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Los seguidores del vidente regresan a Alzira: "Cada uno es libre de creer"

Varias decenas de fieles se reúnen en el Racó de les Vinyes y defienden que el "padre Ángel" ya predijo hace décadas la guerra de Ucrania

Tres feligreses acceden por la montaña al altar al que acudía periódicamente el «padre Ángel». | ÓSCAR GARCÍA

Como cada 15 de agosto, varias decenas de seguidores del conocido como padre Ángel Muñoz, quien ya no acude al lugar debido a una enfermedad, se volvieron a concentrar ayer en un montículo del Racó de les Vinyes de Alzira bautizado por los propios asistentes como el Monte Santo, para rezar y volver a escuchar los mensajes que supuestamente la Virgen de los Remedios hacia llegar a través del vidente.

Alrededor de las 18 horas llegaban los primeros seguidores de diferentes rincones. Las altas temperaturas no impidieron que personas de distintas edades, la mayoría de avanzada edad, ascendieran por el empinado camino montañoso para escuchar el «mensaje». Una de ellas manifestaba que «la Virgen ya predijo la guerra en Ucrania y nos avisaba de que teníamos que consagrar a Rusia». Añadía: «La Virgen, a través del padre Ángel, nos advierte de todos los males que están ocurriendo en el mundo. Ella ya sabe todos los problemas».

La escena se repite mensualmente desde los años 80 en el Racó de les Vinyes. A lo largo de la tarde, los asistentes acudieron a este enclave para escuchar el mensaje de la Virgen, que supuestamente habla a través del padre Ángel Muñoz, el vidente que lidera el movimiento. La mismas peregrina exponía que «sigue muy malito porque él también ha pasado sus angustias». En este sentido, indicaba que «todo santo lleva su cruz y cada cruz lleva su santo».

Los fieles reconocían que la pandemia no les ha impedido seguir acudiendo al lugar. «Cada uno es libre de creer en lo que quiera y, por ello, la gente ha seguido viniendo como ocurre en todos los lugares en los que se ha aparecido la Virgen», reconocía. Algunos de ellos todavía portaban sus mascarillas, a pesar de encontrarse al aire libre, en pleno monte.

La tradición va más allá, ya que, a pocos metros del lugar de reunión, los fieles han instalado una especie de santuario con varias estampas y oraciones para la Virgen. Han transformado un antiguo contador de electricidad, que han pintado de color azul cielo. En él han pintado aves y nubes de color blanco. Se pueden leer los mensajes «Dios te ama» y «Monte Santo», este último acompañado de una flecha que indica el acceso al lugar de rezo.

Un ritual inalterable

Las decenas de personas que acuden al improvisado altar son una minúscula parte de lo que fueron, pero fallan poco a su cita, que es mensual pero adquiere un tinte especial en un día tan simbólico como el de ayer. Y su hábito apenas varía. Lo que para algunos puede parecer un ritual extraño, para los allí presentes se enmarca en la más absoluta normalidad. Y aunque se manifestaron abiertos a nuevos visitantes, se muestran recelosos ante miradas ajenas. El reducto de feligreses toma asiento o se arrodilla cuando se anuncia el rezo. Sus plegarias, rosario en mano, preceden a la enumeración de los cinco misterios gozosos que tratan sobre el anuncio y la infancia de Jesús. Aunque lo que de verdad mueve su fe es la posibilidad de oír alguno de los mensajes del autoprocalamado «vidente».

En su momento, Ángel Muñoz reunió a miles de personas a su alrededor tras una supuesta aparición de la Virgen, y todavía hoy traslada a sus fieles las predicciones que le transmite, las cuales se escuchan amplificadas en la pequeña explanada. Habitualmente son malos augurios que, durante décadas, los asistentes han registrado en grabadoras o teléfonos móviles.

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