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«Te pones a pensar y ves que los no vacunados son los que ocupan la UCI»

«Pincharme es lo mejor que he hecho en mi vida», concluye

Elena, el pasado 27 de marzo, a la espera de su primera dosis en Xàtiva. | LEVANTE-EMV

Elena es profesora de educación infantil en un centro escolar de Tous. Su día a día transcurre entre más de una veintena de niñas y niños de 4 años con los que mantiene, obviamente, un contacto estrecho. Cuando llegó el momento de la vacunación, ella tuvo serias dudas, como otros muchos, pero finalmente ha reconocido la necesidad de inocularse: «A mis compañeros y a mí nos asignaron dosis de Astrazeneca y nos dieron fecha para la vacuna», indica. «Pero justo unos días antes de que nos tocara nuestro turno, se paró la vacunación dados los efectos secundarios que surgieron en algunas de las personas a las que se había administrado esa marca, con la aparición de trombos especialmente en mujeres que toman anticonceptivos, por lo que nosotras teníamos miedo», cuenta. «De hecho comuniqué a mi familia, amigos y compañeros que no me iba a vacunar», reconoce.

Las informaciones que los medios difundían respecto de las personas no vacunadas, cambiaron su opinión y se replanteó su negativa: «Empiezas a pensar y a informarte y ves que las personas no vacunadas son las que empiezan a ocupar masivamente la UCI», relata. Además, el hecho de estar interactuando a diario con niños pequeños, que no usan mascarilla y en un espacio reducido, le dio ese empujón para proceder a vacunarse: «En mi día a día tengo que estar con 22 niños de 4 años que no llevan mascarilla, con los que el contacto estrecho es inevitable. Te estornudan y te tosen en la cara y, claro, vives con miedo. Entonces tomé la decisión y decidí hacerlo. Eso sí, seguía con muchas dudas y reticencias», añade.

Psicosis colectiva

Tras haberse vacunado sufrió una especie de ‘psicosis’: «Durante los 15 primeros días tuve episodios de preocupación que contagié a mis compañeros de trabajo y aquello acabó con una ‘psicosis colectiva’, pues todavía había mucha inseguridad con la reacción de la primera dosis», indica. La segunda dosificación le generó, si cabe, aún más recelos: «cuando me tocó ponerme la segunda vacuna, seguían surgiendo problemas con Astrazeneca, por lo que me hicieron firmar un papel en el que debía elegir si quería mi segunda dosis con esa o con Pfizer», recuerda. Luego vino el desconcierto ante esa elección: «Me quedé perpleja porque considero que esa actuación por parte de Sanidad no fue la correcta, ¿quién soy yo para decidir qué vacuna es mejor para mí? Todo ello incrementó aún más mi inseguridad, pero ya que me había puesto la primera dosis, no podía echar marcha atrás», añade.

Por todos

A estas alturas, Elena es consciente de la importancia que tuvo su decisión: «Veo los datos, los ingresos en la UCI y el riesgo de morir por Covid en personas no vacunadas y la verdad, creo que vacunarme es lo mejor que he hecho en mi vida», afirma. Y es que según Sanidad, el riesgo de muerte por Covid-19 es veinticinco veces mayor en personas no vacunadas. La docente está satisfecha con su decisión y no solo por ella: «Es un bien común, debemos pensar en los que tenemos cerca. Yo tengo padres que son mayores y sinceramente estoy muy contenta de haberlo hecho. Además, en cuanto me toque ponerme la tercera dosis me iré de cabeza y sin pensarlo. Es importante vacunarse, por ti y por todos.», concluye.

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