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Abre en Alzira la mezquita más grande de la Ribera con «ánimo de convivencia»

El Centro Islámico y el imán lanzan un mensaje integrador en presencia del alcalde y de representantes de la Policía y de la Iglesia Católica

El Iman Rashid Gharbi, dedicando unas palabras a los asistentes a la inauguración. | ÒSCAR MARTÍNEZ

El nuevo centro islámico de Alzira fue inaugurado a primera hora de la tarde de ayer, tras cinco años en obras, en un acto multitudinario al que asistió el alcalde, Diego Gómez, varios concejales del gobierno local, jefes policiales y otros representantes cívicos. Es la segunda mezquita de la ciudad, aunque la única con edificio propio y exclusivo para sus fines. Y nace con voluntad de «convivencia», según destacaron ayer sus promotores.

El edificio está ubicado en la esquina de las calles Xavier Casp y Escriptor Soler i Estruch de Alzira, en la zona conocida como L’Hort de Galvañón, sobre una parcela de mil metros cuadrados y cuenta con 750 metros construidos, divididos en dos plantas. En la planta baja, se encuentra la sala de rezo, de la que sobresale una cúpula (el elemento más llamativo) y otras dependencias para las actividades del centro, como un aula para enseñar árabe, mientras que la primera planta alberga una vivienda y un salón para el imán.

Apertura para todos

Para Mohammed Khadim, máximo representante del Centro Cultural Islámico de Alzira, el de ayer fue «un día muy importante» para los musulmanes. «Inauguramos un centro sin precedentes aquí. Valoramos mucho salir de un local a un sitio como este y abrirnos, visibilizándonos para las vecinas y vecinos de Alzira, algo de lo que nos sentimos orgullosos, por todo el trabajo que ha requerido», aseguró ayer a Levante-EMV.

Khadim también lanzó un inequívoco mensaje de «convivencia». «Queremos convivir, hemos abierto este centro para que la gente nos conozca, y por eso invitamos a todos a que vengan a este centro de encuentro, para romper cualquier barrera».

El Centro Cultural Islámico permanece abierto en Alzira desde hace años y, pese a que sus miembros se sienten integrados en la ciudad, hubo reticencias en una parte del vecindario en el momento en que se hizo público el proyecto de construcción. «Es normal que cuando de repente se te planta un centro religioso en tu barrio promovido por gente que no conoces, tengas un poco de reticencia o incluso de miedo, eso lo entendemos, pero nunca hemos tenido problemas con ningún vecino» asegura Khadim.

Retrasos para la inauguración

El ritmo de la construcción de la mezquita ha tenido que adaptarse a la recaudación de fondos para costearla, procedentes en su mayoría de donativos realizados por los fieles. La minoración de ingresos ha ralentizado las obras en determinados momentos mientras que la llegada de nuevos fondos las alentaba. A eso hay que sumarle el estado de alarma sanitaria provocada por la pandemia, que ha retrasado aún más la inauguración, que se auguraba para principios de 2020. Khadim, al respecto afirma que la principal dificultad que se han encontrado en el transcurso de las obras se debe a la «financiación» ya quelas obras han salido «del bolsillo de los musulmanes».

Lugar de recogida y solidaridad

Durante el acto inaugural, el imán Rashid Gharbi tampoco dudó en calificar el templo como «un espacio para el municipio, de conocimiento y entendimiento entre los ciudadanos. Un lugar de recogida y solidaridad social, de comunicación e intercambio de experiencias, que nace con el propósito de mejorar la participación de nuestra comunidad y su compromiso social, elaborando un plan de acción para los próximos años». Finalmente, Gharbi quiso lanzar a los asistentes al acto inaugural un «saludo de amor y de fraternidad que marcarán esta nueva etapa de convivencia».

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