Opinión
Alzira olvida sus riadas: cuando la memoria desaparece, el agua vuelve
La necesidad de recuperar la memoria histórica de las riadas para afrontar los riesgos del cambio climático

Inundación del río Xúquer a su paso por la calle ronda de Algemesí de Alzira (1949). / Confederación Hidrográfica del Júcar
Javier González Climent
El riesgo de inundación en la ciudad de Alzira tiene una percepción limitada, sesgada por las vivencias y la edad, a pesar de que la ciudad presenta una de las mayores exposiciones hídricas de la Comunitat Valenciana y una larga historia de episodios desoladores. Las conversaciones del día a día, las más cotidianas, revelan una aparente infravaloración del peligro, sobre todo en aquellas personas que no vivieron ningún episodio o no fueron conscientes de la magnitud de la catástrofe. Las personas tienden a tener una distancia sentimental con los episodios pasados, la memoria es corta sino se recuerda.
Alzira y su relación histórica con el agua
Situada en plena llanura de inundación y atravesada por los ríos Xúquer, Magre y Verd-Ullal, así como por los barrancos de la Vila, Casella, l'Estret, Barxeta y Murta, desde época de su fundación, Alzira mantiene una compleja relación de beneficios y destrucción. El municipio no solo se protegió históricamente con murallas ante posibles invasiones, sino también ante las avenidas de agua del río, siendo reformadas y reconstruidas a lo largo de la historia para su función bélica y de protección hidrológica. Ya nos indica el origen del topónimo Al-Yazirat Suquar (‘’la Isla del Júcar’’) su ubicación en el medio físico respeto al río, siendo una pequeña isla aluvial, la cual perdió su antiguo cauce de forma gradual por la intervención humana y física.
Hay un gran desconocimiento por parte de la población de cómo funciona la cuenca hidrográfica que alimenta al Xúquer
Infraestructura y medidas de protección
Los registros históricos y la memoria gráfica muestran que Alzira ha sido víctima de inundaciones en época reciente. El municipio intentó defenderse con infraestructura dura, como diques -el Malecó, destruido por una gran riada en 1947, provocando la entrada de agua por este punto en el municipio-, desvío del Barxeta en 1960 y el relleno del brazo muerto del Xúquer en 1966-1967. Algunas de estas intervenciones pueden aumentar o disminuir el riesgo y la exposición en ciertas zonas. Sin embargo, su construcción puede provocar imprevistos o cambio en las dinámicas fluviales, por lo que el estudio de este tipo de intervenciones debe ser muy extenso e interdisciplinar, el encauzamiento de un barranco quizás no es la solución más inteligente sino la más rápida y desvinculada de la naturaleza.
La cuenca hidrográfica y su influencia en el riesgo
Las inundaciones del Xúquer no dependen únicamente de las precipitaciones en el término municipal. La cuenca alta y media es alimentada por ríos secundarios como el Cabriel, Albaida, Escalona, Sellent o Cànyoles, toda lluvia que caiga en la cuenca aguas arriba sino se infiltra deberá pasar por nuestro municipio hasta la llegada al mar. La construcción de embalses como Tous, Escalona o Bellús ha permitido laminar el caudal, reduciendo la peligrosidad, pero no eliminando el peligro. En algunos casos, puede suponer un riesgo en caso de colapso debido a la superación de ciertos umbrales calculados por el ser humano -infravalorando las cifras, priorizando el factor económico o no teniendo en cuenta ciertas dinámicas debido a desconocimiento, imposibilidad técnica en cierto momento o el factor del cambio climático- o bien por la falta de mantenimiento. Hay un gran desconocimiento por parte de la población de cómo funciona la cuenca hidrográfica que alimenta al Xúquer, con una gran extensión incluyendo subcuencas de pequeño tamaño, con dinámicas muy diferentes, debido a características de la geografía como puede ser: la pendiente, la rugosidad, la orientación, la cubierta vegetal, etc.

Desvío del Barranc de Barxeta y fijación de margen mediante mampostería (1960). / Confederación Hidrográfica del Júcar
Memoria histórica y toponimia
El recuerdo histórico popular refleja el riesgo en sus topónimos. Como puede ser el caso de les Basses, Venècia o el Camí Fondo -según el Patricova, catalogados como algunas de las zonas inundables-. Estos topónimos reflejan que estas áreas en el pasado eran depresiones naturales, donde se acumulaba el agua en episodios de lluvia intensa, protegiendo a nuestra ciudad al funcionar como ‘’esponjas naturales’. Su destrucción y ocupación por parte de construcciones puede suponer un aumento del peligro, pues esa agua que de forma natural llegaba a la zona seguirá llegando, incluso pudiendo suponer un peligro a las zonas que anteriormente no se inundaban, al reducir el espacio, por la construcción, puede subir la altura del agua en todo el territorio.
En el margen opuesto del río, partidas como Maranyent, Berca o Foia antiguamente estaban ubicadas en zonas de marjal, donde se cultivaba arroz y en menor medida de moreras. Con el tiempo se fue controlando el agua para el cultivo de los cítricos.
También en la toponimia nos reflejan pequeñas elevaciones, las cuales son refugio durante época de lluvias, siendo aquellos espacios ocupados por el ser humano, al estar cerca de los recursos y levemente más seguro de los riesgos. Es el caso del Toro, la Tora, el Tossal, el Pujol o la Cubella, lugares donde en época pasada contábamos con pequeños asentamientos que fueron desapareciendo progresivamente por inundaciones -especialmente por el río Xúquer, Verd-Ullal o el Barranco de Prada- o enfermedades relacionadas con cuerpos de agua, como la malaria y guerras.

Reparación del dique y pretil de cierre del meandro cortado (1947). / Confederación Hidrográfica del Júcar
Expansión urbana y riesgo contemporáneo
La ciudad se ha ido expandiendo en un primer momento por los espacio relativamente más seguros y estratégicos por la ubicación de los antiguos puentes que atravesaban el municipio, pues eran importantes al ser de los únicos puntos donde se podía atravesar el río Xúquer en la edad media, de ahí la célebre frase "Alzeyra, clau i forrellat de tot el Regne" (Alzira, llave y cerrojo de todo el Reino). Son el caso de los arrabales de Sant Agustí y Santa María, posteriormente la expansión fue hacía Sant Joan, la Malva o Albuixarres (su posible significado en árabe es un terreno levemente elevado). Sin embargo, durante las décadas de 1960 y 1970 hubo una rotura con estos ideales, el crecimiento urbano se desplazó a terrenos ocupados por zonas inundables, donde había una gran red acequias y barrancos, como el caso del barranco de l'Alquenència que fue soterrado en el barrio de la Sagrada Familia, debido a los reclamos de los vecinos por los olores que emanaban, debido a la contaminación. Debido a la gran migración de personas del interior peninsular -el éxodo rural- al levante mediterráneo principalmente, provocaría una gran presión y la necesidad de construcción de nuevas viviendas. Esto incremento la exposición de los habitantes del municipio.
Barrios como l'Alquerieta y Torrejó surgieron en gran parte tras episodios de inundaciones, las cuales devastaron barrios y vidas. Obligando a algunas familias a asentarse en zonas más elevadas, aún con cierta cercanía al núcleo principal, en muchos casos siendo de manera irregular, al ser personas de escasos recursos o que lo habían perdido todo en la riada.
Experiencia vecinal como patrimonio inmaterial
Las experiencias y el conocimiento de las personas que vivieron las históricas riadas del municipio como las de 1947, 1948, 1949, 1982 o 1987 constituye un patrimonio inmaterial de incalculable valor, incluso para expertos. Muchas calles conservan aún las cerámicas que marcan la altura alcanzada por el agua en 1982, patrimonio material que favorecen el conocimiento popular de las inundaciones.

Retablo cerámico a gran altura que señala el nivel que alcanzó el agua en la calle León Matoses Falcó en octubre de 1982. / Javier González Climent
Mirando al futuro: resiliencia urbana y cambio climático
La reciente dana del 29 de octubre de 2024 reabrió las cicatrices y el debate sobre la resiliencia urbana, aumentando la necesidad de integrar al conocimiento científico la memoria comunitaria. En el contexto que nos toca vivir hoy en día, el del cambio climático, los escenarios de lluvias torrenciales pueden ocurrir con una mayor frecuencia, añadiendo presión al sistema de alcantarillado urbano, ya sensible en episodios de menor intensidad.
La prevención de las inundaciones forma parte de la identidad de Alzira, al ser un fenómeno recurrente. Comprender el territorio no es solo un ejercicio académico, es una herramienta imprescindible para la planificación y la prevención correcta de los riesgos.
Solo se avanzará hacia una verdadera resiliencia climática, social y urbana en el municipio de Alzira si se logra reforzar la cultura del riesgo entre toda la población. Es imprescindible integrar el conocimiento técnico de los expertos con la extensa información de los vecinos que han vivido en sus propias carnes el suceso y las consecuencias de las riadas. Los vecinos son los que realmente habitan y viven en el territorio, formando parte de sus dinámicas y problemas, ellos son los que vivirán las consecuencias de una mala gestión, los primeros en dar la voz de alarma y reaccionar. Esta fusión de saberes no solo aumenta la comprensión del territorio, sino que genera una mirada crítica necesaria sobre la ocupación histórica del suelo inundable.

Javier González Climent. / Estudiante de Geografía en la Universitat de València.
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