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La empresa que impulsó el reciclaje cumple 75 años

El almacén de ropa usada que el fundador impulsó en plena posguerra en Alzira sentó las bases de una de las compañías de recuperación de despercios más importantes del sector

El fundador y su esposa, en el centro, durante una celebración junto a sus trabajadores. | ARCHIVO ALFONSO ROVIRA

La empresa alcireña Grupo Martinez Cano, uno de los símbolos de la pujanza industrial de Alzira cumple 75 años.

Sus promotores nacieron, vivieron y trabajaron en la vieja y entrañable barriada de La Vila de Alzira. Residían en el número 40 de la calle Santa Lucía. Tenían de vecinas a las monjas franciscanas del Colegio La Purísima, que entonces se conocía como «El Centro». Al otro lado de su vivienda, estaba la casa de los Pardo, propietarios de la serrería enclavada en la barriada de Les Barraques. En la esquina siguiente, aparecía el ultramarinos de Marcos Lencina, hoy casa de Alfredo Garés, alcalde que fue de Alzira-, y enfrente la vaquería de Pepita Montalvá, esposa del exportador de frutas, Ramón Flor.

El matrimonio Martínez-Motilla, tuvo cuatro hijos, dos varones y dos hembras; María Dolores, Pedro, María Teresa y Juan. El cabeza de familia, en 1945, en plena posguerra, decidió dedicarse a la compra de trapos viejos,para venderlos después de clasificarlos como materia prima para la fabricación de papel a empresas importantes como lo fueron, entre otras, la alcireña Papensa.

Al siguiente año, 1946, -hace 75-, amplió el negocio trasladándose a un edificio que, hasta 1936 en que fue quemado meses antes de dar comienzo la más ‘incivil’ de las guerras, era el convento de las monjas Lucías, «Les Llúcies», y al lado estaba el primer hospital de Alzira, que fue creado en 1337 por el arcediano Pedro Esplugues, señor de la Pobla Llarga, donde hoy se halla la sede central de Gestión Comercial y Administrativa del Grupo Martínez Cano.

Diez años más tarde, en 1956, la empresa creció en desarrollo y promovió una nueva planta de almacenaje, principalmente para eliminar los residuos de los sacos de materiales para la construcción. Mientras el fundador, Pedro Martínez, dedicaba su tiempo a organizar la compra de toda clase de desperdicios, su esposa, Lolita Motilla, se hacía cargo de los trabajos que se realizaban en el almacén.

La década de los años 60 del pasado siglo marcó una gran evolución y desarrollo de los Martínez Cano. Pedro, su hijo, después de cursar estudios en Gran Bretaña, se incorporó a la empresa, mientras que su padre viajaba constantemente por la península para la compra-venta de materia prima, los desperdicios, siendo admirado y respetado en las grandes y pequeñas empresas delsector por su seriedad comercial y formalidad. Tuvo, por otra parte, la virtud de enseñar a sus más directos colaboradores sus conocimientos y experiencias e infundir virtudes para ser un buen empresario.

Pero su labor se vio truncada el 22 de marzo de 1977, cuando a las seis media de la tarde, en el almacén de trapos donde antaño se ubicaba la fábrica de conservas de Enrique Oria Pelayo, mientras pasaba revista a algunas balas de mercancía, por causas desconocidas, se le vino encima una pila de tres balas de unos 430 kilos cada una. Le pilló de lleno y le aplastó el tórax.

Pedro Martínez Cano, de 57 años de edad, -dicen las crónicas de la época, «contaba con muchas simpatías en su ciudad natal, por lo que su muerte causó honda impresión en todos los locales, donde era muy apreciado por su trato y carácter cordial».

Fallecido Pedro Martínez, su esposa e hijos acordaron constituir una SA con el nombre del fundador y participada por sus cuatro hijos, renunciando la madre a participar en la misma.

Tras la mueerte de su padre, Pedro Martínez Motilla, nuevo responsable de la sociedad, trazó las líneas de actuación desarrollando la actividad en la importación de desperdicios de papel y textil, exportando los productos a países donde nunca nadie había llegado desde España, como Estados Unidos de Norteamérica, Japón, Escocia y Francia.

Por los conductos realizados con las fábricas de cartón ondulado y el recuerdo de su padre, Pedro Martínez Motilla, consideró interesante instalar una planta en el archipiélago canario. De este modo se constituyó, en Gran Canaria y Tenerife, Martínez Cano Canarias SL.

Finalizada la década de los años setenta del pasado siglo, independientemente de los almacenes de Alzira, se abrieron locales en Paterna y Cocentaina, en 1983; en Campello (Alicante); dos en la provincia de Madrid y, en 1985 en Alcalá de Guadaira (Sevilla) y, en 1996, preparó la apertura de otros almacenes en distintos puntos de la península.

En el 2003 se vendió toda la actividad de la península y la empresa se circunscribe a Canarias. En el 2012, no obstante, regresaron a su pueblo natal, Alzira, con la construcción de una planta de reciclaje de envases, Petclear, que en breve tiempo creará empleo a cerca de cien personas.

A todos cuantos formaron y forman el Grupo Martínez Cano, al recorrer juntos y muy unidos, estos caminos durante tres cuartos de siglo, les felicitamos en esta efeméride, no sin antes volver por un momento la vista atrás para retener en un grato recuerdo, a su fundador, Pedro Martínez Cano. ¡Feliz cumpleaños!

La foto que acompañamos corresponde a los inicios de la empresa. Los trabajadores posan junto al fundador, su esposa e hijos.

Exportaciones a EE UU a Japón, Escocia o Francia

El salto a Canarias supuso un hito para la compañía, que consolidó y disparó su crecimiento

A.Rovira. alzira

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