Los coches representan la mitad de los desplazamientos por Alzira y la bicicleta solo el 8%
Los trayectos a pie representan el 29% de la movilidad por la ciudad
Expertos europeos abogan por invertir las cifras y convertir el vehículo privado en la última opción para lograr un municipio más atractivo y seguro

El acceso al hospital concentra un gran número de vehículos cada día. / Perales Iborra

El vehículo privado representa, aproximadamente, el 50% de los desplazamientos que se realizan a diario en Alzira. Una cifra que se busca revertir para que los trayectos a pie (29%) o en bicicleta (8%) sean los mayoritarios, como sucede en cada vez más ciudades europeas.
El dato, extraído del Pla de Mobilitat Urbana Sostenible, ha sido uno de los puntos abordados durante las jornadas del programa Interreg Europe, que ha llevado a la capital de la Ribera Alta a expertos de países como Bélgica, Hungría, Rumanía o Polonia para abordar cómo el ayuntamiento puede profundizar en el proceso de transición hacia una ciudad en la que los coches pierdan protagonismo y lo ganen los peatones.
Según las cifras que maneja el propio plan, que no es definitivo para poder incorporar algunas de las sugerencias planteadas en las jornadas, la movilidad de la ciudad se reparte de la siguiente forma: el vehículo privado es la opción principal, con un 50% de los desplazamientos. Aquellos que se realizan a pie suponen el 29%, mientras que el transporte público y la bicicleta ni siquiera llegan al 10%. Sin embargo, el objetivo final es el de invertir la jerarquía de la movilidad para que el coche sea el último recurso, por detrás del transporte público, los desplazamientos en bicicleta y la movilidad pedestre.
Recuperar la ciudad
Los técnicos internacionales, tras conocer el plan y visitar la ciudad, llegaron a la conclusión de que Alzira tiene muchas posibilidades para profundizar en la transición hacia un modelo urbano más amable y en el que los coches, sin desaparecer por completo, pierdan el protagonismo que todavía poseen. «El vehículo no está mal recibido, pero no todo el territorio debe ser suyo. No queremos sacar el coche de Alzira, pero no puede ser su amo. Lo es un poco menos, pero todavía lo es. Hay que recuperar la ciudad para el peatón», comentaba al respecto el alcalde, Alfons Domínguez.
Uno de los aspectos que destacaron fue que la orografía de la ciudad, mayormente plana, y el buen clima que impera en gran parte del año son dos factores que deben invitar a desprenderse de los vehículos y hacer un mayor uso de la bicicleta o, directamente, realizar desplazamientos a pie. A ello se suma, precisamente, el hecho de que el casco urbano, pese a dar cabida a casi cincuenta mil personas, es compacto y las distancias son más bien cortas.

Avenida Sants Patrons, vista desde la rotonda de la Menina. / Agustín Perales
Igualmente, se abordó la necesidad de mejorar el transporte público, tanto a nivel municipal como comarcal, con una mayor frecuencia y una mejor cobertura del territorio. Además, se planteó la posibilidad de habilitar un servicio a demanda que cubra las necesidades del hospital y de las zonas industriales, dos de los grandes receptores de vehículos privados. Otra propuesta que se lanzó fue la de aprovechar más los aparcamientos privados, como los de los supermercados, para que, a través de convenios, puedan ser utilizados por residentes.
Mayor seguridad
Sin embargo, para reducir el número de vehículos que circulan por la ciudad se necesitan mejores infraestructuras y más seguras. Se incidió, de hecho, en que sin esa sensación de seguridad, los vecinos no se lanzarán a utilizar formas de movilidad alternativas. Aunque, se hizo hincapié en que no se requieren grandes inversiones y se apostó por realizar un urbanismo táctico: promover el cambio a través de pequeñas actuaciones estratégicas.
Aunque la conclusión más clara que aportaron los expertos es que, en aquellas ciudades de un tamaño similar al de Alzira, las apuestas por crear zonas sin vehículos han repercutido en una vida más agradable de sus vecinos y han supuesto un impacto positivo en la economía local. De hecho, ejemplificaban que, una vez aplicados los cambios, sucedía igual que cuando se prohibió fumar en los restaurantes: ya nadie quería volver a lo que había antes.
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