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Construir una piscina a veinte grados bajo cero

Una empresa de Alzira diseña una alberca por encargo en un área residencial de Estocolmo

La piscina a los pies de la
vivienda, durante la
construcción.  activa aqua

La piscina a los pies de la vivienda, durante la construcción. activa aqua pascual fandos. Alzira

Construir una piscina en invierno para que el cliente pueda disfrutarla en verano entra dentro de las previsiones de cualquier encargo en el sector, aunque tener que hacerlo a una temperatura ambiente de - 20 º C, rodeados de nieve y con un fiordo como paisaje más inmediato no resulta tan habitual, sino más bien algo extraordinario, al menos para una empresa que tiene en Alzira su sede. Las condiciones extremas del invierno en Suecia han sido a la postre el principal reto para esta firma especializada en diseñar piscinas personalizadas que, en un mundo globalizado, recibió el encargo de un arquitecto para construir una en una zona residencial de Estocolmo.

La colaboración con gabinetes de arquitectura para coordinar el diseño de viviendas de alto nivel con el de sus piscinas para tener en cuenta todos los condicionantes técnicos de la instalación y evitar problemas y sobrecostes de futuro abrió a Activa Aqua una puerta que no esperaba. «Todo empieza con una llamada telefónica», relata Vicente Milla, uno de los socios, mientras explica que un arquitecto sueco que quería construir en Estocolmo una casa con unas características «fuera de lo común» en la zona, donde la climatología impone construcciones de madera «y casi prefabricadas», recurrió a uno de estos equipos. «Quería hacerse una casa moderna y no encontraba allí quién se la hiciera. Es arquitecto y conoce el mundo de la construcción. Contactó con uno de estos gabinetes que al hablar de la piscina nos recomendó y como no decimos a nada que no, estudiamos el proyecto y lo pusimos en marcha», explica Milla. El coste, en este caso, no suponía un problema. «Nos dijo lo que necesitaba y nos preguntó si lo podíamos hacer», apunta el arquitecto técnico.

Trabajos de construcción de la piscina de Estocolmo, el pasado invierno. activa aqua

Aunque se trata de una piscina de exterior, las condiciones ambientales en Suecia obligan a instalar un sistema de calefacción para impedir que en invierno el agua se congele aunque, a diferencia de las alternativas más frecuentes en España, allí han tenido que recurrir a la geotermia, un sistema que aprovecha el calor interior de la Tierra. «Eso no ha sido un reto, las piscinas que hacemos en España están en un nivel técnico muy elevado y no nos supone un problema». Más complicado ha sido tener que lidiar con las bajas temperaturas, admite Milla.

«La preinstalación del vaso de la piscina se tuvo que hacer en invierno cuando estaban con la cimentación y la hicimos a - 20 º C. A esas temperaturas los adhesivos que gastamos para PVC no trabajan y tuvimos que inventarnos un sistema de calefacción mediante turbinas de aire caliente para poder calefactar las tuberías a la vez que íbamos encolando. También recurrimos a una cámara termográfica para poder hacer las soldaduras en las tuberías en el momento en que la temperatura era la correcta para poder soldar, tuvimos que inventar procedimientos de construcción para adaptarnos a esas temperaturas», detalla.

Activa-Aqua se ha coordinado con las empresas contratadas por el promotor para construir la vivienda con el objetivo de optimizar costes, lo que no ha impedido que personal de la empresa haya realizado media docena de desplazamientos a Estocolmo que, en una coyuntura de pandemia, ha supuesto no pocos problemas con repetidos tests antes de cada vuelo.

Camiones fletados desde España

«Hicimos la instalación hidráulica, la impermeabilización y nos queda un viaje de puesta en marcha», explica Vicente Milla, al tiempo detalla que entre los equipos de instalaciones y obra se han desplazado un máximo de tres trabajadores a la vez a Estocolmo. «No ha sido un proceso lineal porque la estructura de la piscina está integrada en la estructura de la casa y el contratista que tiene hizo la obra civil del vaso, nosotros la impermeabilización, y el contratista que está haciendo los revestimientos de la vivienda es el que ha hecho los de la piscina». Los camiones fletados por el promotor desde España y, en particular desde la Comunitat Valenciana con todo tipo de material para ejecutar el proyecto han facilitado el transporte.

Milla define como de un nivel medio la piscina construida ya que «por el uso que va a tener dado el clima no requiere más», aunque destaca que «tiene un valor visual importante» al jugar con las perspectivas. «Tiene unos 22 metros de largo por un ancho de 2,70 o 3, pero está dividida en dos partes, una zona de baño, que es la mitad aproximadamente, mientras que la otra es una lámina de agua decorativa. El salón de la casa está hundido respecto de la piscina y cuando el agua desborda se pierde en el infinito y ofrece una perspectiva muy chula con el fiordo», explica.

Activa Aqua es una de las secciones de una empresa constituida por Milla, que con anterioridad trabajaba en una empresa de la construcción, el arquitecto alcireño Jorge Gimeno y el arquitecto técnico Carlos Fortea tras la crisis que provocó el pinchazo de la burbuja inmobiliaria. La sociedad encontró un nicho de mercado en la construcción de piscinas personalizadas tras recibir en 2013 un primer encargo de la piscina comunitaria de la urbanización Masía de Traver.

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