Harto de las dificultades que ha de superar para trasladarse desde el macrogeriátrico de la Conselleria de Igualtat i Polítiques Inclusives gestiona en Carlet, en el que reside, hasta la estación ferroviaria, hoy convertida en un apeadero de la línea 1 de Metrovalencia, José Rodríguez, decidió la semana pasada dar mayor visibilidad a su protesta y se interpuso entre el andén y la puerta del convoy. Con esta actitud, bloqueó la salida del vagón por espacio de diez minutos. El personal de la compañía y los viajeros se mostraron comprensivos con la demora. La mayoría se solidarizó con sus reivindicaciones. Los guardas de seguridad incluso le ayudaron para evitar que el discapacitado asumiera riesgos con el automatismo de apertura de las compuertas del convoy.

Este episodio, que no es un hecho aislado, evidencia los infraqueables muros -físicos y emocionales- que las personas con mobilidad reducida han de sortear para desplazarse por un mundo que sigue discriminándoles. La parada del metro en Carlet, pese a ser un servicio de transporte imprescindible para ese perfil de viajeros, no ha sido adaptada todavía a los usuarios que se mueven en silla de ruedas. Por ello, Jorge Rodríguez, que ha de desplazarse a menudo al hospital La Fe o al fisioterapeuta, ha de llamar una hora antes de llegar a la estación al teléfono que le ha indicado Ferrocarril de la Generalitat Valenciana (FGV) para reclamar que algún operario instale una rampa provisional que le permita acceder al vagón.

En algunas ocasiones, ha tenido que renunciar al viaje al no presentarse el auxiliar que debía ayudarle y ha tenido que recurrir a un taxi. Y muchas más veces su llamada de auxilio no encuentra respuesta. La semana pasada telefoneó repetidamente durante cai una hora. «Me encuentro desprotegido y desamparado al no poder acceder con libertad al transporte público», alegó en la queja que remitió a FGV el pasado 6 de octubre.

A primeros de diciembre también solicitó amparo al Ayuntamiento de Carlet, propietario del edificio que alberga la estación ferroviaria. «Cuando estoy esperando al metro no puedo acceder a la estación por falta de rampa y, cuando llueve y hace frío estoy al raso, me mojo y me congelo», detallaba a las autoridades locales para reclamarles la pequeña obra que le permitiría ponerse a cubierto en los duros días de invierno. De momento, sigue a la espera.

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El departamento de atención al cliente de FGV respondió a José Rodríguez siete días después de que el discapacitado remitiera su queja. «Lamentamos las molestias ocasionadas», se disculpaba después de presumir de que la red de FGV «figura entre las más accesiubles de Europa con un 98% de las estaciones adaptadas» No obstante le anunció que, entre las mejoras progresivas previstas, «en función de los medios disponibles», figura de la estación de Carlet.