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Las fallas Covid pasan a la historia

El saldo parece positivo en todos los parámetros sociales y económicos, aunque quedan por examinar los efectos que pueda producir en la evolución de la pandemia

Imagen de la «cremà», anoche en Alzira. | R.SEBASTIÁN

Las Fallas de 2021 tardarán años en olvidarse. Han sido muy especiales. Un periodo marcado por la incertidumbre que, sin embargo, ha logrado reanimar a miles de personas que esperan ansiosas el retorno de la fiesta. Y el saldo, a falta del criterio sanitario que evalúe las consecuencias de devolver el entusiasmo, muchas veces descontrolado, a la calle, parece positivo. Los artesanos que moldean los monumentos que se quemaron anoche, los músicos que construyen la inacabable banda sonora josefina y los pirotécnicos que dan armonía a la pólvora respiran aliviados con la esperanza de recibir mas encargos; las Falleras Mayores han tenido oportunidad al fin de disfrutar de su reinado, los hosteleros han trabajado con ahínco y las lágrimas que se evaporaron anoche al calor de la ‘cremà’ suspiran por recuperar definitivamente el calendario festivo anual que arruinó la pandemia. Todos han ganado en unas fiestas tan excepcionales que nadie duda que pasarán a la historia.

La Ribera marcó anoche la resurección de las Fallas. Los festejos desarrollados en Alzira, Sueca o Almussafes serán los últimos de relieve que se realizan con el rabillo del ojo fijado en las restricciones sanitarias. O al menos eso es lo que se espera si se cumplen los pronósticos de los científicos que velan por nuestra salud. La comarca se han convertido en un banco de prueba para certificar hasta dónde puede recuperarse la calle como escenario festivo. Y la experiencia servirá de base para organizar nuevos retos y dibujar el alcance del programa navideño.

LaRibera ha puesto el listón más alto. Al retrasar hasta el puente festivo los festejos que València o Gandia celebraron a primeros de septiembre, se garantizó una mayor permisividad en las restricciones que se impusieron entonces. Alzira no ha gozado de libertad absoluta, pero casi. Calles llenas, un ciclo de «mascletàs» multitudinarias, una ‘ofrena’ con público y una ‘cremà’ con aglomeraciones como las de antes. Si los datos de la pandemia demuestran en unos días que la incidencia es digerible, las Fallas de la Ribera serán aún más históricas.

La mascarilla deja de ser hegemónica en las calles

La protección facial que resultaba hasta hace pocas semanas tan obligada, se ha visto poco durante las fiestas falleras de Alzira. Esa es verdad. El uso de la mascarilla ha comenzado a relajarse coincidiento con las fiestas y ayer alcanzó cotas inimaginables. Las fiestas no ayudan a disciplinarse, ni siquiera cuando resulta obvio que no se respetan las distancias de seguridad. Y esta realidad deberá ser valorada, para bien o para mal, cuando se constaten las consecuncias.

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