Alzira

La soledad no deseada se extiende a los enfermos mentales y migrantes

Alzira acoge un proyecto pionero para detectar a las personas vulnerables y ofrecerles herramientas que refuercen sus habilidades sociales y autoestima

Alzira es la primera ciudad de la provincia que implanta medidas contra la soledad

Alzira es la primera ciudad de la provincia que implanta medidas contra la soledad / Ana Gómez

A. C.

Mitigar la soledad no deseada es uno de los grandes retos del siglo XXI. Por muy paradójico que se antoje, justo cuando la tecnología ha universalizado las comunicaciones y resulta más fácil interconectarse cuesta mucho más relacionarse y mantener los vínculos que durante siglos han tejido los lazos familiares e intergeneracionales. Cada vez hay más ancianos que viven solos y esa sensación de aislamiento se ha extendido entre otros sectores igualmente vulnerables: los enfermos mentales, mujeres víctimas de violencia de género y los inmigrantes, que encuentran muchas dificultades para salir de ese enclaustramiento involuntario en el que viven. Cruz Roja ha propiciado que Alzira sea el primer municipio de la provincia que desarrolla una estrategia para paliar esa situación de desamparo.

La Casa de la Cultura fue ayer el epicentro del primer encuentro comunitario que buscaba propuestas para reducir la soledad no deseada. Participaron expertos, afectados y responsables de entidades dispuestas a romper esa dinámica que tanto desgaste emocional provoca. El objetivo es afinar la detección de los síntomas, prevenir las situaciones de riesgo, potenciar la autonomía de los afectados y retrasar la aparición de los efectos más perniciosos, que siempre afectan a las personas más vulnerables

Algunos de los asistentes al encuentro celebrado ayer en Alzira

Algunos de los asistentes al encuentro celebrado ayer en Alzira / Ana Gómez

Incomunicados

Cada vez hay más personas mayores que viven solas. Las parejas jóvenes trabajan por imperiosa necesidad y muchas veces se instalan, también por razones laborales, muy lejos de la vivienda paternal. El contacto, incluso por vía telefónica, escasea y la sensación de vacío se instala en las casas que ocupan sus progenitores. Es la televisión la que más habla, pero desaparecen las conversaciones interactivas. Y el problema se agrava cuando surgen los primeros grados de dependencia. Los departamentos municipales de Servicios Sociales ayudan, pero se ven incapaces de atender toda la demanda. 

Pero esa separación que conduce al aislamiento social ha dejado de ser un problema exclusivo de los ancianos porque cada vez hay más personas jóvenes que también la sufren. Muchos inmigrantes tardan meses en encontrar nativos con los que relacionarse. Su única salida es frecuentar los espacios urbanos que ocupan los extranjeros en busca de la información más básica para sobrevivir en una sociedad hostil que prefiere vivir ajena a esos guetos.

Uno de los talleres que mostraba ayer los recursos disponibles para personas que viven aisladas.

Uno de los talleres que mostraba ayer los recursos disponibles para personas que viven aisladas. / Ana Gómez

«La tecnología nos ha llevado a relacionarnos a través de las pantallas, el contacto personal ya es infrecuente y a determinados colectivos cada vez les suena menos el teléfono pese a que las personas mayores necesitan que les hagan caso, que alguien esté pendiente de sus necesidades y agradecen como pocos los gestos de afecto y estima que reciben porque les reconforta percibir que ellos siguen siendo importantes para nosotros», aclara Ana Terrés, responsable del proyecto CRECE que se desarrolla en Alzira

En ocasiones bastaría con encontrar a un vecindario más receptivo. Los clubes de jubilados ayudan a mitigar los efectos de la soledad. En Alzira también existen dos centros de convivencia, centros de día y una oferta de actividades socioculturales que invita a abandonar el aislamiento para tejer nuevas redes de socorro mutuo que eviten afecciones a la salud física y psicológica por falta de movilidad, desánimo o melancolía.

Taller de alimentación

Taller de alimentación. / Ana Gómez

En busca de empatía

Los enfermos mentales también padecen su propio destierro. A las dificultades que encuentran para contactar con un mundo cada vez más deshumanizado se añaden los efectos de su baja autoestima. Les cuesta socializar en un mundo que vive de espaldas a ellos. Es otra lacra de efectos muy perniciosos que crece exponencialmente. «Necesitan que la sociedad sea para ellos más empática», condensa la psicóloga Patricia Peris.