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El calor y las lluvias auguran un repunte de la plaga de mosquito tigre

Los expertos alertan de que se dan las mismas condiciones que a las puertas del verano obligaron a realizar tratamientos de choque en la Ribera

Un operario controla la plaga del mosquito tigre en un imbornal de la plaza Major de Alzira, en una imagen de archivo. | LEVANTE-EMV

Nada hace presagiar que las cálidas temperaturas vayan a desaparecer pronto. Del mismo modo, se prevé un inicio de otoño lluvioso. Dos factores que, combinados, auguran un repunte de la población del mosquito tigre en la Ribera.

Un escenario que recuerda, claro, al de las semanas previas al verano. «Ya tuvimos una primavera muy lluviosa con temperaturas óptimas para el desarrollo de las plagas de mosca negra y mosquito tigre», recordó Rubén Bueno, director técnico y responsable del departamento de I+D en Lokímica, empresa que gestiona los tratamientos periódicos contra mosca negra y mosquito tigre en la comarca a través del Consorci de la Ribera. De hecho, fue necesario reforzar su presencia en lugares críticos para frenar su expansión.

Y con agosto llegando a su fin, la historia se repite. «No podemos bajar la guardia. El calor va a continuar con nosotros y ya miramos de reojo la posible llegada de precipitaciones. La combinación entre temperaturas cálidas y lluvias puede traer consigo repuntes de las plagas», destacó el experto. Por tanto, hasta que no baje el mercurio, pueden detectarse nuevos focos. En el caso del mosquito tigre, sucede sobre todo en el ámbito privado, ya que los tratamientos regulares que se realizan en cada municipio solo abarcan la vía pública. La mosca negra, por su parte, se beneficia al encontrarse ríos más caudalosos o acequias de riego con gran actividad.

Solo un descenso de las temperaturas garantiza una menor proliferación de estos molestos insectos. «Es cierto que la larva de mosca negra mantiene su actividad durante todo el año, lo que obliga a realizar tratamientos siempre, pero su ciclo biológico es más lento», explicó Bueno, que añadió: «En el caso del mosquito tigre, lo habitual es que realice una última puesta de huevos alrededor de la segunda quincena de noviembre. Su ciclo se pausa y esos huevos pueden resistir medio año, incluso en condiciones adversas, y eclosionar en primavera. Es un insecto que sabe perfectamente que cuando se acortan los días y se reduce la luz debe resguardarse».

Refuerzo de tratamientos

A pesar de que ambos insectos encontraron en las semanas previas al verano un caldo de cultivo espléndido para su desarrollo, la afección durante la época estival ha sido inferior a la media. «El refuerzo de tratamientos en primavera y la ausencia de precipitaciones han contribuido a que su presencia en la comarca haya sido menor», indicó el biólogo.

«Por ejemplo, durante las revisiones hemos detectado muchos imbornales secos, donde el mosquito tigre no puede proliferar. Los puntos de cría en la vía pública se han reducido, aunque siempre aparecen focos en el ámbito doméstico, en zonas de riego por goteo o jardines. La mosca negra necesita estar bajo el agua en zonas donde fluye, por lo que si hay sequía y los ríos pierden caudal, sufre», añadió.

Un verano tranquilo, precedido por una frenética actividad de las molestas plagas, y al que puede seguir otro periodo de proliferación similar al primaveral. Por ello, los expertos y las administraciones públicas instan a la ciudadanía a evitar acumulaciones de agua estancada en chalés, jardines o balcones para evitar que el mosquito tigre encuentre facilidades para su reproducción.

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