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El alcalde de Alzira busca acuerdos que pongan fin al incivismo fallero

La gestión de residuos o el consumo de alcohol en la vía pública preocupan

Carpa fallera en la avenida Luis Suñer. PERALES IBORRA

En el equilibrio está la clave de la convivencia. Ni la celebración de una festividad debe dar carta blanca a sus integrantes, ni una fiesta popular puede alejarse de las calles y plazas. Alzira busca abordar ese preciso debate con el colectivo fallero, según ha manifestado el alcalde de la ciudad, Diego Gómez.

El objetivo del gobierno municipal es el de trabajar, de cara al próximo año y con la nueva junta local, para abordar los que se consideran los retos más necesarios que debe afrontar la fiesta. «Debemos realizar una reflexión sobre la ocupación que hacemos de la vía pública. También sobre la gestión de residuos. Además de emprender el debate sobre el consumo de alcohol en espacios públicos», explicó Gómez ayer a Levante-EMV.

El alcalde aseguró que la fiesta «ha evolucionado muchísimo» en los últimos años, aunque consideró que dicho progreso «debe continuar para adaptarse a las exigencias del siglo XXI». La búsqueda del equilibrio es el camino a seguir para alcanzar el objetivo del gobierno local: una fiesta sostenible en todos los aspectos. ¿Fallas? Sí. ¿Civismo? También. Gómez alabó el potencial de la fiesta, pero insistió en que el debate debe ponerse sobre la mesa. «Las Fallas seguramente sean la fiesta más importante de Alzira, mueven a miles de personas cada año. Este, además, ha sido especial, porque nos hemos reencontrado con la fiesta tras dos años complicadísimos. Pero eso no quita que debamos retomar el debate de las Fallas y el civismo. Aquí tenemos unos siete mil falleros. Lo que implica que hay treinta y pico mil personas que no lo son. Hay algunos aspectos que se deben racionalizar», defendió.

Uno de ellos es el de la ocupación de la vía pública. Por definición, una fiesta popular debe desarrollarse en calles y plazas. Pero ello no puede traducirse en molestias continuas para el vecindario. Los plazos de instalación de carpas y monumentos podrían ser un buen ejemplo, aunque no el único. Otro de los aspectos que el alcalde destacó fue el de la sostenibilidad medioambiental. Además del debate que existe, desde hace años, sobre el material con el que se realizan los monumentos, Gómez subrayó la importancia de gestionar mejor los residuos que se generan durante las fiestas josefinas.

Protocolo en la «cremà»

El consumo de alcohol en la vía pública es otra de las cuestiones que preocupan. Ya se abordó, no hace mucho, esta cuestión en la cabalgata multicolor. Aunque el problema va más allá de un solo acto. La normativa actual prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas en la calle, aunque esta parece quedar en papel mojado en el mismo instante en el que comienzan las Fallas.

El alcalde también insistió en que se deben «cumplir estrictamente los protocolos de la ‘cremà’». «Aquí no ha pasado, pero hemos visto en más de un pueblo cómo explotaban ‘ninots’ al ponerles demasiada gasolina. Nunca está de más ser escrupulosos con las medidas de seguridad», sentenció Gómez.

El debate está sobre la mesa. Y si con él se pueden conseguir unas fiestas más cívicas y que generen cada vez más adeptos, no debería despreciarse a la ligera.

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