Carcaixent duda que pueda recuperar el sueldo que debe devolver el tránsfuga
Units, una de las formaciones que ha logrado condenar judicialmente a Juan Albert, lamenta que la sentencia no pueda ahora cumplirse

Juan Albert / Levante-EMV
Juan Albert culminó el pasado mes de junio una larga trayectoria como concejal de Carcaixent que inició en 1999. Primero recaló en Unión Valenciana y luego compareció ante las urnas con otras cinco plataformas electorales que le permitieron gobernar insdistintamente con partidos situados a la izquierda o la derecha. Y su final ha sido tan llamativo como su extenso y variado historial político. El TSJ le ha condenado por tranfuguismo a devolver casi 40.000 euros del sueldo que le concedió el último gobierno de Compromís y PSPV, aunque pocos confían en que pueda cumplir la sentencia. Albert está jubilado y nadie cree que pueda hacer frente a ese desafío económico.
Ana Calatayud, portavoz de Units per Carcaixent, que junto al PP denunció el transfuguismo de Albert ante los tribunales, lamentó en el pleno municipal celebrado el jueves que la Justicia «haya sido tan lenta porque ahora no vamos a poder cobrar ni una peseta de lo que se le reclama». Y nadie más quiso tomar la palabra.
Juan Albert promovió junto al exalcalde UV Rafael Navarro un partido independiente de vida efímera que se llamó Alternativa Valenciana. Y en las legislaturas posteriores comenzó el baile de siglas: PSICV, PSD, Gent de Carcaixent y Ciudadanos hasta convertirse en el aliado perfecto de los partidos que pretendían la alcaldía. Colaboró estrechamente con Lola Botella (PP) y luego tampoco tuvo reparo que apoyar a Paco Salom (Compromís).
«Soy Juanito alcalde»
«Yo cada cuatro años me presento por un partido diferente pero lo importante es mi marca. Yo soy ‘Juanito alcalde’ y así me conocen por Carcaixent, porque yo soy un político de calle», admitió a Levante-EMV en aquel momento al ser preguntado por su habilidad para cambiar de bando.

Albert, junto a sus excompañeros de Ciudadanos. / Vicent M. Pastor
Su gestión como gobernante también ha sido polémica. Cuando ya gestionaba el área de Servicios Públicos y era el responsable de la empresa municipal Procarsa se vio forzado a renunciar a sus delegaciones un par de semanas después de ser descubierto saltándose el confinamiento impuesto durante la pandemia del coronavirus. Él, sin embargo, atribuyó su dimisión a «circunstancias personales». «Mi forma de hacer política es la calle», proclamaba con orgullo. Genio y figura.
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