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La lentitud del Consorcio enfada a los negocios: «He rehabilitado la óptica con mis ahorros y la venta de algunos bienes»

El propietario de un local de Algemesí denuncia la lentitud de los cobros 200 días después de la dana

Fernando Meseguer muestra algunas máquinas de su óptica en Algemesí.

Fernando Meseguer muestra algunas máquinas de su óptica en Algemesí. / Agustí Perales Iborra

Saray Fajardo

Saray Fajardo

Alzira

Las paredes. Eso es lo único que quedó de la óptica de Fernando Messeguer tras el desbordamiento del río Magro en Algemesí. Cinco meses ha tardado este propietario en rehabilitar su negocio para poder volver a levantar la persiana y, así, reencontrarse con sus clientes. Messeguer ha tenido que hacerse cargo de las reparaciones de todos los daños ocasionados, que valora en más de 170.000 euros, ya que el Consorcio de Compensación de Seguros, como él mismo asegura, todavía no le ha indemnizado más de 200 días después de la riada

«La semana pasada se puso en contacto el perito para completar unos documentos que faltaban. Nos han dado un anticipo, pero no cubre todo el dinero invertido hasta el momento. Tampoco sé la cantidad que voy a cobrar en total, por lo que voy un poco a ciegas», explica el afectado, que ha conseguido recuperar la actividad en el local tras un trabajo titánico y, sobre todo, un gran esfuerzo económico. «He tenido que levantar la óptica de nuevo. Todo el coste ha salido de mi bolsillo», explica. Durante esos cinco meses, además, no sólo ha trabajado para recuperar el local, sino que también ha prestado servicio a sus clientes. «Con una silla de playa, intentaba prestar un mínimo servicio para no parar por completo la actividad», recuerda. 

El afectado denuncia la lentitud a la hora de cobrar el dinero por parte del consorcio. «Yo no quiero que me den ninguna ayuda, sólo reclamo la parte que me corresponde del seguro. Nosotros pagamos cada mes lo que corresponde y ahora les toca ponerse las pilas y actuar», reitera. 

Messeguer abrió este comercio hace treinta años. Le quedan otros nueve para poder jubilarse. Sin embargo, los próximos años, como él mismo reconoce, «serán complicados». El propietario se ha planteado en varias ocasiones si «era viable» reabrir el negocio. No sólo ha tenido que volver a comprar el mobiliario, sino también los productos y la maquinaria necesaria para poder volver a realizar su trabajo, ya que el algua y el lodo alcanzaron casi 1,20 metros de altura, por lo que, en sus palabras, «se perdió todo». 

Junto a este propietario trabajan otras dos personas más en el local. «Estuvimos seis meses en ERTE. Ellos también iban justos de dinero y temían que no pudiéramos volver a abrir», reconoce. Para poder seguir adelante, el afectado no sólo ha tenido que invertir el dinero que tenía ahorrado, sino también vender algunas propiedades para poder hacer frente. «Sabía que la reconstrucción iba a ser un proceso largo, pero no sabía que iba a costar tanto», lamenta. A pesar de ello, Messeguer tenía claro que «la dana no iba a acabar conmigo».

«Decepción»

Ahora le toca volver a resurgir. O, al menos, recuperar todo lo invertido durante estos meses. «He calculado que recuperaré todo el dinero cuando me jubile. No tendré ahorros. Pensaba que, tras treinta años, ya lo tenía todo solucionado y que llegaba el momento de disfrutar, pero vino la dana», indica. Añade que «la única meta durante estos nueve años es recuperar la inversión». 

Messeguer recuerda en varias ocasiones el gran esfuerzo que supone para los autónomos y empresarios luchar día a día para levantar su negocio. Por ello, denuncia la falta de agilidad entre las instituciones. «Nunca me he sentido tan decepcionado. Nadie ha sido ágil tomando decisiones. No lo fueron durante la catástrofe y tampoco lo son ahora», denuncia. Por ello, solicita que «en vez de pasarse el día buscando culpables, nos den soluciones porque parece que las tengamos que encontrar nosotros».

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