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Los retrasos de los trenes indignan a los usuarios

Los viajeros critican que se eternice la mala gestión ferroviaria

Usuarios de tres trenes diferentes  en uno, sin distancia de seguridad, el jueves | LEVANTE-EMV

Usuarios de tres trenes diferentes en uno, sin distancia de seguridad, el jueves | LEVANTE-EMV

La eficacia del transporte público al que tiene acceso La Ribera brilla por su ausencia. Los usuarios de las líneas con parada en las localidades de la comarca de Renfe Cercanías Valencia llevan años indignados por el servicio que ofrecen las líneas. Esta semana ha agotado la paciencia de las personas que se han visto afectadas por una de las 20 cancelaciones de trenes de la C-1 (Sollana, Cullera y Sueca), o de las 15 de la C-2 (Benifaió, Almussafes, Algemesí, Alzira, Carcaixent, La Pobla Llarga, Manuel, l’Ènova). Sin contar con los retrasos, ya normalizados en el «servicio Renfe». Los pasajeros que quieren llegar a tiempo a un destino, deben planear subir al tren anterior al que les correspondería.

La situación es tan insostenible que el tren se ha convertido en un transporte comodín cuando no se dispone de otros, menos sostenibles. Algunas personas se ven obligadas a desplazarse al pueblo más cercano con parada de metro EMT, servicio que se supone más lento e incómodo para largos recorridos. El concepto de puntualidad es difuso en los medios de transporte públicos empleados día a día por estudiantes y trabajadores que viajan a Valencia desde sus municipios. No es cuestión de un viaje de ocio, es una prestación de primera necesidad en la rutina de miles de ribereños.

Cuando los usuarios de varios trenes se agrupan en uno, se crea una situación de riesgo para la salud pública que se continúa obviando. Algunas críticas señalan la contradicción en cerrar cultura y ocio antes de mediar en el transporte público. Los continuas averías, cancelaciones y retrasos que se registran casi a diario en las líneas de Renfe suponen un arma de doble filo contra la salud pública y el medio ambiente. Por tanto, se exige invertir en la modernización de esta infraestructura ferroviaria.

El problema ha llegado a convertirse en «meme», fuente de humor, en las redes sociales. Twitter es la que más eco se ha hecho de la animadversión hacia la compañía. Hay multitud de cuentas dedicadas a quejas, reclamaciones y testimonios negativos a la compañía, algunas de las más famosas son «Indignats amb Renfe», «Reclamaciones Renfe», «Renfe fallos», «Retards Renfe», «Puta Renfe», «Renfe por qué me haces esto» o «Renfe em fas fàstic». Las personas que no disponen de acceso o cuenta en Twitter, no tienen de información sobre las cancelaciones que ofrece «Cercanías Valencia». Aunque a sus seguidores tampoco les supone de gran ayuda. Ayer, a las 9:40 se advirtió de la cancelación del cercanías Moixent-Valencia de las 9:48, los pasajeros tuvieron que esperar al tren de las 10:30. Una usuaria comentó: «¿Y si no nos metemos en Twitter no nos enteramos? Porque estamos en Valencia esperando y nadie ha dicho ni pío». Y otra usuaria se atrevió a manifestar: «Nos están robando tiempo de nuestra vida».

La dejadez de un Estado hipercentralizado

Las inversiones de Renfe se destinan principalmente a Madrid, lo que genera una desigualdad con en el resto del país. Los alcaldes de La Ribera, y otras comarcas, esperan que el gobierno afronte infrastructuras que la comarca lleva exigiendo décadas.

El sistema actual se ha calificado de «vergonzoso e inadmisible» en múltiples ocasiones por los cargos políticos. La mala conexión entre municipios y con la capital de la provincia es evidente, uno de los enlaces que más sufren es el de La Ribera, y sus comarcas limítrofas, con L’Horta Nord, residencia de grandes empresas y Universidades.

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