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La torre árabe de Alfarp ya se enseña

La atalaya original era seis metros más alta, aunque no se contempla de momento ese recrecimiento

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La histórica Torre de Alfarp, desde dentro. Perales Iborra

La torre árabe que el Ayuntamiento de Alfarp adquirió allá por los años ochenta del siglo pasado como el inmueble más relevante desde el punto de vista patrimonial que se conserva en el municipio ya se puede visitar convertida en museo tras un largo proceso de restauración, si bien en esta ocasión el continente es un museo en sí mismo. Atrás quedan más de tres lustros de un proceso de rehabilitación que, fase a fase, ha consumido cerca de 900.000 euros de inversión -la última intervención cofinanciada con Fondos Feder-, y en este largo recorrido el proyecto ha sufrido algunos tropiezos que han retrasado la finalización de las obras.

El más llamativo, sin duda, el que hace un par de años obligó a eliminar las almenas que se habían reconstruido como remate después de que una tesis doctoral sobre las torres árabes valencianas cuestionara la intervención realizada en Alfarp, que en su día obtuvo la autorización de la propia Conselleria de Cultura. El ayuntamiento recabó una segunda opinión técnica que confirmó que la presencia de almenas representaba un falso histórico ya que, debido a la altura original de la fortaleza, se había coronado la torre seis metros por debajo de lo que correspondía.

La aspiración de sucesivas corporaciones de que la torre árabe fuera visitable se ha alcanzado finalmente este verano, una vez finalizadas las obras de rehabilitación y el proyecto de musealización del interior para exhibir una colección de piezas arqueológicas localizadas en el entorno. La torre abre sus puestas tres días a la semana -martes, jueves y sábado- y, según destaca el alcalde de Alfarp, Santi Cervera, ha generado una gran expectación tanto entre los vecinos del pueblo, que se acercan a conocer el espectacular interior de la fortaleza y disfrutar de las estupendas vistas que ofrece, como de otras localidades.

Cervera recuerda a grandes rasgos que el ayuntamiento adquirió la torre de origen árabe allá por los años ochenta y que a mediados de la década siguiente compró también la casa contigua para derribarla y dejar exento uno de los laterales de la torre, en lo que supuso un primer paso para su recuperación. Con todo, sitúa allá por el año 2004 el inicio de las obras de rehabilitación que a través de diferentes fases se han prolongado hasta este año, con una inversión acumulada que estima entre 800.000 y 900.000 euros.

Las obras han devuelto al interior de la torre el aspecto anterior a la construcción de un forjado con vigas de madera y bovedillas, según describe el investigador local Vicent Climent, que destaca que la supresión de las almenas permitiría en un futuro recrecer la fortaleza hasta alcanzar la altura definitiva que se pueden encontrar en la «torre gemela de Espioca». El consistorio, de momento, no contempla esa posible reconstrucción.

Santi Cervera explica que se han instalado un par de vitrinas con restos arqueológicos que se exponen junto a otros restos, si bien no duda en señalar que la torre en sí misma es el museo.

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