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El Convent de Caputxins se degrada en Alzira sin la prometida rehabilitación

Se trata de dos elementos patrimoniales de gran valor a los que ningún gobierno municipal ha podido sacar partido

El claustro se reconvirtió en oficinas para el hospital, aunque ahora solo es otra estancia ruinosa (imagen de archivo). | VICENT M. PASTOR

Alzira nunca ha valorado su rico patrimonio. Una parte considerable languidece en un estado deplorable. La promoción de la ciudad rara vez ha ido más allá de las Fallas y la Semana Santa. Las dos fiestas movilizan cada año miles de personas. La ciudad no ha sabido aprovechar algunas de sus joyas arquitectónicas y/o culturales que confían no morir de inanición u olvido. Una de ellas sería el viejo hospital municipal Santa Lucía, que en otros tiempos formó parte del antiguo convento de la orden de los capuchinos fundado en el año 1602.

Una parte importante de la población de la ciudad y la comarca desconoce su relevancia. Y los poderes públicos ayudan poco a difundirlo y reivindicarlo. Esta es, de hecho, la única referencia sobre ese viejo monasterio que aparece en la guía turística que elaboró el ayuntamiento en la pasada legislatura: « Calle Hospital. Convento de Capuchinos fundado en 1602 por San Juan de Ribera, tras la Desamortización fue reconvertido sucesivamente en prisión y hospital. La Iglesia de La Encarnación, que data del s. XVIII, subsiste como parroquia, declarada Bien de Relevancia Local. Destacan el retablo cerámico de la fachada, los zócalos del interior y los pasos procesionales de Semana Santa».

Una información más bien escasa para la que, en mejores condiciones, podría ser una verdadera joya. No en balde, el antiguo hospital y la iglesia de la Encarnación configuran una manzana que coincide con los muros perimetrales del antiguo convento capuchino, el único de estas características que se conserva íntegro en la comarca. Con todo, son pocos los elementos que, de un rápido vistazo, pueden revelar la importancia del inmueble. De hecho, la fachada del viejo centro médico ofrece una imagen ruinosa.

Los elementos originales del convento quedaron ocultos por otros más recientes o, directamente, sobre ellos se edificó la estructura actual. El paso del tiempo devengó en el inmueble múltiples transformaciones, lo que dificulta conocer cuál fue su aspecto original. Sin embargo, todavía pueden apreciarse algunos elementos como el claustro, que fue cubierto durante su reconversión en hospital para albergar las oficinas. Otro de los espacios que mejor se ha conservado, a pesar del ruinoso estado general que presenta el inmueble, es un patio interior de grandes dimensiones que en el pasado sirvió de lugar de recreo al colegio de las Hijas de la Caridad. También es sabido que el refrectorio se convirtió en la sala de conferencias.

A pesar de las reformas llevadas a cabo en el vetusto cenobio, algunos de estos elementos presentan todavía su arquería y dimensiones originales. Y, debajo de capas de pintura, los expertos no han descartado la posibilidad de hallar los restos de los frescos característicos de los conventos capuchinos y franciscanos de la época.

El viejo hospital no siempre ocupó su espacio actual ya que en primer lugar se encontraba en la calle Mayor Santa María. Curiosamente, junto a otro convento, el de les Llúcies (de ahí se cree que podría derivar su nombre), que quedó destruído en 1936, con el inicio de la Guerra Civil. Un par de décadas antes, el centro médico municipal se ganó un lugar en la historia de la medicina mundial, ya que en él se inyectaron las primeras vacunas contra la tuberculosis, ideadas por el doctor Jaume Ferran. Ahí es nada.

El hospital de Santa Lucía estuvo activo hasta hace un par de décadas. En julio de 1994, el ayuntamiento lo cedió a la Conselleria de Sanidad para que se integrase en el Servei Valencià de Salut. Pese a ser un centro médico local, muchos vecinos de la comarca también hacían uso de sus servicios. El cambio de siglo y la llegada del Hospital de la Ribera le restaron protagonismo. En 2002, sus instalaciones se encontraban infrautilizadas al mantenerse únicamente el servicio de rehabilitación, la unidad de detección de cáncer de mama y el centro de drogodependencia.

Distintos gobiernos de diferente signo político reclamaron al ejecutivo autonómico que devolviese el viejo hospital para su recuperación, algo que llegó a rechazarse en 2014 al considerar que previamente se debía rehabilitar. Hasta en dos ocasiones ha anunciado un gobierno municipal que el Consell se involucraría en la recuperación del convento capuchino. En 2008, el consistorio que encabezaba Elena Bastidas aseguró que contaría con seis millones de euros de la Generalitat para rehabilitarlo. En su momento se habló, incluso, de que el edificio acogería un museo de la Semana Santa. Más recientemente, fue el concejal Fernando Pascual el que se congratulaba por haber firmado un convenio con el gobierno autonómico para la inyección de 4,3 millones de euros para el mismo fin. En caso de no cumplirse en el plazo pactado (cuatro años más prórrogas), el ingreso llegaría a las arcas municipales.

A día de hoy, el viejo hospital y el antiguo convento se encuentran en un estado lamentable, que no hace justicia a la importancia histórica y patrimonial del conjunto, que solo centra el debate político cada vez que el consistorio prorroga la deuda que arrastra el hospital, de 300.000 euros, con la Seguridad Social. Una cantidad pendiente de pago desde 1994 y que el ayuntamiento todavía tiene la esperanza de que se condone.

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