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Opinión

habrá que concentrarse

Hace cuarenta años, mes arriba mes abajo, se produjo algo insólito en nuestro país: más de un millón y medio de personas, aproximadamente, se manifestaron en pro de la libertad y la democracia, algo que nunca se ha vuelto a repetir. Un grupo importante de los políticos de la época: Rodríguez Sahagún, Felipe González, Manuel Fraga, Rafael Calvo Ortega, Santiago Carrillo, Antonio de Senillosa, Nicolás Redondo, Marcelino Camacho y muchos más mezclados entre el gentío, encabezaban una manifestación recorriendo las principales vías de Madrid, gritando «Libertad, libertad» o « El pueblo unido jamás será vencido», «Democracia sí, dictadura no». Estos eran algunos de los eslóganes que se repetían. En el paseo del Prado, Santiago Carrillo, muy emocionado, dijo y cito textualmente: «Es la manifestación más grande que he visto en mi vida, y eso que yo he visto muchas».

Ahora la historia después de cuarenta años se repite; aquel Tejero que nos quería privar de libertad rompiendo la democracia que tanto nos costó a los españoles conseguir, es un virus llamado COVID-19. En aquel momento el pueblo estuvo unido y la gran mayoría de los políticos también. Todos dimos con esa concentración una bofetada a los que aplaudieron aquel: «¡Se sienten coño!».

Todos queremos libertad, pero nos falta lo más importante para conseguirla: la unión y concentrarnos siguiendo a pie juntillas las normas, aunque sean incoherentes o sin sentido la mayor parte de ellas, dictadas por un gobierno que nos toca padecer. Concentraciones tenemos para todos los gustos y colores: sanitarias, moteras, del polen, las de género, pero ahora no es el momento.

Manifestarse es un derecho adquirido, y solo lo podrá prohibir el Ministerio del Interior cuando existan razones fundadas de alteración de orden público, con peligro para personas y bienes. ¿El virus no es un peligro para las personas?.

En Valencia se convocaron para el 8 de marzo de este año más de 40 concentraciones descentralizadas, permitiendo por barrios hasta 500 personas. ¿Eso qué es? Cientos de personas se han concentrado en la plaza del Ayuntamiento de València clamando contra la homofobia y pidiendo justicia para Samuel, el joven de 24 años que asesinaron de una paliza.

Todas estas concentraciones las considero justas y necesarias, pero personalmente no creo que sea el momento por la situación tan complicada por la que atravesamos, ya que mostrar la repulsa por una muerte tan cruel en estos momentos puede significar llenar los hospitales de contagiados.

Es intolerable a mi modo de ver, y aquí quiero dar mi apoyo total a personas que como Samuel no pueden gritar a día de hoy lo que hicieron hace 40 años ese millón y medio de personas por La Cibeles y es Libertad. Que en el siglo XXI te maten o agredan por ser maricón, lesbiana, puta, monja, cura, guardia civil policía o cajero en un supermercado denota el nivel de gran parte de la sociedad.

Concentrémonos en las palabras que dijo Mahatma Gandhi: «La violencia es el miedo a los ideales de los demás». Puedo entrever por esta frase que hay muchísima gente con temor viviendo una vida que no está hecha para ellos.

«El hombre –dijo Luther King- nació en la barbarie, cuando matar a su semejante era una condición normal de la existencia. Se le otorgó una conciencia, y ahora ha llegado el día en que la violencia hacia otro ser humano debe volverse tan aborrecible como comer carne de otro».

Querido Martin, la palabra conciencia creo que ya no existe en el diccionario.

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