La plaga de palomas «acosa» a los clientes de céntricas terrazas de Alzira
Las aves se precipitan sobre las mesas en busca de cacahuetes y comida, incluso cuando no ha acabado la consumición, y rompen a diario vasos, copas y botellas

Levante-EMV
La abundante población de palomas en el casco urbano de Alzira se ha convertido en un quebradero de cabeza para los propietarios de locales con terrazas y para los clientes que se sientan en ellas. Las aves, que actúan en bandadas, llegan a romper entre tres y cinco vasos al día con sus incursiones (o, como algunos clientes detallan, «ataques») a las mesas y sillas de uno de los bares afectados.
Àngel Bartolomé, propietario de uno de estos establecimientos, calcula las pérdidas que la proliferación de estos animales supone para su negocio, ubicado en la avenida Sants Patrons: «Es un problema sanitario. Vienen en bandadas y cada día me rompen entre tres y cinco copas, vasos o botellines. Se lanzan con fuerza a los restos de comida, incluso cuando la gente no ha acabado de comérsela. Empezaron por los cacahuetes, pero ahora le tiran a casi cualquier resto. Esto supone una gran pérdida para nosotros, ya no solo por los vasos que tenemos que reponer, sino porque hay clientes que no quieren sentarse aquí porque se sienten incómodos».
Además de las pérdidas por los vasos que se rompen y la clientela espantada, Samanta, la encargada del local, relata cómo algún cliente le ha llegado a pedir la hoja de reclamaciones por la presencia de palomas. «No podemos ni siquiera cobrarles la comida porque las palomas se posan sobre ella, y eso también son pérdidas». Samanta recuerda un incidente particular en el que un cliente, tras ensuciarse el traje con excrementos de paloma, solicitó el pago de la factura de la tintorería: «Este tipo de quejas nunca se han llegado a formalizar porque al final no es culpa nuestra, todos los locales de Alzira estamos igual, pero nosotros queremos que los clientes estén lo más cómodos posible y así no se puede».
Y es que el impacto de las palomas no se limita solo a la ruptura de copas y vasos, sino que también deja un rastro de suciedad: «La cristalería se pone perdida y las sombrillas están todas podridas. Hay quien pone rejillas en las ventanas, pero son instalaciones que dependen del edificio», explica Bartolomé a este diario. «Vienen bandadas de entre seis y ocho palomas, estamos ante un problema de sanidad porque es un animal que transmite enfermedades», agrega la encargada.
Un esfuerzo extra para el personal
Todo esto, además, implica un trabajo extra para el personal de estos locales: «Esto al final es trabajo extra para las camareras, ya que tienen que limpiar constantemente los excrementos y barrer los trozos de cristales que caen al suelo cuando las palomas rompen los vasos, porque dejar los cristales ahí sería un peligro», expone Samanta. «En resumen, es trabajo extra para todos porque tenemos que estar muy pendientes de que no cojan la comida, que no se suban a las mesas, barrer los cristales, limpiar los excrementos y atender a los clientes», puntualiza.
Las palomas, a pesar de ser parte del entorno urbano, se han convertido en una plaga que amenaza la tranquilidad y el buen funcionamiento de las terrazas. El problema se agrava en los días soleados, cuando la gente sale más al aire libre. «Hay quien les da de comer, y eso propicia que acudan más», critica la encargada.
La situación parece ser generalizada en el casco urbano. Si bien el ayuntamiento llegó a implantar inhibidores de conducta para espantar a estas aves e instaló redes en entornos vulnerables como el centro de salud, la necesidad de medidas efectivas para controlar esta plaga se hace cada vez más urgente, mientras los dueños de locales esperan que la administración local «tome cartas en el asunto».
«Es un problema municipal porque otros compañeros hosteleros están en la misma situación que nosotros. Se lo hemos comunicado al ayuntamiento en diversas ocasiones y han tomado alguna medida, pero ninguna efectiva. En las temporadas de terraza todo empeora. Nosotros no podemos tomar muchas medidas, porque no podemos hacerles nada a las palomas», comenta Bartolomé.
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