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La masiva fiesta fallera apenas deja rastro en la tasa de contagios Covid

La incidencia crece ligeramente en Alzira con respecto a la pasada semana aunque no en una proporción que pueda resultar preocupante

Multitudinaria asistencia a una «mascletà» durante las Fallas de octubre. | RUBÉN SEBASTIÁN

La celebración de las Fallas en Alzira durante el puente de octubre no ha tenido, al menos hasta la fecha, incidencia en la tasa de contagios de Covid pese que durante aquellos días se produjeron concentraciones masivas de personas más propias de la época previa a la pandemia. Los últimos datos que compartió el Centro de Salud Pública con el ayuntamiento, ayer, muestran un ligero repunte con respecto a la semana anterior que no resulta preocupante.

Según los datos aportados por el consistorio, a fecha de ayer existían en la ciudad 27 contagios activos, es decir, diagnosticados en los últimos catorce días. Solo tres más que hace ahora una semana. La incidencia ha crecido, es cierto. Ha pasado de 51 casos por cada cien mil a 58, lo que supone un incremento que, por otra parte, no parece relevante. Al menos, de momento.

Las comisiones y el consistorio acordaron trasladar los festejos a octubre para, de ese modo, huir de las restricciones con las que se celebraron las Fallas en València y otras ciudades en septiembre. Esto entrañaba, en sí mismo, una mayor incógnita. A menos limitaciones, mayor libertinaje. Algo que podría acarrear consecuencias negativas para la salud pública, ya que el coronavirus no ha desaparecido.

En el pasado reciente se encontraba la llamada «ola joven». El momento en el que se permitió ir por la calle sin mascarilla coincidió con el inicio de las vacaciones y los viajes de fin de curso, lo que provocó un aumento considerable de contagios y, en el caso de la comarca, más de una veintena de fallecidos. Con las Fallas se producía un escenario similar, ya que el Consell redujo las restricciones por la reducida incidencia y el avance en el proceso de vacunación en el momento justo en el que comenzaron los festejos en Alzira. Con todo, llegaban en un momento en el que se ponía en marcha la inoculación de una tercera dosis de refuerzo a personas mayores e inmunodeprimidos y en el que se aguardaba (todavía se mantiene la espera a día de hoy) la autorización de las autoridades médicas para poder vacunar a los menores de doce años. Dos colectivos vulnerables.

Para evitar que los contagios se disparasen, la Junta Local Fallera elaboró un protocolo a seguir tanto en los casales como en los actos en la calle. Sin embargo, no todas las medidas se siguieron a rajatabla. La fotografía que acompaña estas líneas es un buen ejemplo. Cada «mascletà» reunió a miles de personas. Todas ellas debían llevar mascarilla (ya no por orden de la junta, sino porque en espacios muy concurridos es todavía una obligación), pero muchas prefirieron obviarla.

Gran ambiente

La celebración fallera recordó a las de antaño porque, salvo por aquellas personas que sí cumplieron la norma con rectitud y la ausencia de la mayoría de monumentos, fue casi idéntica a las fiestas previas a la pandemia. La sociedad necesitaba que el ambiente festivo regresase por fin a la ciudad. Nadie duda de que el coronavirus habrá circulado con libertad, aunque su rastro no se deje ver por haberse cobijado en personas ya vacunadas que ni siquiera habrán tenido síntomas. Si la situación sanitaria ya no empeora en los próximos días, las Fallas de octubre podrían marcar un antes y un después.

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