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El frustrado zarpazo del comando etarra que pudo ser detenido en Algemesí

Gracias a la exposición de Levante-EMV, el entonces alcalde Emili Gregori recuerda el suceso que «inquietó» a la población durante días

Gregori observa la fotografía publicada en prensa. | A. PERALES /F. BUSTAMANTE

A lo largo de la vida política de un alcalde, son muchas las vivencias y anécdotas que se recuerdan. Para Emili Gregori, quien ostentó la alcaldía de Algemesí durante 26 años (1991-2007), una de esas que nunca podrá olvidar es la detención del etarra Aitzol Maurtúa, en la calle Covadonga. Tuvo lugar el 10 de junio del 2002.

Detenido frente al panel de la exposición de Levante-EMV, Gregori revive las horas de confusión, tensión y preocupación de esos días. Sin embargo, casi 20 años después, esos sentimientos se han quedado en el pasado para dar paso a una perspectiva positiva. «Lo recuerdo como un hecho heroico y no preocupante», responde rápidamente al preguntarle. «Es una anécdota».

Aquel día de calor, un Renault 19 estacionado —llevaba cuatro días en el mismo lugar sin moverse— alertó a un policía local. Fue el primer paso para descubrir que el vehículo tenía una matrícula falsa; pertenecía a un Seat 127 dado de baja en Barcelona. Tres cuartos de hora después del hallazgo, el etarra Aitzol Maurtúa entró en el coche; momento en el que el agente le pidió que se identificara y le solicitó la documentación del automóvil. Al detectar un movimiento extraño del individuo, el policía lo encañonó provocando su huida. Gracias a la colaboración de un vecino de 21 años, que lo interceptó en su intento de fuga, se consiguió la detención del terrorista. Su acompañante, Íñigo Vallejo, escapó.

«Cuando eres el alcalde de tu pueblo y te informan de un suceso así, como autoridad te preocupas, sobre todo por tus vecinos», explica con la tranquilidad del paso del tiempo, al mismo tiempo que recuerda cómo le afectaban personalmente las tragedias o desgracias que sufrían los vecinos. «Son personas que viven en tu pueblo».

«Recuerdo que lo primero que pensé fue si Algemesí o algún vecino eran un objetivo para ETA». Esa misma sensación se extendió entre los vecinos, que «compartían la inquietud» generada. A la mañana siguiente, Levante-EMV publicó un artículo con testimonios de testigos del suceso y todos ellos destacaban que el detenido gritó «Gora ETA» mientras era arrestado. Para contrarrestar la inquietud vecinal, el ayuntamiento quiso hacer hincapié en la efectividad de la acción policial. «Esta detención evidenció que la apuesta por las patrullas de calle era un acierto y que el cuerpo de la policía municipal estaba formado para detectar situaciones sospechosas», recuerda Gregori.

Otra de las preocupaciones del gobierno municipal fue la de preservar la identidad de los dos vecinos que hicieron posible la detención de Aitzol Maurtúa. «Había que ser totalmente discretos para proteger tanto al policía como al chaval que interceptó al terrorista».

Las pesquisas policiales y el interrogatorio al detenido, permitieron descubrir los 131 quilos de explosivo que el comando almacenaba en un «zulo» ubicado en un monte de Cortes de Pallás. Según la información publicada en este periódico el 13 de junio de 2002, el comando «no tenía ningún objetivo concreto. Pretendían detonar hasta seis coches-bomba en diferentes puntos de la costa. ¿El motivo? Sevilla acogía una cumbre internacional de la Unión Europea solo unos días después y pretendían que la serie de atentados prevista tuviera difusión en toda Europa.

Al final, Algemesí era solo «el lugar idóneo» para robar un turismo y convertirlo en coche-bomba. «Eligieron nuestro pueblo por ser un municipio suficientemente pequeño para que la vigilancia policial fuera leve y lo bastante grande como para que un robo no llamara la atención», concluye.

Al final, la hipótesis de los terroristas fue errónea gracias a un policía local y a un héroe inesperado que, 20 años después del suceso, siguen estando presentes en la memoria de los vecinos del municipio y, especialmente, en el recuerdo del que era su alcalde aquel 10 de junio del 2002.

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