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Pasaportes para el cielo

El historiador de Sumacàrcer Vicent Pons concluye, tras analizar 160 legajos medievales de Alzira, que los testamentos pretendían «ganarse el Paraíso»

El historiador Vicent Pons. | LEVANTE-EMV

El historiador de Sumacàrcer Vicent Pons, ha destacado que los testamentos medievales valencianos eran, antes que documentos de herencia, «pasaportes para el cielo». Pons, responsable del Archivo de la Catedral de València, ha detallado que la primera parte de estos textos se incluía este matiz «en caso de que la persona muriese repentinamente y no pudiese prepararse para la muerte» y reflejaba su voluntad de reconciliación con Dios y con los hombres poder ganarse el Paraíso», ha detallado el profesor.

Vicent Pons ha reflexionado en torno a la espiritualidad y religiosidad en la València bajomedieval a través de los testamentos de la época y ha apuntado que mientras «ahora el testamento es simplemente un documento mediante el cual alguien lega su herencia a unas personas o hace distribución de sus bienes», esa era «la segunda parte del testamento medieval» porque «la primera era un ‘pasaporte para el cielo’».

«Por ejemplo, el testador ordenaba que a su muerte se diese limosna a un número determinado de pobres o ser enterrado con el hábito de un franciscano o un dominico que viviesen en pobreza», ha detallado el profesor. Pons ha comentado que en el medievo se le daba «mucha importancia» a que la persona muriese «con lucidez, habiéndose confesado, comulgado y recibido la unción de los enfermos».

«Los fallecimientos repentinos de muchas personas por naufragios o accidentes de viaje, entre otros, llevaron a que se tomara el testamento como la voluntad de la persona ante una muerte imprevista», ha manifestado el responsable del Archivo de la Catedral de València. En esta línea, ha expuesto que «a lo largo de los siglos XIV y XV los testamentos aumentaron de forma desmesurada, tanto de hombres como de mujeres, y no solamente de personas de clase alta».

«Además, en el siglo XIV, a causa de las continuas epidemias, muchas veces el notario no quería ir a casa del moribundo para no contagiarse, por lo que se hacía un testamento oral, delante de tres personas que, al morir el testador, se dirigían al Justicia de la ciudad y comunicaban sus últimas voluntades», ha agregado.

Pons ha analizado en su estudio alrededor de 160 testamentos que se conservan en Alzira de entre finales del XIV y principios del XVI, y que se corresponden no solamente con los habitantes de esta localidad sino también de otras como l’Alcudia, Algemesí, Carlet, Carcaixent o Guadassuar.

«La espiritualidad que muestran estos documentos es muy cercana al franciscanismo, muy preocupada por la ayuda a los pobres, las obras públicas (dejando cantidades para lo construcción de un puente, por ejemplo, para que las personas cruzaran sin peligro de muerte el río); una espiritualidad de origen muy vinculada a la parroquia (aunque uno fuese de un pueblo, su referencia era la parroquia de origen de la familia, si sus padres habían nacido en otro pueblo); y a la onomástica», ha detallado Pons.

Así, ha comentado que «el que se llamaba Onofre, por ejemplo, dejaba mandado que se hicieran misas para su santo y si fundaba una institución, también le ponía su advocación».

Treinta misas de superstición

No obstante, el historiador ha explicado que no todo lo que se incluía en los testamentos fue visto con buenos ojos por la Iglesia. «En los testamentos de la época, por ejemplo, eran muy comunes las llamadas misas de san Amador, que tenían que celebrarse treinta días seguidos en el mismo altar y por el mismo celebrante, con treinta cirios encendidos», ha aseverado, al tiempo que ha resaltado que «el Concilio de Trento abolió estas y otros tipos parecidos de misas posteriores a la muerte del testador por considerarlas supersticiones, así como otras costumbres».

En la segunda jornada del encuentro académico de la Universidad Católica de Valencia, el profesor algemesinense de la Universitat de València Vicent Josep Escartí, habló sobre las profecías del eremita Joan Escuder en el siglo XV. Otros especialistas abordaron asuntos como la filosofía tardomedieval o el arte y espiritualidad como espejo del alma.

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