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La última batalla del castillo de Corbera

El asedio que los agermanados iniciaron el 27 de junio de 1521 supuso el principio del final para la fortaleza antes de su definitivo abandono

Ruinas del castillo con el pueblo de Corbera a sus pies. | V. M. PASTOR

Ruinas del castillo con el pueblo de Corbera a sus pies. | V. M. PASTOR

El lunes 27 de junio de 1521, los agermanados comandados por Esteve Urguellés y Joan Caro, decidieron cercar y sitiar el castillo de Corbera. Esta fortaleza era propiedad del duque de Gandia Joan Borja, enemigo principal de la germanía. Por este motivo Urguellés y Caro pusieron su mirada en el castillo de Corbera. Pretendían con ello dar un castigo ejemplar al duque y a todos los realistas de la Ribera.

Detalle de unas almenas del castillo. | V. M. PASTOR

Aquel lunes comenzó la batalla de asalto al castillo de Corbera, confrontación que duró cuatro días. Los agermanados que se encontraban en Alzira, habían planeado ir contra Corbera porque los del duque hicieron prisioneros a unos capitanes agermanados que se encontraban en la fortaleza de Corbera. Otro motivo para decantarse por sitiar este castillo era que Urguellés había oído que en el castillo se guardaban grandes riquezas y sería fácil obtenerlas.

Restos de la ermita de Sant Miquel. | V. M. PASTOR

Pere Çagonera era el encargado por el duque de Gandia de la custodia de esta fortaleza. Gracias a los informes de sus espías se enteró de las intenciones de Urguellés y Caro. Recibiendo instrucciones del duque, Çanoguera se apresuró fortificar el edificio militar y a equiparlo con el armamento necesario para su defensa. En el castillo había doscientos vasallos a las órdenes de Çanoguera y Mosén Pere Lluís Escrivà. Tambien estaban el Comendador Vilanova y Andrés Porta. Junto a ellos estaban los familiares de los alcaides de Callosa, Morella y otros nobles.

Organizada la tropa en Alzira y seguidos por la artillería, los soldados agermanados se dirigieron a Corbera. Estos llevaban en pecho y espalda unas cruces pintadas de color rojo. Pensaban que de esta manera, de igual modo que los cruzados, les infundiría valor y aumentaría la moral combativa. Por fin comenzó el sitio al castillo de Corbera. La artillería comenzó a atacar diferentes flancos de la fortificación. El combate fue muy duro, sobre todo la jornada del día 28 que fue cuando los agermanados pudieron acercar sus escaleras a las murallas, siendo rebatidos por los asaltantes. En la lucha fueron heridos dos comendadores y murieron Juan Zaragoza y un soldado de Polinyà. Por parte agermanada murieron nueve personas y hubo muchísimos heridos.

Una perspectiva de los lienzos de muralla que se conservan. pastor

El duque Joan Borja, enterado de lo que ocurría en su castillo de Corbera, decidió ir a socorrer a los sitiados con su ejército. A este se le unieron el virrey y los condes de Oliva y Albaida, los cuales se reunieron con el duque en Tavernes, emprendiendo la marcha hacia Corbera.

La última batalla del castillo de Corbera

Jerònim Vich, que se encontraba en el monasterio de Santa María de la Murta de Alzira, se entrevistó con Joan Caro y logró convencerle de que desistiera en su intento de tomar el castillo de Corbera. Caro, ante el temor por ser cortado por la retaguardia, el 30 de junio levantó el sitio y regresó a Alzira.

La última batalla del castillo de Corbera

Pere Çanoguera mandó dos avisos al duque y al ejército realista, informando de la retirada de Caro. El duque decidió entonces suspender su marcha hacia Corbera con sus columnas de infantería y caballería.

El intento de los agermanados por tomar el castillo de Corbera se repitió un mes después. Aprovechando el estado en que se encontraba la fortaleza después del anterior asalto, ahora los agermanados, llegaron desde Sueca y con gran violencia, consiguieron entrar en el castillo y saquearlo. Lo mismo hicieron en las distintas poblaciones de la Baronía, sobre todo en Corbera. Cometieron enormes destrozos y robaron mil ducados y cosas de gran valor. Su intención era también destruir y quemar el castillo de Corbera.

Grandes desperfectos

El sitio del castillo de Corbera supuso un revés para la fortaleza la cual sufrió numerosos daños y desperfectos. El estado ruinoso era tal que pasados unos años en 1580, se hizo una memoria de obras para comprobar el estado real en que se encontraba el edificio y ver si era factible o no su recuperación. Johan Salvador, maestro de obras se encargó de redactar el informe para ser remitido a la Junta Patrimonial de València. Johan Salvador informa del estado en que se encuentra el puente levadizo, de la cubierta del portal de entrada y describe el estado de la escalera de la torre del agua, la cubierta del portal del medio, el molino de sangre, la capilla o la estancia de la artillería, así como la caballería o cuadra y el pajar. Nos habla también de las obras necesarias que deberían realizarse en la primera cubierta de la celoquía, también en la que está la campana o en la estancia donde se encontraba la Virgen gótica, la estancia del alcaide, la cisterna, cocina o necesaria.

Carlos Joan que era el alcaide del castillo en ese momento, una vez elaborado el memorial por parte del perito, lo manda a la citada Junta Patrimonial en Valencia. El alcaide añade en este informe que el castillo se ha hallado «…tan arrohinado y derruido que no hay forma de habitar...» dentro de él. Pide por tanto que se «…adobe una puente levadisa muy pequenya que hay en la entrada del castillo, sin la qual no se puede entrar en él…» y que se reparen las escaleras, la cubierta de la capilla de la Virgen gótica, intitulada de Nuestra Señora por ser esta «…muy devota imagen que ay en ella y tiénlle muy grande devoción todos los que de aquella baronia porque le han visto hazer muchos milagros». Pide también el alcaide que se reparen los tejados, las puertas y ventanas de las estancias y que se hagan cerraduras y llaves nuevas.

Abandono definitivo

De todas maneras, estas obras nunca se llevaron a término y ya en 1640 el rey Felipe IV autoriza a los habitantes de Corbera a llevarse del castillo todo aquello que pudiera ser aprovechado para construir sus casas en el pueblo. El único edificio que quedaba en pie era el de la capilla provisional de la Virgen del Castillo donde hubo un proyecto para su restauración en 1682, pero no se llevó a cabo y la imagen fue trasladada a la parroquia de la población. El castillo de Corbera quedó definitivamente abandonado y olvidado.

Justo quinientos años después, la Diputación de Valencia, propietaria actual del castillo, ha emprendido las obras de rehabilitación de la fortaleza. En 2017 se llevaron a cabo las primeras excavaciones arqueológicas y posteriormente otras en 2021, meses antes del comienzo de la consolidación de parte de la muralla de la zona noroeste.

Se cumplen quinientos años de este episodio que tuvo como protagonista al castillo de Corbera, un hecho histórico que significó el final para la fortaleza y su abandono.

Por su parte, el otro monumento importante para Corbera, la ermita medieval de Sant Miquel, se vio obligada a protegerse y a fortificarse como así se observa en sus muros.

Naturalmente el asalto fue al castillo pero este pequeño edificio religioso, tuvo también que tomar medidas ante la llegada inminente de los agermanados desde Alzira.

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