La alteración del cauce del Magro por la dana genera un nuevo hábitat para la tortuga autóctona
La campaña de control de Agró detecta una disminución del galápago invasor mientras que la población del ibérico se mantiene gracias a una zona de agua estancada en una antigua cantera

Agró realiza una campaña anual de seguimiento de la población de tortuga ibérica. / Levante-EMV
Josep Cortés
La modificación sufrida por el cauce del Magro como consecuencia de la extraordinaria crecida que experimentó el río durante la dana del 29 de octubre ha dejado, junto a los múltiples daños que ocasionó la riada, una buena noticia. El río ha llenado la parte más profunda de una antigua cantera a la altura de Alfarb, donde se ha creado un hábitat idóneo para la reproducción de la tortuga autóctona o ibérica.
Esta es la principal conclusión de la campaña anual de seguimiento de la población de tortuga ibérica (Mauremys leprosa) en el río Magro a su paso por el Marquesat que, realizada desde mediados de junio hasta el 6 de julio, ha permitido censar 15 ejemplares de la tortuga autóctona y solo tres del galápago de Florida (Trahemys scripta), una especie invasora muy extendida que compite con la ibérica por las zonas de soleamiento y la comida, según los datos obtenidos por el proyecto Emys que impulsa Acció Ecologista Agró con la colaboración del Grup d’Acció Medioambiental del Marquesat (GAMM), el Grup Aventurer de Carlet y el voluntariado ambiental de Llombai.

Agró realiza una campaña anual de seguimiento de la población de tortuga ibérica. / Levante-EMV
Menos invasoras
La cifra supone un descenso respecto de años anteriores, ya que en 2023 se capturaron 36 tortugas autóctonas y 17 invasoras, mientras que en 2024 los voluntarios censaron 20 de cada especie, pero con un dato alentador: la presencia de la especie invasora ha caído notablemente. En cambio, la tortuga autóctona se mantiene relativamente estable pese al fuerte impacto ambiental que ha sufrido el cauce tras la dana, que arrasó dos de las tres zonas habituales de muestreo.
El presidente del GAMM, César Barberà, explica que «la buena noticia es que las tortugas han encontrado un nuevo asentamiento en una zona donde el agua se mantiene estancada», conocida popularmente como «el clot». El asentamiento se ha convertido en el único punto del río en el que se han podido colocar las trampas específicas para capturar tortugas (nasas), reduciendo la cobertura del estudio. «Este año solo hemos colocado cinco trampas. Antes eran más de nueve», apunta Barberà.
La dana ha dejado una huella en el río Magro muy profunda y es la alteración de amplios tramos del cauce. Tras la riada el caudal se ha desplazado a la derecha, siguiendo una línea recta desde Alfarb hasta el azud de Carlet, dejando todos los sedimentos y arrastres en el antiguo trazado del cauce donde se situaba un azud más pequeño. Como consecuencia ha arrasado los campos y terrenos que había en la zona.
Cambios en el río
El azud viejo, uno de los enclaves más biodiversos del tramo medio del Magro, ha dejado de retener agua como lo hacía antaño. Ahora, solo acumula agua estancada. «Con el paso de los años el agua que está aquí desaparecerá», advierte Barberà, quien vincula la disminución de especies invasoras precisamente a estos cambios en la estructura del río, que han alterado los patrones habituales de distribución.

Agró realiza una campaña anual de seguimiento de la población de tortuga ibérica. / Levante-EMV
La coordinadora del proyecto, Sheila Carnero, también destaca el valor del nuevo enclave ya que «desde que está este nuevo asentamiento nos hemos dado cuenta de que es una zona que favorece a las tortugas, por el estancamiento del agua», señala. La especie autóctona, explica, tiende a evitar a la invasora y a establecerse en zonas más estables. «La tortuga exótica sigue más fácilmente el cauce hasta la Albufera; en cambio, la ibérica busca quedarse donde encuentra condiciones favorables», detalla.
Aun así, la situación general del río preocupa. Dos de los tres tramos de estudio habituales han quedado inutilizados. La presión sobre el último espacio operativo es cada vez mayor y el número de voluntarios resulta insuficiente para cubrir las necesidades del seguimiento. «El trabajo que hacemos en dos horas se podría acabar en treinta minutos si tuviéramos más manos», lamenta Carnero.
Agró y GAMM defienden que este tipo de campañas van más allá del censo de tortugas. Permiten identificar zonas vulnerables, detectar amenazas y evaluar la salud del ecosistema fluvial. El balance de 2025 deja una imagen doble: por un lado, la autóctona resiste, con presencia reducida pero consolidada; por otro, el hábitat se reduce y la capacidad de intervención queda mermada por la erosión del terreno y la falta de recursos humanos.
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