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Todo el dinero (y el poder) para la Reina

Durante más de un siglo, la monarca de la Corona de Aragón ejercía como señora del territorio e incorporaba los tributos a su patrimonio

Todo el dinero (y el poder) para la Reina |

Hubo una época, en los siglos XIV y XV, en la que Alzira no rendía cuentas ante un señor feudal en el sentido gramatical más estricto. Lo hacía ante una mujer. Concretamente, la reina de la Corona de Aragón. Durante este periodo, formó parte de lo que los historiadores denominarían la Cambra de la Reina, un conjunto de villas que formaban parte del patrimonio de la monarca. Esta circunstancia repercutía en las relaciones de poder que existían entre la aristocracia y la propia casa real.

Así lo expone la historiadora Lledó Ruiz Domingo en su trabajo «Les viles de la Ribera en la Cambra de la Reina (segles XIV i XV)», incluido en el volumen «Estudis sobre la història, la geografia i el patrimoni cultural de la Ribera del Xúquer» editado por Joan Català i Cebrià con motivo de la XVII Assemblea d’Història de la Ribera. Su trabajo huye, como ella misma indica, de la interpretación simplista de que las mujeres de la nobleza o la realizada no eran consideradas poderosas. Visión muy extendida hasta hace no demasiadas décadas.

La investigación realizada por la autora busca dejar constancia de la importancia de la reina consorte sobre el territorio, en este caso concreto de la Ribera a través del ejemplo de Alzira, que «resultó una parte fundamental de la dotación señorial que conformaba su patrimonio». A modo de contexto, hay que entender que la reina consorte en la Corona de Aragón «recibía por su matrimonio un conjunto de donaciones en dote y arras, conformadas por un número determinado de rentas, villas y jurisdicciones que convertían a la reina no solo en la consorte del rey, sino en una señora a nivel territorial de la Corona». Todo ello formaba lo que los historiadores denominaron la Cambra de la Reina, que no dejaba de ser su fondo económico particular.

Acceso a las Cortes

«La monarca construía y mantenía todo un aparato cortesano propio y que la rodeaba, reforzando su posición social ya que vinculaba la principal nobleza y oligarquía urbana a su figura y permitía mostrar su posición de superioridad», apunta Díaz. Durante aquellos años, la reina solía ayudar con el pago de las dotes de jóvenes doncellas de la oligarquía para fomentar los lazos de unión hacia su persona. No obstante, formar parte de la Cambra de la Reina implicaba la pérdida de algunos de los beneficios que reportaba ser villa de jurisdicción real, como es el caso de acceder a las Cortes, «un acto fundamental para garantizar sus intereses e intentar conseguir nuevos privilegios y derechos».

El primer documento que la historia cita para corroborar que Alzira formó parte de la Cambra de la Reina en los siglos XIV y XV es de 1329, momento en el que las rentas de la villa pasan a formar parte de su patrimonio. «Fue la reina Leonor de Castilla quien recibió esta donación por parte del monarca, Alfonso el Benigno, como arras por su reciente matrimonio», detalla la historiadora. Alzira no fue la única, ya que ocurrió lo mismo con Morvedre, Morella, Castelló o Xàtiva. La decisión generó no pocas reticencias entre las villas designadas para conformar el patrimonio de la reina, tanto es así que el rey emprendió acciones militares contra aquellas que no aceptaban a la reina como señora. Alzira entre ellas.

Leonor de Castilla ejerció como señora de Alzira hasta la muerte de su marido, momento en que Pere el Cerimoniós heredó la Corona. Tanto ella como sus hijos huyeron del reino y se inició un pleito. «El arbitraje lo dirimieron el infante Joan Manuel y el conde de Ribagorça, que resolvieron que Alzira y la resta de villas se reintegrarían jurisdiccionalmente al Real Patrimonio, mientras que las rentas se mantendrían para la reina Leonor», detalla Ruiz.

Disputas

Tras su muerte, otra mujer ejercería como señora de la capital ribereña a partir de 1359. «La siguiente titular de Alzira sería Leonor de Sicilia, tercera esposa de Pere el Cerimoniós y madre de los futuros Joan I y Martí I. Como se puede ver, algunas de las villas dadas por los monarcas como arras no pasaban inmediatamente a la consorte siguiente, sino que se esperaba hasta la muerte de la anterior propietaria. Evidentemente, estas mujeres, pese a quedarse viudas, no dejaban de ser figuras importantes y mantenían, gracias a su Cambra, un nivel de vida a la altura de su estatus social». La documentación histórica cifra en 21.500 sueldos la cantidad que percibía anualmente Leonor de Sicilia de Alzira. Tras su muerte, en 1375, las rentas alzireñas volvieron al patrimonio real, si bien se volvieron a ceder, dos años después, como donación de arras a una nueva reina, Sibila de Fortiá.

Esta última disfrutó de las rentas de Alzira hasta 1387, cuando murió su marido. Sus disputas con el heredero, Joan I, obligaron a Sibilia a huir de Barcelona. En esta ocasión, no conservó los impuestos de las villas que le pertenecían como reina, que pasaron a manos de la nueva monarca, Violant de Bar. Pese a quedar viuda, sí conservó sus privilegios, que no pasaron a la nueva consorte, Maria de Luna.

La situación cambió radicalmente con su fallecimiento, en 1431. Fue entonces cuando Alfons el Magnànim ya no dio rentas a su reina con el objetivo de reflotar la economía de la Corona. Con la anexión definitiva de Sicilia a la Corona de Aragón, fueron las villas de esta región las que integrarían la Cambra de la Reina.

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