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La abundancia de jabalíes causa cada vez más daños en el campo

La pandemia y el clima agravan el problema al promover su expansión sobre el territorio

Una parcela agrícola de la Murta (Alzira), con la tierra removida y repleta de socavones por la acción de los jabalíes. | VICENT M. PASTOR

Su expansión no cesa y ya se deja ver, cada vez más, en lugares poco habituales. El jabalí lleva por el camino de la amargura a los agricultores, ya que la población de este animal se ha incrementado en los últimos años y, en consecuencia, los desperfectos que genera en los cultivos. Grandes agujeros en la tierra, árboles dañados o instalaciones de riego por goteo destrozadas son algunos de los problemas a los que los productores agrícolas se enfrentan.

El pasado mes, todos los medios de comunicación se hicieron eco de un suceso, cuanto menos, curioso. Un jabalí salió del mar en Alfàs del Pi y atacó a una bañista. Mientras para la gran población supuso una sorpresa, para el colectivo de agricultores representó la confirmación de lo que han alertado durante meses: la plaga que representa este mamífero se ha descontrolado.

«Antes me encontraba algún jabalí de vez en cuando, ahora es habitual verlos con frecuencia cerca del Xúquer en zonas de Riola, Albalat o Polinyà. Incluso en los arrozales de Sueca», explicaba ayer a Levante-EMV Fernando Durá, miembro de la ejecutiva de la Unió de Llauradors y agricultor en la comarca. Idea que reforzó Bernardo Ferrer, vicepresidente segundo de AVA: «Las piaras han crecido tanto que necesitan colonizar nuevos espacios para obtener agua y alimento. Los barrancos y los ríos son como autopistas. Ya no está solo en las montañas. Se mueven hacia la costa o se dejan ver en algunos pueblos».

Durà pone en cuestión las políticas autonómicas. «Las prohibiciones hacia la caza son un verdadero problema, se limitan las esperas y la franja temporal en la que se realizan cuando lo que necesitamos es lo contrario. Parece que algunas personas no se darán cuenta de lo grave que es el problema hasta que aparezca un jabalí en la plaza del Ayuntamiento de València», manifiesta.

Por su parte, Ferrer coincide en la crítica contra la gestión política, aunque añade otros factores que explican su expansión: «Hace siete u ocho años se dijo que la naturaleza se tenía que regular, pero el jabalí no tiene depredadores. Ahora se ha encontrado, además, con un clima que propicia que tenga dos camadas en vez de una. Los incendios forestales reducen su hábitat natural. Por ejemplo, tras el de Carcaixent, muchos hallaron cobijo en la Murta, donde están resguardados al ser un paraje protegido. Y, claro, la menor presencia humana durante la pandemia también ha contribuido a esta sobrepoblación. La inacción política no ayuda, pero aquí vamos sumando pequeñas cosas y al final este es el resultado», explica.

«Como un rally»

Ambos coinciden en que es necesario «recuperar el equilibrio». «Los conejos o los jabalíes cumplen su función en los ecosistemas, pero hay que buscar un punto medio en el que su supervivencia y la agricultura coexistan», comenta al respecto Ferrer.

Las consecuencias se observan en las parcelas agrícolas de la comarca. Y el número de productores afectados no para de crecer. «Se ha pasado de avistamientos ocasionales y poco molestos a problemas cada vez mayores», subraya Durá, que añade: «Es muy frustrante ver cómo han realizado mil agujeros, que después te subes al tractor y tienes la sensación de que compites en un rally».

Los daños no son únicamente superficiales, pues en su perforación de la tierra afectan a las raíces de los árboles y también a las instalaciones de riego por goteo. «Las gomas quedan destrozadas. El jabalí ha aprendido que ahí hay agua. En épocas como esta, en las que hace un calor extremo y llevamos muchos días sin lluvias, escuchan cómo las gomas riegan los campos y van a por ellas», concluye Ferrer con amargura.

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