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Sollana ya exhibe el cuadro restaurado de la Inmaculada del siglo XVIII

La iglesia del Raval acoge la imagen tras la donación de la familia Gomis, que la custodió las últimas décadas

Familiares de Amparo Gomis y autoridades locales, junto al cuadro restaurado.

Familiares de Amparo Gomis y autoridades locales, junto al cuadro restaurado. / Levante-EMV

Rubén Sebastián

Rubén Sebastián

Alzira

Este lunes supone un antes y un después en la recuperación del patrimonio de Sollana, con la formalización de la cesión y presentación al público de un cuadro de la Inmaculada Concepción del siglo XVIII que la familia Gomis ha donado a la población. Ya restaurado por expertos de la Universidad Politécnica de València, ha regresado a la iglesia del Raval, donde ya estuvo hace aproximadamente un siglo. Representantes de la familia Gomis y autoridades locales, además de numerosos vecinos y feligreses, no han querido perderse la oportunidad de disfrutar de la obra en todo su esplendor.

Se trata de una obra pictórica sobre la que pesan diversas incógnitas. Una de ellas es la autoría. Según detallaba Pau Córdoba, cronista oficial de Sollana, el cuadro ni siquiera está firmado. Aunque sí muestra un escudo de la orden de los franciscanos, por lo que se presume que fueron quienes lo financiaron. Sin embargo, se sabe que permaneció durante años en el convento de los Padres Mercedarios. «A principios de los años 1800, el convento se trasladó desde el Romaní hasta la ubicación que ahora conocemos, más cerca del casco urbano, porque había mucha humedad. Hubo también un cambio de orden y, posteriormente, pasó a formar parte de los bienes parroquiales. Por medio, pasó el proceso de desamortización, quizás alguna venta o donación, pero la procedencia exacta no la conocemos», apunta el historiador.

Década violenta

El último cambio de manos sabido, aunque tampoco existe documentación al respecto, llevó el cuadro hasta el hogar de Amparo Gomis Tortajada, que lo legó a sus cinco sobrinos, quienes han donado la obra al pueblo de Sollana. «Pero no sabemos mucho sobre los detalles. Es lógico pensar que se cediera o que lo compraran, aunque tampoco podemos descartar que lo rescatasen de los ataques que sufrieron, en los violentos años treinta. Se destrozaron el ayuntamiento, la iglesia y el archivo municipal, por ejemplo», exponía Córdoba.

Sea como fuere, la familia Gomis guardó en el comedor de su hogar durante años esta joya pictórica. Entre sus miembros, aunque tampoco se sabe aportar con certeza información sobre cómo llegó a sus manos, siempre se ha repetido una misma idea: conservarlo porque era de gran valor. Hasta la reciente intervención de los expertos universitarios, jamás había sido restaurada. Presentaba una pequeña hendidura en la zona central del cuadro, un aspecto ennegrecido por el paso del tiempo y signos de desgaste en los bordes.

Descripción

Aunque no está firmada y existen dudas sobre su procedencia exacta, también elementos que ayudan a fecharla, al menos de forma aproximada. «Todo hace indicar que la imagen es de la segunda mitad del siglo XVIII, aunque se pintó de la forma en la que se hacía en el siglo XVII. Sin embargo, la técnica, el modelo o los colores pastel nos dan a pensar que es de dicho periodo», explicaba Córdoba, que proseguía: «Además, se trata de una Inmaculada definitiva, que fusiona las dos versiones que se elaboraban con anterioridad. Tiene elementos de la pulcra, como el espejo, la ciudad de Dios o la vara floreada, aunque también de la apocalíptica, como la media luna en los pies o la serpiente con la manzana».

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