Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

La inundación de los arrozales inicia el ritual ancestral de la siembra en la Ribera Baixa

El primer llenado aporta humedad a la tierra para preparar el terreno para una nueva campaña

Campos de arroz inundados en la Ribera Baixa con la Serra de Corbera al fondo.

Campos de arroz inundados en la Ribera Baixa con la Serra de Corbera al fondo. / Levante-EMV

Joan Gimeno

Joan Gimeno

Sueca

Los arrozales de la Ribera Baixa comienzan a cubrirse de agua en una imagen que, cada primavera, transforma el paisaje de la comarca en un espejo líquido que refleja el cielo mediterráneo. Es el inicio del ciclo vital del arroz, un cultivo profundamente enraizado en la tradición y la economía de estos pueblos. Esta inundación de los campos es mucho más que una simple acción agrícola: es el pistoletazo de salida de un proceso minucioso, artesanal y técnico, que culminará con la cosecha de uno de los arroces más valorados de España.

Durante semanas, los agricultores han venido trabajando la tierra con dedicación. Tras la siega del año anterior y el obligado barbecho, llega el momento de preparar el terreno para una nueva campaña. El primer paso visible es el llenado de los campos, una operación delicada que se realiza abriendo las compuertas de acequias y canalizaciones que nutren la marjal con agua procedente del Xúquer y del entramado de “ullals” y acuíferos naturales de la zona.

El objetivo de este primer llenado es claro: aportar humedad a la tierra, ablandar la capa superficial del terreno y activar la vida microbiana esencial para la fertilidad. El agua se mantiene en los campos durante varios días hasta que la tierra absorbe la humedad suficiente. Después, los arrozales se vacían parcialmente para facilitar las labores de nivelación, eliminación de malas hierbas y preparación definitiva para la siembra.

Previsiones hídricas optimistas

A diferencia de otras campañas en las que la incertidumbre sobre la disponibilidad de agua ha marcado el inicio del ciclo del arroz, este 2025 se presenta con unas previsiones hídricas favorables. Los embalses de la cuenca del Xúquer se encuentran en niveles óptimos tras un invierno y primavera con registros de lluvias por encima de la media. Esta situación garantiza, al menos de momento, el abastecimiento necesario para completar sin sobresaltos las fases de llenado, siembra, cultivo y maduración.

Ya lo afirmaba así en el tradicional acto de la suelta de aguas el presidente de la Comunidad de Regantes de Sueca, José Fortea: "Con las lluvias que hemos tenido los pantanos tienen agua suficiente como para afrontar la temporada sin restricciones, pero para ello hay que saber gestionar la misma de la forma adecuada, no solamente desde las instituciones sino por los propios arroceros".

La primera inundación aporta humedad a la tierra para iniciar el ciclo de la siembra.

La primera inundación aporta humedad a la tierra para iniciar el ciclo de la siembra. / Levante-EMV

Las comunidades de regantes de la Ribera Baixa como la de Sueca, la del Mareny o la de Cullera, han mostrado moderadamente optimistas y satisfechas por la coordinación con la Confederación Hidrográfica del Júcar. “Estamos en una situación que nos permite afrontar la campaña con seguridad hídrica, algo que en los últimos años no siempre ha sido posible. Es una noticia excelente para el campo y para toda la comarca”, señalan desde las organizaciones agrarias.

"La gestión eficiente del agua, tanto en el reparto como en el uso, sigue siendo una prioridad. Aun con buenas reservas, se insiste en la importancia de optimizar los turnos de riego, revisar las infraestructuras de acequias y canales, y aplicar técnicas de cultivo más sostenibles para reducir pérdidas por evaporación y filtraciones innecesarias", señalan desde la Comunidad de Regantes.

Una tradición milenaria con técnicas modernas

Aunque la siembra tradicional se realizaba a voleo —lanzando la semilla manualmente sobre el agua—, en la actualidad muchos agricultores de la Ribera Baixa optan por la siembra mecanizada, que permite una mayor precisión, ahorro de semilla y una germinación más uniforme. Aun así, muchas explotaciones siguen apostando por técnicas tradicionales, conscientes del valor cultural y ecológico que aportan al paisaje y al producto final.

El proceso de siembra suele iniciarse entre finales de mayo y principios de junio, dependiendo de las condiciones meteorológicas y de la planificación de cada comunidad de regantes. Tras la siembra, los campos volverán a inundarse y se mantendrán cubiertos de agua durante buena parte del verano, ofreciendo una estampa característica: un mar interior salpicado de garzas, patos, cigüeñuelas y otras aves acuáticas que encuentran en este entorno un ecosistema privilegiado.

Un producto con identidad propia

El arroz de la Ribera Baixa —especialmente el que se cultiva en campos de Sueca, Cullera, Sollana, Albalat o Polinyà— es reconocido por su calidad, textura y capacidad de absorción de sabores, lo que lo convierte en ingrediente insustituible de platos tan emblemáticos como la paella valenciana. El trabajo de los agricultores, sumado a las condiciones únicas del suelo aluvial, el clima y el sistema de riego tradicional, da lugar a un producto con Denominación de Origen Protegida.

Con cada inundación de los campos renace no solo el arroz, sino también la esperanza de una buena campaña. Las cooperativas, las comunidades de regantes y las asociaciones de agricultores trabajan codo con codo para optimizar recursos hídricos, aplicar prácticas sostenibles y garantizar un rendimiento que compense el esfuerzo invertido.

En un mundo cada vez más desconectado de los ritmos naturales, el inicio de la campaña arrocera en la Ribera Baixa recuerda que la tierra sigue dictando su propio calendario. Agua, sol, paciencia y trabajo: los elementos esenciales de un proceso que se repite año tras año y que constituye una de las expresiones más puras de la identidad agrícola valenciana.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents