La naturaleza a veces nos sorprende y más aún desde que estamos inmersos en lo que se ha dado en calificar como cambio climático. Los vecinos de la entidad local menor del Perelló se despertaron ayer con la sorpresa de que en la playa, cerca de una de las «golas» de la Albufera que desembocan en el mar, habían aparecido algunos ejemplares de pingüino.

Eso es lo que imaginaban al ver el aspecto de aquellas pequeñas aves, tan impropias de la costa mediterránea española. En realidad no se trataba de la especie que habita el Ártico sino de un ave mucho más adaptada a la costa inglesa o escandinava. Los expertos consultados se inclinan a pensar que se trata del «alca común», lo que viene a ser los pingüinos europeos. Son similares a los frailecillos.

Biólogos consultados por este periódico han afirmado que «se puede dar la circunstancia de que en algún momento determinado se acerquen a la costa mediterránea aunque no es ni lo más normal ni lo más habitual». Es un ave propia de los acantilados del Atlántico Norte. Muchos han sido los curiosos que se han acercado a la playa de El Perelló para poder contemplar la insólita presencia de unos visitantes tan especiales.

Y tampoco parece tratarse de un caso aislado. Agentes rurales de la Generalitat de Cataluña han avistado medio millar de ejemplares de alca torda en el litoral gerundense y en el Maresme en los últimos días. Los especialistas que los han analizado aseguran que se encuentran débiles y destacan que muchos de ellos presentan signos evidentes de pérdida de masa muscular.

La razón por la que han llegado a la costa mediterránea peninsular es una incógnita. Algunos aventuran que han venido arrastrados por vientos muy fuertes.