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Alzira diseña el nuevo desarrollo urbano con perspectiva de género

El nuevo informe que exige la ley señala que el PGOU que tramita el ayuntamiento promueve un urbanismo «inclusivo» para todas las personas

Mujeres pasean junto a sus mascotas en una zona de crecimiento urbanístico de Alzira. | PERALES IBORRA

«Una actuación urbanística con perspectiva de género es aquella en la que toda la población puede hacer uso pleno de todos los espacios y recursos con independencia de su género y/o sexo». «La inclusión de la perspectiva de género en el urbanismo nos hace ver que todo lo que se venía entendiendo como algo neutral en relación con las personas en realidad se estaba planteando en torno a las necesidades, beneficios y funcionamiento de un determinado sujeto, ‘el hombre productivo’. Incorporar la perspectiva de género en el planeamiento urbanístico anima a pensar los espacios urbanos desde la diversidad de los grupos poblacionales que los habitan».

La larga tramitación de nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Alzira acaba de incorporar un nuevo estudio en cumplimiento de la Ley de Ordenación del Territorio, Urbanismo y Paisaje (Lotup): el Informe de Impacto de Género, elaborado por la firma Gestión de Activos Actua. Este concluye que los documentos que conforman la versión preliminar del Plan General Estructural de Alzira «tienen un impacto positivo en relación con el género, ya que promueven un urbanismo inclusivo para todas las personas, favorece el uso equitativo de espacios y equipamientos, promueve formas de desplazamientos accesibles y contribuye a la seguridad y accesibilidad de los equipamientos y viviendas».

La normativa establece que las políticas y planes de las administraciones públicas en materia de urbanismo y ordenación del territorio deben incluir medidas que permitan hacer efectivo el principio de igualdad entre personas y, en el caso de la perspectiva de género, cumplir aspectos clave como la combinación de los usos para hacer confluir en condiciones de igualdad las cuatro esferas de la vida cotidiana, que enumera como productiva, reproductiva, política y personal; contemplar la sostenibilidad como eje transversal o emplear el concepto de ciudad cuidadora, es decir, que el espacio urbano, la movilidad, el transporte público, la accesibilidad, la seguridad, el equipamiento y el diseño de las viviendas estén en función de las personas y la vida cotidiana.

La perspectiva de género en el urbanismo debe asegurar que la planificación se realiza desde un planteamiento humanizador de forma que se consideren las necesidades de las personas en todas las etapas de la vida, favoreciendo la autonomía y el enfoque de la diversidad, con el objetivo de mejorar la experiencia vital no solo de las mujeres. Con todo, el estudio señala que la seguridad es uno de los factores con mayor incidencia en la movilidad de las mujeres -y el único exclusivamente femenino- y que esta puede depender en buena medida del diseño urbano.

El plan señala que la ordenación de los nuevos espacios debe identificar y suprimir todos aquellos lugares que se puedan considerar como no seguros, atendiendo a los criterios de percepción de seguridad de la diversidad de las mujeres, por lo que aboga por establecer una iluminación adecuada y suficiente, sobre toda en las zonas que se prevean poco transitadas; aprovechar las nuevas tecnologías surgidas en el marco de la Smart City como las cámaras, sensores o alarmas como forma de garantizar la seguridad y optimizar el tiempo de respuesta de las fuerzas de seguridad en caso de una agresión a mujeres o menores, e incluso plantea la conveniencia de promocionar el uso de las viviendas compartidas entre mujeres mayores y otras jóvenes de colectivos vulnerables con el fin de facilitar el acceso a la vivienda y combatir la soledad no deseada.

El PGOU de Alzira resultante de un proceso de revisión que arrancó hace casi 16 años ha dejado por el camino las grandes urbanizaciones que se plantearon en los años del «boom» urbanístico para apostar por una ciudad compacta que localiza los nuevos desarrollos en torno al núcleo urbano consolidado, aunque aún genera suelo para más de 3.800 viviendas, de las que cerca de 600 se localizan en la Barraca.

Desde el punto de vista residencial, las mayores zonas de expansión se localizan junto al sector Hort de Galvañón (1.471 viviendas) y el Hospital de la Ribera (890). Se mantiene el sector Camí de la Perrera (400) y se amplía el sector Torretxó con el proyecto de viviendas bioclimáticas (468). A esta oferta de suelo residencial hay que añadir el sector Tulell, ya urbanizado pero con un índice de ocupación mínimo.

El Informe de Impacto de Género señala que la perspectiva de género se tiene que aplicar «tanto a la materialidad física de los espacios urbanos como a la sociológica y cultural» por lo que señala que la planificación urbanísitca debe evitar la dispersión de equipamientos de forma que se reduzca la movilidad y debe garantizar la seguridad en los desplazamientos.

En este apartado, si bien reconoce la ausencia de datos, señala como los distintos roles de hombres y mujeres provocan grandes diferencias por lo que respecta a la movilidad cotidiana por cuestiones no laborales, que también varían mucho con la edad, y señala la seguridad como un aspecto clave. Con la aplicación de la perspectiva de género se pretende crear una ciudad «exenta de zonas marginales, de exclusión social, de dotaciones públicas sin uso o de barreras arquitectónicas». «En el diseño y uso de los nuevos espacios públicos se debe conseguir que se eviten las desigualdades, se aumente la autonomía de las mujeres, de los niños y niñas y de las personas mayores», señala el informe.

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