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El desplome de la rentabilidad de la miel amarga a los apicultores de la Ribera

Las intensas lluvias de los últimos meses también han perjudicado la producción anual

Apicultores en una explotación valenciana

El negocio de la apicultura lleva varios años en caída libre. Las importaciones procedentes de China, el aumento del precio de los carburantes y la climatología irregular han propiciado una situación de gran incertidumbre en el sector. En Montroy, municipio que alberga la feria valenciana de la miel desde hace 25 años, comprueban cada año con mayor preocupación que los artesanos que se dedican a esta labor, imprescindible para conservar el ecosistema, apenas logran subsistir, por lo que el futuro del sector se presenta cada vez más aciago.

La falta y el encarecimiento de las materias primas también está afectando al sector apícola. Al ser un negocio transnacional que trabaja acostumbrado a enviar la mercancía a distancias considerables, muy alejadas de las zonas de producción, la subida de los carburantes también ha repercutido sensiblemente en el incremento de los precios y el encarecimiento de las exportaciones, algo que no beneficia a los productores artesanos que convierten la calidad en su sello más distintivo.

Por contra, las importaciones que llegan de China entran en la Unión Europea sin apenas dificultad. «Cada país tiene una regulación diferente y la mayoría no son tan restrictivas como en España, por lo que resulta imposible competir con estos precios cuando el etiquetado no obliga todavía a explicitar cuál es el origen y su composición», lamenta Carles Galletero, director de la feria de la miel (Fivamel) que acoge Montroy, convertida cada otoño en la capital de la industria apícola.

Los apicultores pueden llegar a recolectar más de 30.000 kilos en un año. Con esta cantidad, en un mercado más proclive, podrían rentabilizar su producción con la venta directa, pero muy pocos llegan a vender una cantidad que les garantice unos ingresos aceptables. Muchos solo consiguen comercializar mil kilos, por lo que optan por vender la miel en bidones a grandes industrias a precios bajísimos. Por culpa de esta situación, según Galletero, «se está perdiendo la auténtica calidad de la miel para sustituirla por una alternativa «low cost» que no se sabe muy bien de dónde viene y cuál es su composición».

Durante el segundo fin de semana de noviembre, Montroy celebra Fivamel, en la que confluyen decenas de artesanos, dedicados a la alimentación y la cosmética, que exhiben ante el público los productos que crean gracias al «oro líquido» de las abejas. El pequeño municipio de la Ribera Alta es uno de los de mayor tradición apicultora de la provincia y lleva 25 años promoviendo con ahínco la feria. «Este año se espera una afluencia incluso mayor, siempre teniendo en cuenta la evolución de la Covid-19 y las respectivas medidas de seguridad que necesiten implantarse», explica Carles Galletero.

En anteriores ediciones, más de 50 stands pudieron mostrar al público las creaciones que tanto esfuerzo y tiempo llevan, aunque cada año se baten récords de asistencia y de puestos que solicitan un espacio para vender sus productos. A esta celebración acuden personas de diferentes lugares de la Comunidad Valenciana, incluso el ayuntamiento presta una línea de autobuses denominada «Operación Busmel», gracias a la cual se invita a grupos y asociaciones a eventos como almuerzos o meriendas, con la posibilidad de visitar las instalaciones.

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