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Los arqueólogos refuerzan la tesis de que la Sucro íbera se ubicaba en Albalat de la Ribera

Un fragmento cerámico con la representación de la cabeza de un ave, que los expertos datan entre los siglos III y II a. C., subraya la importancia del asentamiento como centro de intercambio estratégico

Una de las parcelas excavadas por los arqueólogos.

Una de las parcelas excavadas por los arqueólogos. / Levante-EMV

Joan Gimeno

Joan Gimeno

Albalat de la Ribera

El municipio de Albalat de la Ribera vuelve a situarse en el mapa de la arqueología valenciana gracias a los últimos estudios del Grupo de Trabajo Xúquer-Cabriol, que desde hace años desarrolla una minuciosa labor de investigación sobre la presencia íbera y romana en la zona. El análisis de los hallazgos en la última campaña de excavaciones ha aportado pruebas cada vez más consistentes que apuntan a que este enclave ribereño podría haber sido el solar de la antigua Sucro, un lugar mencionado en las fuentes clásicas y que tuvo un papel determinante en la historia peninsular.

Pieza de cerámica con la cabeza de un ave.

Pieza de cerámica con la cabeza de un ave. / Levante-EMV

La hipótesis de localizar la legendaria Sucro en Albalat de la Ribera no es nueva, pero en los últimos años ha ganado fuerza gracias a la acumulación de evidencias arqueológicas. Las excavaciones desarrolladas en el casco urbano y en su entorno inmediato han permitido confirmar la ocupación continuada del territorio desde la Edad del Bronce, con especial intensidad entre la Edad del Hierro y el periodo romano, coincidiendo con las grandes transformaciones sociales y militares que vivió la península Ibérica.

Uno de los escenarios clave ha sido el conocido como huerto de la casa de Pepe Puchades, una parcela de titularidad municipal donde los trabajos arqueológicos han sacado a la luz materiales que permiten reconstruir la vida cotidiana y las redes comerciales que articularon este asentamiento. Entre los restos hallados destaca especialmente un fragmento cerámico de gran valor simbólico, en el que se conserva la representación pintada de la cabeza de un ave. Este pequeño vestigio se convierte en una pieza excepcional dentro del repertorio cerámico ibérico hallado hasta la fecha en la zona.

Dibujo de la cabeza de pájaro que aparece en la pieza de cerámica íbera localizada en la última excavación.

Dibujo de la cabeza de pájaro que aparece en la pieza de cerámica íbera localizada en la última excavación. / Levante-EMV

Una cerámica singular vinculada a las élites

El fragmento forma parte de un conjunto muy específico de cerámicas ibéricas decoradas con motivos figurativos, un tipo de vajilla de prestigio cuya distribución está documentada entre los siglos III y II a. C., y que, en ocasiones, perduró hasta el siglo I a. C. por su alto valor simbólico. Estas piezas, lejos de ser simples objetos utilitarios, constituían verdaderos soportes de transmisión cultural y estaban vinculadas a las élites locales, que probablemente las utilizaban para reforzar su posición social y su conexión con las modas y estilos del Mediterráneo.

El descubrimiento de este tipo de cerámica en Albalat de la Ribera refuerza la importancia del asentamiento, no solo como núcleo poblacional sino como centro de intercambio estratégico. La ubicación del yacimiento en l’Alteret de la Vint-i-Huitena, sobre un promontorio que controla los meandros del río Xúquer, resulta clave para entender la centralidad de este espacio en las redes comerciales y militares de la época. Desde aquí se dominaban tanto los pasos fluviales como las vías terrestres que conectaban el litoral con el interior, entre ellas la antigua Vía Heraklea, posteriormente Vía Augusta.

A través del cercano Portus Sucronensis, el puerto fluvial del Xúquer, las élites de Sucro pudieron acceder a productos exóticos, materias primas y objetos de lujo procedentes de otros puntos del Mediterráneo. Desde este núcleo, los influjos comerciales y culturales se irradiaron hacia la Meseta (Requena) y las principales ciudades ibéricas de la comarca, como Saitabi (la actual Xàtiva) o el oppidum de Cerro Lucena (Enguera).

Un enclave con peso en las Guerras Sertorianas

Además del peso comercial y cultural, los vestigios hallados en Albalat de la Ribera permiten relacionar este enclave con uno de los episodios bélicos más destacados de la historia republicana romana: las Guerras Sertorianas. Las fuentes clásicas, especialmente Plutarco, relatan la existencia de un importante campamento en Sucro que llegó a albergar hasta 8.000 hombres y fue escenario de la decisiva batalla de Sucro en el año 75 a. C., donde las tropas de Pompeyo y Sertorio se enfrentaron en un cruento combate. Según las crónicas, un guerrero íbero hirió gravemente a Pompeyo, que salvó la vida gracias a la intervención de su aliado Metelo.

Los restos localizados hasta el momento, tanto los estructurales como los cerámicos, encajan plenamente con este contexto histórico y militar, lo que abre nuevas líneas de investigación para confirmar la vinculación de Albalat con estos acontecimientos que marcaron el devenir de Hispania y Roma.

Un patrimonio por descubrir

El trabajo conjunto del Grupo de Trabajo Xúquer-Cabriol y el Ayuntamiento de Albalat de la Ribera ha permitido dar visibilidad a un patrimonio que aún está emergiendo. La cerámica ibérica hallada no solo aporta datos sobre la vida cotidiana de sus antiguos pobladores, sino que también nos acerca a su imaginario simbólico, donde la representación de animales, elementos vegetales y figuras humanas formaban parte de un complejo universo de creencias y costumbres que se empiezan a descifrar con más detalle.

Los investigadores insisten en la necesidad de seguir trabajando para consolidar este enclave como pieza fundamental en la historia. La cerámica decorada, los restos de ocupación continuada y la privilegiada ubicación geográfica convierten a Albalat de la Ribera en una referencia imprescindible para entender la cultura ibérica y los grandes episodios de la historia antigua que tuvieron lugar junto al Xúquer.

La historia de Sucro, desde sus orígenes hasta su desaparición en el fragor de las guerras, empieza a reconstruirse pieza a pieza desde la tierra de Albalat.

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