Tres generaciones de mujeres de una familia superan los cien años en Alfarp

Vicenta Ortega, conocida como Basilisa, alcanza el siglo de vida después de que lo hicieran también su madre y su abuela. Señala como claves de su longevidad la alimentación sana y la actividad

Vicenta, con un nieto, en la celebración del cumpleaños.

Vicenta, con un nieto, en la celebración del cumpleaños. / Levante-EMV

Rubén Sebastián

Rubén Sebastián

El secreto de la longevidad se halla en Alfarp. Al menos en una familia muy concreta e, hilando más fino, entre sus mujeres. Vicenta Ortega Torondell celebró los 100 años el 15 de abril. No es la primera de la saga que lo logra. Será la genética. O los hábitos saludables. Antes ya lo hicieron tanto su madre, que alcanzó los 104, como su abuela, que falleció medio año después de cumplir un siglo. A ellas se podría sumar también Lucía, la hermana de Vicenta, que tiene 97. Una circunstancia que genera incluso bromas. «Yo siempre digo que mi madre llegará a los 108, para mantener la progresión», comenta entre risas su hija, Alicia. 

Si bien Vicenta es su nombre tal y como figura en el Registro Civil, de esta circunstancia se enteró de adulta. Siempre se la conoció como Basilisa, al coincidir su nacimiento con la conmemoración del santoral. Y de hecho, así fue bautizada. Aunque es alfarbina de nacimiento, residió en el barrio valenciano de Torrefiel desde 1957. Allí regentó, junto a su marido Jaime, un conocido ultramarinos, J. Barberá. Más allá de su tienda, ubicada en la calle Marqués de Montortal, «todo era huerta». 

Vicenta junto a su madre, el día que cumplía 104 años.

Vicenta junto a su madre, el día que cumplía 104 años. / Levante-EMV

Si hay algo que defina a Vicenta, incluso con la centuria recién cumplida, es que es un culo de mal asiento. O como la define su hija, «un rabo de lagartija». Su día a día está repleto de actividad, aunque esta ha menguado, especialmente tras la pandemia. «Ella siempre se ha encargado de su casa, pero cuando ya vimos que se suspendían las Fallas nos mudamos al apartamento en El Puig porque pensábamos que estaría más resguardada y aquí continuamos», comenta Alicia, que añade: «Ahora es más dependiente, una chica la ayuda desde que tuvo la caída. Va detrás de ella para que haga la cama como a ella le gusta. Pero aún quiere fregar platos o a coser, siempre le ha encantado la moda y las prendas coloridas, a mi me dice que me visto de forma aburrida».

Concursos con los que ejercitar la mente

A sus cien años, sale un par de veces al día a pasear por la playa. Además, es una fanática de los concursos televisivos, con los que ejercita la mente. Y sus hábitos alimenticios son de lo más sanos. Las ensaladas (y la verdura) le pirran y ha huido siempre de los atracones. La siesta tampoco falta.

La afición por la natación le llegó tarde. Vicenta atendió a Jaime y a su madre cuando la salud de estos lo requirió. Siempre decía que «cuidaba de gemelos». Sin embargo, poco después de cumplir ochenta los perdió a ambos. Desde entonces, ha sido una usuaria fija de la piscina del barrio. Ya fuera allí o en la playa del Puig, ha nadado los últimos veinte años. «Mantenerse tan activa y relacionarse con otras personas le ha dado la vida», coinciden sus hijos.

Además, Vicenta puede presumir de ser toda una viajera. Con 91 años, o los segundos 19 como le gustaba decir a ella, se fue junto a su familia a París. En autobús. Disfrutó como nadie de la capital francesa y del parque de atracciones de Disney. Un año después, sorprendió a los guías turísticos de media Europa durante su estancia en Praga, Viena y Budapest. Mientras algunas personas se quejaban de caminar demasiado, Basilisa encabezaba el grupo sin rechistar. Y hace un lustro realizó el Camino de Santiago, «aunque en coche», matiza.

Vicenta Ortega siempre ha sido una mujer de mentalidad abierta y muy activa. Cualidades que heredó de su madre y su abuela. Precisamente, cuando a su madre, conocida como la Pachera, le preguntaban qué había hecho para llegar a los cien años decía que «trabajar mucho». A sus 103 años no dudó a la hora de ir a votar en las elecciones generales del año 2000, pues bien sabía lo que había costado ese derecho. Las tres generaciones vivieron, en diferentes edades, los horrores de la Guerra Civil y la dictadura y han destacado por ser muy trabajadoras. «Para la familia, es todo un orgullo», apuntan los hijos de Basilisa.

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