Citricultores de Carcaixent crean una marca de calidad ecológica para frenar el abandono de tierras
Una docena de agricultores se une bajo el sello «El Bressol Bio» para hacerse un hueco en el mercado a través de vender productos sin químicos que reivindican la cultura y el patrimonio citrícola de la comarca

Un momento de la presentación de la marca de calidad "El Bressol Bio". / Levante-EMV

Carcaixent ha alumbrado una nueva marca de calidad de cítricos: ‘El Bressol Bio’. Un distintivo creado por una docena de productores ecológicos que busca revertir la situación de un sector agrícola devaluado a partir de la reivindicación de la labor artesanal de quienes, durante décadas, han moldeado el paisaje de la comarca y de unos precios que eviten la tendencia creciente de abandono de campos.
La asociación Citricultors Ecològics de Minifundi Històric, creada en el año 2018, trabaja desde hace años en la creación de esta marca privada, que cuenta con los certificados de calidad del Consejo de Agricultura Ecológica de la Comunidad Valenciana (CAECV). «Nacemos desde la necesidad de explicar nuestra naranja, de dónde viene, porque entendemos que tiene un valor añadido que envidiarían muchos productos agrícolas», expuso Juan José Prats, uno de los promotores de la iniciativa, presentada este viernes en la Estació Experimental Agrària de Carcaixent.

Una asistente al acto observa el folleto informativo. / Levante-EMV
En la actualidad, son once los socios que conforman el colectivo, aunque la puerta está abierta para otros productores ecológicos de la Ribera. «Queremos revertir la situación porque estamos en peligro. Los grandes comercios han debilitado a los agricultores, que nos hemos quedado fuera de juego. Han devaluado la historia y la personalidad de la naranja, nosotros queremos quitarle el anonimato, que la marca pertenezca al agricultor y defender unos precios que dignifiquen nuestro trabajo», explicó Prats.
Historia
Al respecto, reivindicó la figura del minifundio: «Es nuestra historia». «Es en la Ribera Alta donde se generó nuestro patrimonio histórico a través de pequeñas explotaciones. Desde finales del siglo XVIII, el trabajo agrícola ha diseñado nuestro paisaje y nuestra arquitectura, tanto de los huertos como la de las canalizaciones, y es una singularidad que parece que ya no juega en la ecuación a la hora de vender nuestro producto, por eso reivindicamos hacer las cosas como se hacían hace cincuenta años. Parece que dé igual si una naranja se produce de forma mecanizada o artesanal, pero nosotros no lo entendemos así», proclamó el agricultor de Carcaixent. Es más, es esa narrativa la que pretende revertir la tendencia de los últimos años, en los que no paran de lanzarse a perder hanegadas de cultivo. «Es normal que se abandonen campos, pues se le ha hecho creer al agricultor que lo que tenemos no vale absolutamente nada», aseveró a continuación.
El colectivo de productores ecológicos entiende que puede hacerse un hueco en un nicho de mercado más consciente y que reclama «productos de calidad, libres de químicos y de gran sabor y una mayor seguridad alimentaria». «Somos un grupo pequeño, con once socios, no vamos a trabajar grandes hectáreas, pero sí creemos que puede haber gente interesada en comprar productos que ayudan a conservar nuestro patrimonio, a preservar árboles centenarios, una manera de hacer las cosas y, en definitiva, un oficio de siempre», añadió.
Semana de actividades
La asociación está abierta a nuevas inscripciones y su creación guarda ciertas similitudes con otros movimientos registrados en el sector agrícola. Durante los últimos años, las cooperativas de muchos municipios han creado alianzas o se han fusionado para buscar rentabilidad siguiendo el mantra de que la unión hace la fuerza. Del mismo modo, los pequeños agricultores ecológicos de la comarca tratan de hacer frente a lo que es, «en definitiva, un problema de subsistencia».
En paralelo, Carcaixent acogerá a partir del próximo martes, 25 de noviembre, la tercera semana cultural de la naranja, con una programación que incluye ponencias que abordarán la perspectiva actual de la citricultura valenciana o el relevo generacional en el campo, entre otros temas. A partir de la tarde del 28, comenzará la Mostra de la Taronja, que incluye la exposición ‘Oficis de la terra’, la proyección de documentales, talleres infantiles, degustaciones y otras muchas actividades.
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