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El ‘cañonero’ que abre su bar a las 5 de la madrugada

Rubén Sánchez compagina su trabajo en Ibi con la élite de la Segunda División del fútbol sala

Rubén Sánchez, en el Palau d’Esports alzireño. | LEVANTE-EMV

Cada día, a las 4:40 de la madrugada suena el despertador. En apenas dos minutos de conducción, sin tiempo siquiera para escuchar con nitidez lo que cuenta la radio, llega a su bar. A las cinco, siempre puntual, sube la persiana, abre luces y comienza a servir los primeros cafés. Así inaugura sus mañanas Rubén Sánchez Izquierdo (Ibi, 1990), jugador del Family Cash Alzira Futbol Sala, más conocido como Rubi. Recientemente, ha sido padre por segunda vez, pero tampoco se queja. «Lo compagino lo mejor que puedo», dice sereno.

En la Segunda División ha de enfrentarse a equipos con una plantilla profesionalizada. Ha de redoblar su esfuerzo para ser competitivo. «La igualdad que hay ahora no la había vivido nunca», apunta Rubi. Y sabe de lo que habla: es su decimosegunda temporada en la categoría de ‘plata’.

Del estadio al pabellón

Con doce años, Rubi cambió el césped por el parqué. «Por aquel entonces en Ibi había muy buen fútbol sala de Segunda División, acudía siempre que podía con los amigos, en el pabellón se vivía un gran ambiente y decidí cambiarme», evoca el jugador. Y no le fue nada mal. En el último año de juvenil, destacó con su equipo y acabó jugando con el senior de su ciudad en Segunda. «Con el juvenil hicimos una buena temporada, ganamos la liga autonómica, fuimos al campeonato de España… En la segunda vuelta ya jugué con los mayores, el equipo luchó por subir a Primera, pero el club acabó desapareciendo».

En medio de esa incertidumbre, a final de temporada, recibió la llamada de ElPozo Murcia. «Era solo para probar un par de semanas, pero al final decidieron que me quedara; aprendí mucho, incluso compartimos entrenamientos con el equipo de Primera junto a Kike Boned, Wilde, Vinicius… fue un sueño», detalla. Después de una primera temporada de adaptación, a las puertas de la segunda, con las reservas de ilusión bien cargadas, se enfrentó a una lesión grave. «Me rompí el ligamento cruzado anterior y estuve un año sin jugar», lamenta antes de reconocer que la vuelta no fue fácil. «Incluso, ya recuperado, seguí con molestias, fue una pena terminar esa etapa así».

En el recién estrenado 2022 se cumplirá una década del cierre de ese capítulo más amargo. Desde aquella experiencia en Murcia, sus destinos han tenido algo en común: la cercanía a su lugar de residencia y a su negocio. Ha tenido que compaginar el trabajo con la vida deportiva, algo que, incluso, hace unas temporadas, le obligó a rechazar una oferta de Primera División. «Me hubiera gustado, pero no pude aceptarla. Lo primero es lo primero», apunta en su faceta más responsable.

La convivencia laboral y deportiva le permite, no obstante, consumir temporadas en la élite del fútbol sala español. Pasó por el Levante, jugó en el Hércules y, los últimos cinco años, ha defendido los intereses del Elche, hasta llegar a Alzira, del que «todo el mundo hablaba maravillas». «Tenía amigos aquí y pensaba que exageraban para convencerme, pero qué va, me están tratando genial, todo son facilidades, el club es muy familiar y lo da todo por la plantilla», recalca tras media temporada en la capital de la Ribera Alta. «Me convenció el proyecto; por distancia lo podía compaginar y no lo pensé mucho», confiesa Rubi. En alguna ocasión ha tenido que acudir al trabajo después del partido. «Suelo trabajar los domingos y, alguna vez, después de un viaje largo, de esos que llegamos bien entrada la madrugada, me he ido directo del bus al bar. Pero se hace con gusto, ya estoy acostumbrado».

Debutar a lo grande

A pocos días de arrancar septiembre, el Family Cash Alzira se presentó ante el Jaén de Primera División en un Palau asfixiado por el calor. Para caldear más si cabe el ambiente, Rubi se sacó un zapatazo con el que firmó su primera diana vistiendo la camiseta alzireña. «Fue un gol muy bonito para ese día, aunque puso el listón muy alto, ahora es difícil superarlo», bromea Rubi. Desde entonces, ‘el cañonero de Ibi’, como le apodan en las redes sociales, ha jugado todos los partidos y ha anotado siete goles dejando siempre un nivel de notable alto en la pista.

A las puertas de retomar la competición, la ilusión es plena, y no solo en la afición. «Es normal que la gente se ilusione, hemos hecho un final de primera vuelta muy bueno. Incluso nosotros nos ilusionamos, claro, pero la segunda vuelta va a ser mucho más complicada, con la experiencia de la primera, con equipos que se han reforzado y otras muchas variables», avisa Rubi, que, a pesar de ello, se muestra optimista. «El objetivo es la permanencia, pero trabajamos para estar lo más arriba posible, aunque suene a tópico, no renunciamos a nada».

El de Ibi, cuyo compromiso es intachable, seguirá encajando piezas para sincronizar todas las facetas de su esforzada rutina diaria de cara al segundo tramo de la competición. Del futuro no habla en exceso, aunque reconoce estar «muy a gusto en Alzira».

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