Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Amargo diario de regreso a casa desde Mauthausen

El alzireño Francisco Boluda anotó en un cuaderno escolar la odisea vivida tras la liberación en 1945

El alzireño Francicsco Boluda Díez registró en un cuaderno escolar sus pensamientos y vivencias los días posteriores a ser liberados del campo de concentración de Mauthausen-Gusen, donde permaneció cinco años encerrado.

El alzireño Francicsco Boluda Díez registró en un cuaderno escolar sus pensamientos y vivencias los días posteriores a ser liberados del campo de concentración de Mauthausen-Gusen, donde permaneció cinco años encerrado.

La Alemania nazi aniquiló a millones de personas. Ser internado en un campo de concentración era, en la práctica, una sentencia de muerte. Afortunadamente, no todos corrieron tan funesto destino y, tras la derrota de las potencias del Eje, numerosos prisioneros pudieron recuperar sus vidas. Uno de ellos fue el alzireño Francisco Boluda Díez, rescatado de Mauthausen-Gusen. Su hija Dolores ha recopilado en un libro de pequeño formato los apuntes que su padre tomó tras ser liberado y que narran el regreso, plagado de contratiempos, al hogar.

Francisco Boluda huyó a Francia, desde donde fue deportado a Mauthausen- Gusen en 1940. levante-emv

Francisco Boluda nació el 30 de mayo de 1914 en Alzira. Como muchos de los nacidos en aquella época, no tuvo la oportunidad de estudiar. Con siete años ya trabajaba en un almacén de naranjas, donde se dedicaba a clavar las cajas. Algo más tarde expresaría su deseo de «hacer carrera». «Siempre estuvo muy informado de todo lo que pasaba en el mundo. Podía explicarnos la historia y la política de muchos países. Fue apresado durante la guerra por falta de información, por lo que después pasó su vida enganchado a la radio, la televisión y los diarios», recuerda su hija, que añade: «Fue feliz, pero nunca pudo olvidar todo lo que había visto y todo lo que le pasó. Nos ha contado circunstancias muy difíciles pasadas en el campo. Su cabeza estaba llena de malos recuerdos».

Amargo diario de regreso a casa desde Mauthausen

El propio Francisco lo expresaba así: «He tenido ocho años de guerra en mi vida». Llegó a Francia como refugiado que huía del conflicto bélico iniciado con el Golpe de Estado de 1936. Ya en el país galo fue internado en un campo de concentración. Posteriormente, en 1940, fue trasladado a Mauthausen-Gusen, donde permaneció cinco años hasta su liberación.

«A las 6,30 de la tarde del día 17 de mayo de 1945, salimos del campo de Mauthausen en una caravana de camiones cargados de franceses y españoles hacia Linz». Son las primeras palabras que escribió Francisco en un cuaderno escolar tras abandonar el centro de exterminio. Los soldados americanos repartieron golosinas, caramelos, mermelada e, incluso, azúcar a los rescatados. El relato del alzireño se llena de emoción al dejar atrás la prisión que le mantuvo cautivo durante tanto tiempo: «Mentalmente iba dando un adiós a aquellos campos que tantas veces había contemplado desde la atalaya del campo de concentración cuando ellos representaban la libertad perdida. Ahora, al cruzarlos, libre ya en este mayo esplendoroso, no puedo por menos que experimentar un sentimiento de tristeza al considerar los cuatro años y medio que he permanecido concentrado en este Mauthausen maldito. Un odio profundo invade todo mi ser en contra de este fascismo sanguinario, causa de tantos dolores y miserias».

Trenes que no llegan

Pararon para hacer noche ante una fábrica a las afueras de Enns para «al día siguiente, continuar hasta Linz y embarcar por avión hasta Francia». Durmieron, abrigados con prendas del ejército francés.

No obstante, su regreso al hogar no sería tan fácil como prometía. Pese a que a las personas como Francisco tenían la consideración de prisioneros de guerra franceses en términos de evacuación, cuando el jefe del campamento gritó «que se preparen los prisioneros de guerra franceses», no se refería ni al alzireño ni al resto de españoles.

Pasaron los días y la incertidumbre crecía. «La evacuación está en trámite» era la única respuesta que recibían, aunque sin concreción alguna. Pero hay un sentimiento que no se desvanecía de Francisco y sus camaradas, que no perdían la esperanza de retomar las vidas que el nazismo les secuestró. «Uno tiene una novia a la que no conoce personalmente. Otros tienen familia en tal o cual departamento. Muchos no tienen ni conocen a nadie y no saben dónde seguirán sus pasos. Pero cada uno tiene sus proyectos para reemprender de nuevo la vida, proyectos que difieren según la edad, el carácter y las posibilidades de cada persona».

El día 21 de mayo tuvieron, al fin, una noticia más esperanzadora, al saber de un grupo de 300 españoles que habían sido evacuados a través de Suiza. Con todo, el alzireño todavía debió esperar al día 26 para, a eso de las cuatro y media de la tarde, partir hacia Linz. No cogerían un avión hasta la mañana del 29. Alrededor de dos horas y media después llegó a suelo francés, concretamente a Nancy, desde donde fue trasladado en camión hacia Dombasle-sur-Meurthe. La Cruz Roja les recibió con galletas, chocolate y cerveza. También allí su retorno a casa se enredó ya que debían partir en tren hacia el oeste, a Chalons-sur-Marne, pero acabaron en Metz, al norte. Se sucedieron las jornadas de viajes a través de Francia.

El particular diario de Francisco concluye con la siguiente frase: «Son muchos los días que esperamos una solución a nuestro problema. Se nos considera franceses, pero la diferencia de trato queda patente ya que ellos van rápidamente a sus domicilios y nosotros, pese a tener hogar y familia, todavía no podemos reunirnos con ella».

Compartir el artículo

stats