Riola exhibe la mayor colección de motos valencianas
Una tercera parte de las 170 unidades que se muestran se fabricaron y comercializaron en los años cincuenta en la provincia de Valencia

Parte de la exposición de motos en realizada por Vicente Santiago y su hijo Raúl / Levante-EMV
Josep Cortes
Riola acoge hasta el 11 de agosto la mayor colección de motos clásicas valencianas, una exposición que reúne 170 modelos, de los que 38 son nuevas incorporaciones añadidas a la tradicional muestra bianual. De la Comunitat Valenciana se registran casi 50 motocicletas. La marca Villof, cuyo fabricante era originario de Moncada, es la que más unidades exhibe. Y menos cinco o seis, «que son de Alemania, Inglaterra y Francia, el resto son de España». Entre las nuevas adquisiciones, se encuentra una Simó del año 1928, la más antigua que conservan Vicente Santiago y su hijo Raúl, dos aficionados de la Sala Santy que comparten una pasión incontenible por las dos ruedas.
La colección, iniciada en 1976, ha crecido gracias a su hijo Raúl, quien ha mantenido la dedicación y la constancia empleada durante largas décadas por su padre para preservar estas joyas motorizadas. La colección se puede ver de manera gratuita en la Sala Santy. A juzgar por los antecedentes, el salón albergará una gran afluencia de público interesado en las motocicletas valencianas.

Algunos de los modelos exhibidos en la Sala Santy de Riola / Levante-EMV
La exposición, que comenzó a gestarse el año 2004, incluye modelos de todo tipo, desde motos de carretera hasta ciclomotores y velomotores o bicicletas motorizadas, que son el origen de las motos actuales. «Nuestro objetivo es conservar todas las motocicletas valencianas que se montaron durante mediados del pasado siglo», proclama Raúl. «Creemos que las motos antiguas que se diseñaron y fabricaron aquí deben permanecer aquí y conservarse como es debido, al menos un modelo, para mantener bien viva la memoria».
Entre las marcas valencianas presentes en la colección se encuentran las BJR, Inesmo, Villof, Silco, ARC, Gallur y Baesal. Todas las motos funcionan tras ser sometidas a un delicado proceso de restauración por parte de Vicente y Raúl, que en algunas ocasiones han llegado a fabricar las piezas que necesitaban, como el caso de una Neew Imperial inglesa de 500cc del año 1936. Todas las motos se pueden utilizar a diario, aunque la comodidad no es comparable con las motos modernas.
Pocas unidades fabricadas
A pesar de que la producción de motos era elevada en la provincia, se conservan pocas debido a que su fabricación era sencilla y muchos talleres producían sus modelos en pequeñas cantidades. Es el caso de los Talleres Esplugues de Algemesí, que inicialmente fabricó un primer motor auxiliar que acoplaba a las bicicletas. Años más tarde, junto con la marca Baesal, diseñó un velomotor y del mismo taller salió la marca de motos BJR, que según señala Santiago, «eran las iniciales de los hijos».
La colección se ha nutrido de diversas maneras: algunas fueron compradas, otras heredadas y algunas más regaladas. Este año, la exposición contará con la visita especial de un aficionado holandés. Se realiza cada dos años debido al gran esfuerzo que supone montar y trasladar las motos desde el almacén hasta la sala de exhibición.
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