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Tribuna

El sombrío panorama del campo valenciano

Asistimos a una situación sin precedentes en la historia de la citricultura española: precios extraordinariamente bajos (inferiores a los costes de producción), escasas operaciones de compra en campo, ritmo lento en la recolección e importaciones de cítricos en la Unión Europea procedentes de países terceros. Intentaremos analizar los distintos factores que han contribuido a alcanzar la situación actual.

Uno de los errores más perjudiciales para la citricultura ha sido la venta a resultas o a comercializar, que pese a ser alegal se sigue realizando. No hay compromiso de precio, de fecha de recolección ni de pago, salvo raras excepciones. Otro factor de enorme importancia fue la derogación, en 1986, de las Cámaras Agrarias que se crearon en 1977. Debe estar en la mente de los que hemos conocido su existencia la magnífica labor realizada en materia de infraestructuras agrarias, vigilancia de robos de cosechas, etc . Todo ello gestionado por los propios agricultores. El 24 de diciembre de 1986 fueron derogadas.

Otra guinda en el pastel fue el cambio de la PAC en el año 2009, por el cual la subvención dejaba de cobrarla la industria para hacerlo directamente el productor mediante el pago directo. Se absorbían en torno a las 700.000 t. de cítricos y se garantizaba un precio mínimo de 22 céntimos por kg. Con el sistema actual no existen esas ventajas. Finalmente entramos en el tema de producción nacional e importaciones de países terceros en la Unión Europea.

La citricultura española, y más concretamente la valenciana, tiene uno de los costes de producción más altos del mundo. Una hora de trabajo agrícola en Valencia cuesta lo mismo que una jornada entera en Sudáfrica. En Marruecos, Turquía y Egipto las cosas no son muy distintas, con lo cual, desde el punto de vista económico estamos en notable desventaja. Hay que añadir los incrementos recientes de los precios de los combustibles, fertilizantes, insecticidas, plásticos, etc. La superficie media de una parcela en Valencia es inferior a una hectárea, con lo cual la mecanización es muy problemática.

El Parlamento Europeo aprobó en el año 2016 la reducción de aranceles para las exportaciones a Europa de Sudáfrica en un 10 % anual, hasta alcanzar el 0 % en el año 2025. Al mismo tiempo, acordó ampliar el período de importaciones desde el 15 de octubre hasta el 30 de noviembre.

Hace falta incorporar nuevas variedades, sobre todo las conocidas como Premium, pero el coste de los plantones es tan elevado que está fuera del alcance económico de muchos agricultores. También sería interesante mejorar algunas variedades , como la Navelate, a través de la mejora genética, solucionando la alternancia de producción, el desprendimiento del fruto y la eliminación de las espinas. Es una variedad sumamente interesante y podría servir para reducir la producción de Navelina.

Por si esto fuera poco, recibimos nuevas plagas y enfermedades que nos están creando auténticos problemas. Un ejemplo grave lo tenemos con el cotonet de Sudáfrica (Delotottococcus aberiae), para el que no hay insecticida autorizado en España como el metilclorpirifos. Otra enfermedad grave es la mancha negra (Guignardia citricapa). También estamos amenazados con el Greening, bacteria que está destruyendo numerosas plantaciones en Florida y Brasil. Increíble pero cierto.

Intercitrus, IVIA, las Universidades, las Administraciones Públicas (europeas, nacionales, autonómicas, locales) y los propios agricultores y sindicatos agrícolas tenemos un excepcional reto para impedir el hundimiento del sector. A nuestro favor juega el hecho de que no solo somos capaces de producir cítricos de mayor calidad, sino que sabemos hacerlo con los más altos estándares de seguridad alimentaria y respeto al medio ambiente.

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