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«Las imágenes de destrucción que dejó el tornado en Alginet son difíciles de olvidar»

La localidad se recompone todavía de los daños de la dana, aunque en su caso fue el paso de un ciclón por el casco urbano lo que ocasionó mayores desperfectos

Daños que dejó la dana en la piscina municipal de Alginet, en una imagen de archivo.

Daños que dejó la dana en la piscina municipal de Alginet, en una imagen de archivo. / Agustín Perales

Rubén Sebastián

Rubén Sebastián

Alzira

No solo fue el agua la que devastó el territorio valenciano. El pasado 29 de octubre de 2024 sigue todavía muy presente en la memoria colectiva por las históricas y trágicas repercusiones de la dana. La climatología «demostró que tiene un poder de destrucción contra el que es muy difícil defenderse». Son las palabras de Elia Ferrer, alcaldesa de Alginet, municipio que sufrió el paso de un tornado por su casco urbano. Las imágenes que dejó aquella jornada son difíciles de borrar.

Además de lluvia, el granizo y el viento ocasionaron cuantiosos daños en la Ribera. Este último elemento se convirtió en hasta una decena de ciclones de diferente intensidad que se formaron en localidades como Alginet, Carlet, Benifaió, Llombai, Catadau o Turís, aunque muchos de ellos afectaron a zonas rurales.

«Cuando pienso en esos días, creo que, sin tener siquiera un cecopal, actuamos bien porque nos creíamos lo que podía venir, nuestro servicio meteorológico nos decía que podría ser el peor episodio en, al menos, veinte años», expone Ferrer, que añade: «El domingo ya llovía y era inevitable sentir el miedo que provoca el agua en los pueblos que hemos sufrido sus consecuencias».

«Ni de broma»

Sin embargo, las precipitaciones no tuvieron (toda) la culpa. «Durante las primeras horas del día 29 ni llovió. Se repartieron previamente las vallas en los puntos que sabemos que suelen ser conflictivos, pero al ver las primeras imágenes de pueblos como Catadau pensamos que nos habíamos librado. Pero a las tres y vente vino lo peor, porque ni siquiera sabíamos que algo así podía pasar. La lluvia la esperas, pero ¿tornados? Ni de broma», reflexiona la alcaldesa.

Entre Catadau, Carlet, Benifaió y Alginet se formaron siete, de diferente intensidad y duración, en un plazo de tres horas y media. Uno de ellos, de intensidad EF2, se mantuvo activo durante veinticinco minutos, durante los cuales recorrió 5,3 kilómetros y atravesó de sur a norte el casco urbano de Alginet. A su pasó dejó daños considerables, como los registrados en el polideportivo municipal o el colegio Vicente Blasco Ibáñez, entre otros edificios públicos y privados.

Sin embargo, sucedió de forma repentina e inesperada. Los vecinos estaban pendientes del cielo por si las precipitaciones arreciaban. «Estaba en casa con mis padres aquel día. En aquel momento estaba en la galería, grababa en vídeo cómo llovía. En cuestión de veinte o treinta segundos empezó a soplar un aire muy fuerte. Avisé a mis padres y nos pusimos a recoger la ropa tendida para que no se la llevara el viento, pero sí que arrancó un separador de plástico», rememora Lluís López.

Aunque este joven y su familia se libraron de los daños más importantes, todavía recuerda la angustia que generó el caos que se desató al fallar las comunicaciones: «La cobertura iba y venía y cuando regresaba recibías fotos o vídeos de destrucción, que si derrumbes en un supermercado o en el pabellón deportivo, que si un muro caído. Aquellas imágenes son difíciles de olvidar. Intentábamos contactar con mis abuelas y no había forma, encontrarnos incomunicados y no saber cómo podían estar nuestras familias fue lo más duro», sentencia.

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