrique utilizó en sus trabajos, como otros muchos autores de su generación, indistintamente las dos lenguas, el castellano y el valenciano. Y en ambas se expresó con soltura y brillantez. Su obra poética, en palabras de Salvador Andrés Pascual, fue primordialmente de género festivo, alegre, sincera y espontánea, sin demasiados altibajos y predominando una pureza excepcional tanto de estilo como de métrica y rima.

Poeta de la fiesta, recibió en 1966 la máxima distinción de la Junta Local Fallera, la Flama d’Or, que le fue impuesta el 12 de marzo en el Gran Teatro.

Estampas con matasellos. Las cartas que Enrique Pérez envió a familiares y amigos llegaban en sobres convertidos en obras de arte. 1 Algunos de los sobres ilustrados que utilizó. 2 Retrato de Enrique Pérez.

Compartir el artículo

stats